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2 min
A man of wealth and taste
Terror |
02.06.15
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Sinopsis

Dejen que me presente...

Please allow me to introduce myself

 I´m a man of wealth and taste

THE ROLLING STONES

 

Celebérrima plasmación, una entre tantas, de esa tendencia de ustedes a representarme como una especie de dandi decimonónico, corolario de distinción y savoir faire. Ello se debe, me figuro, a cierta necesidad intelectual de hacer abarcable, por vía de una muy discutible humanización, algo ciertamente inmarcesible: El Mal. Con mayúsculas, puro y sin coartadas. En una palabra, yo.

Claro que el punto de vista judeocristiano me resulta aún más curioso, divertido incluso — por absurdo—, que el enfoque, llamémoslo posmoderno, recién referido. La noción de ángel caído conlleva una implicación doble: la del castigo por un lado, bien divino, bien, y esto es lo más habitual, al dictado de los demasiados voceros de Dios; por otro, y aparejada a la anterior, la posibilidad, aun remotísima en mi caso— así lo supongo al menos—, de redención. Ambas ridículas pretensiones, insisto. Falaces además.

Porque El Mal es un hecho. En efecto, lo soy. Universal y necesario. Lo mismo que, pongamos por caso, la gravedad. Carente, por tanto, de toda concomitancia moral. Por cierto que el empeño de esta última— la moral, digo— en el discernimiento entre bien y mal se me aparece tan quimérico como querer poner puertas al campo. Un esfuerzo baldío del que bien harían en prescindir. Su comprensión del mundo daría un salto comparable a la cacareada revolución cognitiva aquella que los sacara de la animalidad.

Los hechos, y retomo la argumentación antes apenas esbozada, no son susceptibles de juicio alguno ni, por consiguiente, de sanción o perdón. Ni que decir tiene que tampoco son elegantes. Si algo puede predicarse de ellos es que son casuales y contumaces. Nada más tenaz, vaya, ni más aleatorio, que El Mal. Ahí tienen la historia, la suya, la de la humanidad, para demostrárselo. O, sin ir más lejos, el autobús que le arrollará en cuanto levante la vista de estas líneas. No me de las gracias.

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