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6 min
A quien madruga...
Ciencia Ficción |
05.03.15
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Sinopsis

Un día, éste chico despierta más temprano de lo normal. Los acontecimientos que le siguen son inusuales, ¿Qué le sucede a su reloj?

Me despierto y me pongo boca arriba mientras me quito las cobijas de un jalón. La madrugada está más oscura de lo habitual y estoy más cansado que otras veces al levantarme. Sé que después de mojarme la cara despertaré por completo, así que me dirijo al baño para que el agua helada haga su trabajo. 

Me visto con mi uniforme del colegio. Tomo mi celular y lo guardo en mi bolsillo izquierdo del pantalón, después agarro mi reloj y lo amarro en mi muñeque derecha, observo la hora: las cuatro con cincuenta minutos. -Demonios, me levanté muy temprano. -digo en un susurro. <<Me puedo ir a la escuela a ésta hora. Total, ya me cambié y el prefecto siempre llega a las cinco. No creo que tenga algo de malo llegar mucho antes al colegio>> Pienso. 

Camino hacia la puerta principal de mi casa, me detengo frente a ella y observo de nuevo la hora en mi reloj: las cuatro con cuarenta. Que raro... Entonces mi reloj está descompuesto. Le dejo de prestar atención al instante y salgo de la casa. Cada mañana me voy caminando a la escuela ya que me queda cerca y no me toma mucho tiempo llegar. 
    Camino algunos pasos y giro en una esquina hacia la calle contigua; al final de éste tramo se extende otra avenida que conduce a mi colegio. Mientras avanzo, observo de nuevo mi reloj, solo por curiosidad. Las cuatro con veinticinco es la hora que marca. ¿Qué rayos le pasa? 

Continúo avanzando sin perder la vista a la hora marcada en mi muñeca. ¡Oh por Dios! Mientras avanzo el reloj retrocede minuto a minuto, paso por paso. Me detengo en seco y el minutero me imita. Los segundos no avanzan, se quedan estáticos, al igual que yo ante el suceso. 

Cuatro y quince.

Respiro profundo, levanto la mirada y me suelto a correr. Espero todo acabe si llego a la escuela. Casi llego a la esquina, pero una idea cruza mi mente. Tropiezo y me estrello contra un coche estacionado en la esquina. Me levanto de inmediato, sin importar que mi mochila se ha soltado de mis hombros, como si fuera a perder la idea que llegó a mi cabeza. <<Si regreso a mi casa, el tiempo ascenderá de nuevo>> Me digo en pensamiento. Aunque primero debo hacer la prueba, así que, mientras observo la hora (tres y cuarenta minutos), doy un paso y ¡efectivamente! Mi idea funciona, el cuarenta ahora es cuarenta y uno. Sin pensarlo dos veces tomo rumbo a mi casa. 

Sin darme cuenta llego a la esquina, pero no es la esquina que da a la calle de mi casa... ¡Es la que da a mi escuela! Giro la cabeza hacia la esquina del otro lado cruzando la calle. Mi mochila está dónde la dejé, justo a un lado del coche con el que me estrellé hace un momento. Cruzo el camino hacia la otra esquina, tomo mi mochila y observo mi reloj: son las dos y media. Retrocedió demasiado. La cabeza me da vueltas. Al parecer la escuela es a donde el reloj me conduce, no sé porqué, pero así es; por lo tanto seguiré mi camino normal. Como si nada. Si es que el miedo me permite dar un paso. 

Solo escucho mis pasos, la avenida está desierta y yo alerta ante lo que suceda. Ya no quiero ver mi reloj, mi objetivo es llegar al colegio y punto. Tengo miedo.

Llegué. Un portón cerrado de color blanco me recibe. Con una mano temblorosa empujo la puerta de metal y atravieso un espacio libre, un patio, y finalmente llego a la verdadera entrada. No sé qué me espera detrás y eso me aterra. La abro. Una luz se enciende de repente cuando entro. Dejo salir un pequeño grito. Escucho como la puerta se cierra bruscamente detrás de mi; es mi culpa, la empujé por el susto que me llevé. 

Todo es silencio. Pareciera que el tiempo no avanza. ¡Tiempo! ¿Qué hora es? Observo mi reloj: las doce treinta. -¿Sr. Morales? -Dice una voz grave que rompe con el silencio. -Profesor, sabía que estaría aquí a ésta hora. -respondo al hombre dueño de esa voz tan profunda. No comentaré nada del reloj. -Llega muy temprano. -Me dice y enseguida mi vista regresa a mi muñeca: las cinco en punto. Un alivio crusa mi alma mientras un escalofrío arremete contra mi cuerpo, poniendome la piel de gallina. Todo está bien ahora. -Ya me conoce profesor, me gusta llegar temprano. -Digo en broma. - ¿Qué pasa? -Pregunta el prefecto. 

- Nada.

-No, sí tiene algo Sr. Morales... ¿Qué le sucede? -Su voz se comienza a distorcionar, el miedo regresa. El profesor da unos pasos hacia delante. 

Cuatro cincuenta y siete. 

Regreso la mirada hacia él, quien se acerca lentamente, con una mirada que genera terror. Fría. Directa. Tenebrosa. Doy media vuelta e intento huir, pero la puerta no abre, está atrancada. El reloj ¡Debo quitarmelo! Con fuerza lo arranco de mi muñeca de un tirón y justo en ese momento la alarma de medianoche suena. Al mismo tiempo, una mano me estrella contra la puerta. La alarma sigue sonando, pero nada pasa. De pronto, dejo de sentir la presión de la mano del profesor. Me separo de la puerta y miro hacia bajo, donde mi reloj está girando como loco sobre su eje. Siento todo bastante raro, como si estuviera mareado. Extiendo la mano para abrir la puerta y ésta se abre de pronto y siento como atraviesa mi mano. Personas cruzan la entrada sin darse cuenta de que estoy aquí, como si fuera un fantasma, atravesándome a una gran velocidad; es como si viera el mundo en cámara rápida e incluso, solo por unos fugaces segundos, me veo a mi caminando y atravesando la puerta. La luz del sol alumbra todo en un instante y desaparece junto con el reloj giratorio.-Sr. Morales. -Dice una voz grave detrás de mi. -Profesor. -Respondo confundido. -Llega tarde, Morales. Pase a su salón. -Me ordena con su tono tranquilo pero severo de siempre. Observo mi muñeca y efectivamente voya tarde... ¡Mi reloj! ¿Cómo? -Morales, ¿Sigue ahí? 

-¿Qué? Oh, sí, disculpe. -Respondo y camino hacia mi salón, pasando a un lado del prefecto. -La próxima vez llegue más temprano. -Concluye. 

 

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