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9 min
A las mil
Reales |
16.08.13
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Sinopsis

Un intento por empezar a escribir cosas en las que el protagonista no sea yo.

Un domingo de mayo. La habitación en penumbra, casi oscura pero no del todo porque las dos primeras filas de rendijas de la persiana no están bien cerradas. Jode mucho dejarselas así porque parece que no pero por esos huequitos pequeños entra mogollón de luz. En la cama hay un muchacho, tumbado con el anverso de su brazo derecho apoyado en la frente. Y entonces se enciende la radio.

Uno de los mejores inventos de la historia es el radiodespertador, ahí ahí con la horchata, los leggins y el Ctrl+Z. Menudos sustos me metía el pipipí de la alrma de mi reloj cuando me pillaba en un sueño un poco profundo. Despertarse con Radio 3 es mucho más agradable. Aunque mejor aún es la inteligente de Android, que mucha gente no conoce: es una musiquilla muy relajante que empieza muy muy suave, acompañada del sonido de gotas de agua cayendo en un charco y trinos de pajarillos, y va subiendo muy sutilmente para que te despiertes tranquilo y sin sobresaltos, como debe ser. Pero solo la uso a veces porque hay que dejar el móvil encendido toda la noche y paso.

El chaval se da un cuarto de vuelta, acerca sus rodillas al pecho y así acurrucado pasan unos diez minutos. Al final se levanta, con la cabeza agachada y los ojos cerrados, luchando contra el sueño sin casi fuerzas, abre la puerta de su dormitorio y se dirige al baño. No entramos, solo necesitamos escuchar el sónido de la ducha, no hay nada que ver chicas.

¿Alguna vez os habeís quedado dormidos mientras os duchabais? yo sí, y el también, unas cuantas. Pero sale finalmente, se seca, se viste, se pone su reloj de pulsera y se peina un poco. Es tarde, ya desayunará en el bar.

Sale a la escalera y se dirige al ascensor. Lo llama y en ese momento se abre la puerta del piso de al lado. Aparece una chica, muy guapa, morena, con gafas de pasta negra, de esas que están tan de moda y que le dan mil puntos de sensualidad a cualquier mujer que se las pone, por decirlo de forma suave. Es que mi amigo Fran las llama "gafas de correrse". Tiene el pelo liso, a lo Cleopatra, a mi me flipa muchísimo a él no sé, y el cuello largo, la piel blanca, ¡estar moreno es de pobres joder! y también se acerca al ascensor.


 

Se saludan, miran al suelo, la puerta cerrada, el móvil y él pregunta:

- ¿Eres nueva?

- ¿Cómo? - responde ella

- En el piso me refiero, que no te habia visto nunca y vivo ahí. - señalando a su casa.

- No, llevo ya tres meses viviendo aquí.

- Ah, pues no te habia visto nunca.

- Sí, qué raro, yo a ti tampoco, y salgo a trabajar todos los días a esta hora.

- Ah, yo también, pero bueno, hoy voy un poco tarde, igual es por eso... - calla tres segundos y continúa - aunque nunca salgo a tiempo.

- ¿También te toca currar los domingos como a mi?.

- Sí, ya ves, ¿en qué curras?

- Soy camarera.

- ¡No jodas, yo también!, ¿en qué bar?

- No lo conoces, está en un barrio "pahí"perdido.

- Jeje, entonces como yo. Cuanto tarda esta mierda, ¿no?

- Se habrá quedado atascado como todos los días a estas horas, la mitad me toca bajar a pata.

- Qué raro, a mi nunca me ha pasado.


 

Bajan andando y siguen la conversación durante cinco pisos.


 

- ¿Como te llamas?.

- Me llamo Fin. - de Serafín.

- ¡Anda, como mi hermano!.

- Vaya, la gente me suele decir "¡anda, como el de Hora de aventuras!".

- JAJAJAJA ¡Ya te digo!. Bueno, yo me llamo Celine.

- Como la de Antes del amanecer.

- Jajaja, sí, la gente me suele decir "¡como Celine Dion!".

- Pero ¿eres de aquí?

- Sí, pero mi madre es francesa, oye, tengo que irme que voy tardísimo, ¿te gustaría pasar a cenar a mi casa esta noche? - Ya llevan un rato en la calle.

- Genial, ¿a qué hora? - "¿He dicho "genial"?" se pregunta mentalmente enseguida.

- ¿Las once?

- Vale, allí estaré.

- ¡Vale! ¡Hasta luego!.


 

El chico se dirige con una gran sonrisa a la parada del bus, lo coge, se monta, se acuerda de los cascos, se sienta en un asiento de pasillo aunque el de ventana está libre. Sé por qué lo haceis: a todos nos mola más la ventana, ver por dónde vas, a la gente que pasa... lo que pasa es que nos jode mucho cuando alguien se sienta a nuestro lado y te tienes que bajar antes que él o ella, y más si es una persona mayor, o con poca movilidad por lo que sea, porque le tienes que pasar casi por encima, o molestarle muchísimo, que a veces la cosa se complica y tienes que correr para llegar a la puerta antes de que el conductor la cierre y arranque, y te mira todo el mundo, yo no lo soporto.

Bueno, su parada, se baja, y su bar está solo a tres portales. Está bastante lleno ya para ser tan pronto. Entra y nada más cruzar la puerta su jefe le hace un gesto de que pase a la cocina con una cara de muy poquitos amigos, casi ninguno.


 

- ¿Qué horas son estas de llegar?.

- Bueno tranquilo, qué solo llego un poco tarde.

- ¿Vienes de cachondeo pa' más cojones?.

- Pero ¿qué pasa?, me he dormido un poco no va a volver a pasar.

- Claro que no va a volver pasar.


 

Fin ni le mira a la cara mientras intenta alcanzar su delantal haciendose hueco como puede entre la puerta y el barrigón con cuidado de no rozarle. Es la gota que colma el vaso.


 

- ¡Te estoy hablando! - Le dice mientras le pone la mano en un hombro. El otro se suelta con un gesto brusco.

- Mira, largate de aquí chaval, vete que no quiero volver a verte, ¡payaso!. Y no vuelvas por aquí porque te echo a patadas.


 

De la última frase ya se entera todo el bar y a él le pilla cogiendo la puerta. Sale a la calle con los puños apretados, la nariz arrugada y mordiendose el labio inferior con fuerza. Camina sin rumbo durante unos minutos, deprisa por la rabia pero sin correr, hasta que encuentra un banco vacío, se sienta, con la cabeza gacha y las manos entrelazadas estirando los brazos hacia sus pies. Se queda allí un rato, pensando en mil historias, apretando los dientes, aguantando un nudo en la garganta hasta que finalmente se levanta, mira su reloj y se pone a andar otra vez, ahora mucho más despacio. Unas cuantas calles más allá llega a unas pistas de baloncesto donde hay unos chicos jugando. Saluda desde lejos y entra. Son unos amigos que lo primero que le preguntan es si no trabaja hoy:


 

- Qué va macho, que me han echado. - el partido se para de repente.

- ¿Y eso tio?, qué putada, ¿no?

- Pues ya ves, dos días que me he dormido y el subnormal de mi jefe se ha puesto como un loco.

- Bueno, no te preocupes que seguro que encuentras otro curro enseguida, echa unas canastas con nosotros y vente a comer a mi casa.


 

Un par de horas más tarde dan el partido por terminado.


 

- Qué pronto comeis, ¿no?


 

Beben cervezas, juegan a la Play y se les pasa la tarde. Hasta que Finn el humano mira su reloj y exclama:


 

- ¡Hostia que tarde es ya!, tengo que irme que pierdo el bus y esta noche tengo tema. - con una sobreactuada sonrisa.

- ¡Has vuelto a quedar con la Luisa Fernanda esa?

- Se llama Ana Lucía, y no, no es con ella imbécil, es con mi vecina, y me piro, que me entreteneis.


 

Se despiden entre risas, las 22:45 y se lanza bajando las escaleras de cuatro en cuatro escalones.

Ya en la calle se dirige a paso ultraligero a la parada del bus que le suena que está más cerca, aunque no tiene muy claro cual le lleva a casa. No entiende por qué no le pidió el móvil a Celine, conociendose además como se conoce, que siempre llega a todos lados a las mil. Pero ya no vale de nada lamentarse, lo único que puede hacer es llegar cuanto antes porque cuando finalmente encuentra la parada son y cinco y sabe que hasta su casa hay mínimo cuarto de hora. Se sienta y pasa el tiempo, la marquesina no es de las que te dicen cuanto falta y el bus no llega. Desesperado y extrañado vuelve a mirar su reloj, se levanta y empieza a andar, enseguida a correr.

Finalmente llega a su casa, lleva las llaves en la mano desde hace dos manzanas, abre ansioso el portal y pasa del ascensor aunque viva en un quinto y ya esté reventado. Un último esfuerzo. Jadeante toca por fin la puerta de Celine y llama. No abre. Una vez más. Nada. Va a tocar una tercera pero se da cuenta de que es tardísimo, debe estar muy enfadada, a las tías no les gusta esperar, igual hasta se ha ido... Y se mete en su casa. Mañana será otro día.

Enciende el ordenador, se quita las playeras, la ropa, va al baño, vuelve, mira la pantalla:


 

- ¡Me cago en Dios!

- "Windows ha cambiado la hora para adaptarla al horario de verano."


 

-FINN-

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