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4 min
A nadie le importaba.
Reflexiones |
09.09.15
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Sinopsis

Sufría en silencio el precio de querer ser perpetua, ser eterna. A nadie le importa.

Aquel delineado, tan intensamente negro, embellecía su profunda y perdida mirada. Sus ojos, estaban más brillantes que nunca, resaltaban. Los había enmarcado bajo un elegante trazo. Para la perpetuidad, para  siempre. Los minutos frente al antiguo espejo de su habitación habían valido totalmente la pena. Las imperfecciones de su piel no estaban, era perfecta. Tan suave, tan tersa, tan pálida. Pero fallaba algo: Su rostro, su inexpresivo rostro. No, no se encontraba bien, pero eso no importaba. A nadie. Nunca. 


Había estado peinando su largo y radiante cabello durante horas. Era ondulado, era suave. Lo hizo para, adivina: la perpetuidad, para siempre. Y era el momento, debía partir. Murmuró. Solo el silencio la escuchó despedirse de su hogar. Las mismas palabras, "para la perpetuidad, para siempre". De nuevo, a nadie le importaba.


Otoño, otoño de suelo cubierto, cubierto de hojas. Marrones, rojizas, amarillentas. Hojas secas, hojas hermosas. Sus pies descalzos sentían el cosquilleo del crujir. La sinfonía era completada por la lluvia. Pero caía sin viento, joder, ella quería viento; su banda sonora personalizada. Seguía, avanzaba. Caminaba calmada, y, nadie se había percatado de que no llevaba más que un camisón. Era blanco, blanco y azul, transparente al contacto con el agua. No, no importaba. Aún así, cada una de las gotas que se abrazaban a ella, se aliaban en secreto con el frío. Y ambos jugaban. Jugaban a hacer arte, siendo responsables de la imagen más frágil que uno pueda concebir: Su clavícula semivisible y sus marcados y encogidos senos dejándose apreciar muy levemente. Pero, lo siento, permamecerá en fantasía, pues nadie pudo ser testigo. Vuelvo a repetir: A nadie le importaba. Una pena, gran pena la de conocer que, espléndidos y carnosos labios enrojecidos los que se extraviaron. Vaya... Tan vulnerable era, tan bello. O, tan triste era, tan ella.


Ella sabía algo con seguridad, que se había hecho tarde. Quizás recorrió cinco kilómetros, quizás diez. Su tez se había ido tornando oscura durante la marcha, el emborronado maquillaje era libre, como su cabello.  Lástima, porque ella no, pero quería. Quería serlo para la perpetuidad, para siempre. Y le quedaba menos. Acantilados, piedras. Que no, aún menos. Acantilados, piedras, mar. Ya había llegado. "Últimos pasos", pensó,"los definitivos". Tenía frente a sus ojos el horizonte, la ansiada eternidad. Bajo sus pies el abismo, el camino a ella. 


La misteriosa "ella" se dio cuenta de algo. Cuenta de que, lo perdido frente al espejo, no había valido la pena. No era perpetuo, no era eterno. Nada físico lo es, le agradó abordar así su final. Era un monstruo, y, ahora si, por dentro, por fuera. Esbozó una última sonrisa, la cual vino acompañada de una tétrica carcajada. Supongo que le pareció divertido. Divertido el haber sido tan ingenua como para pensar que podía esconder su enorme y oscuro interior tras, eso, una pequeña y "maravillosa" fachada. Libre de mal, llena de pureza. No.


"Ahora si, PARA LA PERPETUIDAD, PARA SIEMPRE". Saltó.


EL PAÍS - "El cadáver de una jóven ha sido hallado este mediodía flotando en el mar (...) ya ha sido trasladado por orden judicial al instituto anatómico forense donde se le practicará la autopsia para determinar las causas de la muerte (...) todo apunta a que la chica, de edad media, pudo haberse suicidado (...) se desconoce por completo su identidad."

 

Posiblemente, penséis que no fue la mejor forma de solventar nada. Es cierto, todos nosotros tenemos negrura en el interior, por exigua que sea. Pero "Ella"  no lo sabía. "Ella" quiso avistar un monstruo donde solo había inocencia y dolor. Donde a "nadie le importaba". A pesar de todo, lo debemos admitir, ahora es perpetua, es eterna.

Es: ELLA.

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  • no se suicida la gente que tiene motivos para morir, sino los que no los tienen para vivir. pero habiendo algo más... esa vacua eternidad que jamás será capaz de apreciar "Ella", uno solo puede aceptar las 'eternidades' que le quepan en cada instante. Buen escrito. felicidades, creo.
  • Sufría en silencio el precio de querer ser perpetua, ser eterna. A nadie le importa.

    Era un lugar "manchado de oscuridad pura", o simplemente oscuridad. Dante lo llamaría infierno, ella no lo llamaba. [...]

    Guerra en la que todos ganan, nadie pierde. Solo se necesitan dos personas, un vínculo.

    Algo extraño pasa desde la adquisición de ese espejo... Son 3 días muy extraños, o solo uno.

    Breve reflexión.

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No escribo para vivir, vivo para escribir.

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