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4 min
A veces tienes que creer
Terror |
13.04.15
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Sinopsis

Un sueño escalofriante, ¿o fue realidad?

Nicolás se encontraba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, mirando fijamente a Sebatián, quien relataba una pequeña historia de terror a sus interesados compañeros. La tenue luz de una linterna alumbraba su rostro de forma siniestra. El cumpleaños número quince de Nicolás estaba saliendo de acuerdo a lo planeado. Se sentía orgulloso de ser un organizador tan dotado. En el amplio patio de su casa habían colocado algunos juegos de video, grandes centros para saltar y algunos puestos de comida, más una amplia variedad de canciones. Su madre estaba en el piso de abajo haciendo unos sándwiches para todos. Pretendían quedarse a dormir.

Sebastián estaba termiando su relato. Los cinco invitados se unían unos a otros, buscando protección, pero Nicolás no mostraba reacción alguna, simplemente bostezaba, desaprobando la historia de su amigo.

-"Y en las noches se lo ve caminar, con grandes zancadas, hasta llegar a la casa de los desafortunados; y lo último que ven son sus enormes colmillos y sus largas garras que se adieren a sus pieles; y lo último que escuchan es la malvada risa, espeluznante, que espanta incluso a los murciélagos y cuervos que siempre lo acompañan." -terminó de decir Sebastián, encendiéndo la luz y poniéndose de pie para ir a buscar un sándwich.

Sus compañeron se mantuvieron un rato sentados, alertas, para reponerse del susto, pero Nicolás se levantó de un salto, con el pretexto de ir al baño.

Entró al cuarto de baño tranquilo y divertido, murmurando para si lo miedosos que eran sus compañeros. Al salir el pasillo había tomado un color grisáceo, irreal, como en un sueño. Sin embargo, no se inmutó. Creyó que era la mala iluminación.

Casi no se sorprendió al descubrir que el resto de la casa se encontraba en la misma penumbra. Sin embargo, si se sintió ofendido cuando descubrió que todos sus compañeros habían desaparecido. Pensó que era descortés esconderse del cumpleañero y hacerle una broma infantil, pero por más que los buscó, no los encontró en la casa. Tampoco a su madre.

Aún le quedaba el patio. Al salir vio que, al igual que el resto de su mundo, estaba gris. No podía decir que no era más terrorífico. Habían papeles volando en todas direcciones, sin viento; los juegos que había dispuesto estaban rotos y desgastados; sin saber de dónde, habían otros artefactos como montañas rusas o pequeñas carpas. Le recordó a un parque de diversiones abandonado. Se acobardó un poco al salir, no quería exactamente cruzar un patio que no era suyo para encontrar a sus compañeros desaparecidos. 

Pasó cerca del video juego que estaba en una esquina. Sin voluntad se acercó a este como en un trance. Él quería alejarse, pero una voz lo llamaba, susurraba su nombre, lo aterraba, mas no podía escapar, no podía salir de la extraña hipnosis que lo tenía encerrado. Al inicio veía unos puntos rojos en la pantalla, pero al acercarse vio claramente lo que eran: unos ojos rojos inyectados en sangre, que despedían fuego por sus pupilas, penetrándolo e incitándolo a acercarse aún más. Lentamente para acompañar a los ojos apreció el resto del rostro: una piel blanca, casi transparente, que sostenía una sonrisa nefasta y maliciosa. Le recordó perfectamente a un payaso tenebroso. Encima de la cara veía las palabras "Play Again", que prendían como una luz intermitente. 

Sin mover la boca, escuchaba su risa; sin mirarlo, sentía su mirada; ¿o si lo miraba? Apenas concentró sus ojos en aquellas estremecedoras pupilas perdió el conocimiento, escuchando una última vez la risa tenebrosa.

¿Había sido un sueño? Al abrir los ojos se sintió seguro, hasta que levantó la cabeza y vio, con el rabillo del ojo, una máquina de video juego, con la cara flotando.

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