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8 min
Abbadon el exterminador de mosquitos
Amor |
25.10.13
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Sinopsis

Delirium tremens


Abbadon el exterminador de mosquitos (Enero 2011)   Querida Clara. Abrí el correo después de más de un mes de no tocar un computador y me encontré con tu efusivo saludo de Navidad y Año Nuevo. Te cuento que si te respondo el mensaje el 12 de enero, es debido a que me desconecté del 'mundo real', desde el 5 de diciembre, tres días antes de la despedida del taller literario, cuando volví a beber como loco, sin parar hasta el 8 de enero, como lo pudiste constatar, el día - no se si el 20 o 21 de diciembre -, cuando bebíamos debajo de una de las arcadas del puente del Humilladero con el músico Rubén y el litógrafo Roberto y pasaste con tu madre y tu hija. Te cuento que tenía el proyecto de aprovechar estas fiestas de Navidad y año nuevo para pulir los cuentos de un libro que espero publicar este año, pero todo quedó en borracheras, resacas, borracheras y letales guayabos repetidos durante un mes. Lo único que escribí es esta carta en la que te cuento que me convertí en un verdadero 'Abbadon el exterminador de mosquitos' y te explico la razón: Resulta que como vivo sólo y por andar bebiendo no volví a cocinar, ni asear el apartamento y la remesa que había comprado, se pudrió y se multiplicó una nube de mosquitos que ya habían invadido todos los espacios. Cuando el 8 de enero decidí parar de beber, duré dos días con una resaca tenaz que no permitía dormir, ya que al cerrar los ojos veía perros de dos patas hablándome y otros animalitos por el estilo y ni siquiera podía tomar agua, porque se me devolvía, fuera de la gastritis alborotada. Cuando me vi muy grave busque alguna botella con algún concho de trago, pero no halle nada y partiendo de la máxima: 'un clavo saca otro clavo', resolví revolver con bastante agua un resto de alcohol antiséptico que me encontré y por traguitos espaciados me lo fui tomando para que me pasara la 'chiripiorca', que es como si te fuera a dar una convulsión o un ataque, ya que sentís que no te entra el aire, se te acelera el pulso, te da una tembladera que derramas hasta un embutido, sufrís nauseas y sólo botas babaza, se te ponen los ojos rojos y la  cabeza la sentís como un balón a punta de estallar. Cuando intentas comer no te entra la comida, así tengas pollo, pescado, los mejores manjares, en fin, es un infierno que es más grave cuando uno para de una y no vuelve a tomarse un trago, pero me decidí a hacerlo porque sentí que estaba pisando fondo y tengo compromisos importantes, culebras pendientes, el librito por publicar y ya era consciente que 'iba de culo pal estanco y pal cementerio'. Volviendo a la historia de 'Abbadon el exterminador de mosquitos', te cuento que gracias a los tragos espaciados de alcohol con agua, pude superar la etapa crítica de la resaca y a los dos días de no salir a la calle se me quitó la tembladera y pude preparar una avena con panela como para comer algo y por la noche, al no poder dormir, me la pasé viendo televisión encontrándome a Dustin Hoffman y Sean Connery en "Negocios de Familia" una buena película sobre una 'ejemplar' familia de tres generaciones de ladrones. Al tercer día, aunque seguía aturdido, con ese estomago que parecía un volcán hirviendo y movimientos lerdos y fatigosos, me sentí mejor pero el guayabo nervioso se me intensificó y creía que había ayudado a crucificar a Cristo, que venía a cortarme los servicios por 'exceso de pago' y me sobresaltaba ante el menor ruido. Para evitar la pensadera depresiva cogí a releer el Decamerón de Bocaccio y con los chispeantes relatos del libro estuve dos días. Cuando lo acabé de leer, busqué en la biblioteca y me encontré con Abbadón el Exterminador, de Sábato, del que sólo había leído El Túnel, hace años y el cual no había leído porque algunos amigos me advertían que como requisito previo para entenderlo era indispensable leer 'Sobre héroes y tumbas'. Decidí ignorar esta recomendación y empecé a leerlo, constatando que cada libro tiene vida propia. Fuera de lo que Sábato plasma de su rica vida interior de su lucha entre la ciencia y la ficción, la razón cartesiana y la intuición, su visión de las caminatas por Buenos Aires, encuentros con amigos, relaciones cotidianas envueltas en la rica parla porteña, que va de lo cotidiano a discusiones filosóficas y de política, expresada al natural, alcancé a pillar que Sábato fue asediado desde 1948, cuando publicó El Túnel, por esa caterva de nazis, que alcahuetados por Perón, se refugiaron en la Argentina después que perdieron la Segunda Guerra Mundial. Esos fueron los que con Rudolf Eichman, el dr 'Menguele', Hess y otros nazis de distintos rangos se refugiaron en Suramerica, sin abandonar sus sueños de construir el 'Tercer Reich' fracasado en Alemania, conectándose con grupos de ultraderechistas a los que alimentaron ideológicamente fraguando las dictaduras militares que en los años 60s y 70s asolarían a la mayoría de países de Suramerica. Volviendo al cuento, mientras leía, me tenían tan azarado  los mosquitos revoloteando por todas partes, que busqué la manera de acabarlos destripándolos con trapos  y periódicos, cuando estaban parados y también con agua...en fin... Cuando se me cansaban los ojos de leer me paraba a caminar dentro del apartamento y a mirar hacía la calle. En una de esas, cuando fui a la cocina, descubrí una bolsa de bananos podridos, alrededor de los cuales había una densa nube de mosquitos. Al estilo de Schneider, el nazi que asediaba a Sábato y que seguro inspiró a Videla y su combo de torturadores y asesinos, tuve una idea repentina para quitármelos de encima. En una bolsa transparente que empacan los productos perecederos en los supermercados, decidí meter un banano podrido en el fondo y dejar la entrada abierta, poniéndola sobre la mesa del comedor. Seguí leyendo a Sábato y como a la media hora que se me cansaron los ojos, me levanté de la silla y miré la bolsa llena de mosquitos hasta el fondo. Rápidamente con ágil movimiento de manos la cerré, le hice un nudo y la tiré a la basura. Repetí el procedimiento con los nueve bananos restantes y entre la lectura de Sábato y las paradas a cerrar las bolsas transparentes, disminuí notoriamente la nube de mosquitos zumbando por todos los rincones del apartamento, convirtiéndome así en 'Abbadon el exterminador de mosquitos', mientras en la historia del libro, Sabato narraba las experiencias de Marcelo y otros personajes, secuestrados y arrastrados a los calabozos clandestinos de la Escuela de Mecánica de la Armada, en Buenos Aires y a  los cuarteles de la Policía y el Ejército, donde torturaban a los sospechosos de ser guerrilleros peronistas y hacían parir a las jóvenes preñadas, para quitarles sus bebes, antes de desaparecerlas, junto a sus compañeros, la mayoría, estudiantes, obreros, profesionales. Bueno querida Clara, creo que  he botado bastante corriente y aunque tarde te deseo un feliz año junto a los tuyos. En febrero nos vemos en el Taller literario, donde algo se aprende, aunque no hay que dejar que le castren la identidad literaria, como le recomendaba Sábato, en el Abbadon, a un joven escritor que juzgaba esterilizada su vena creativa, al ser incomprendido por la mayoría de colegas, actuando como críticos despiadados ante sus creaciones. Subrayé uno de los capítulos donde se refiere al tema de la creación artística y literaria y espero llevarlo a una próxima reunión del taller para discutirlo. Besos y abrazos. Tu amigo Natanael.  

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Escribo por necesidad de expresar lo que no puedo hablar con mis conocidos y otras personas que nos limitan con su presencia y nuestros temores y prejuicios. El papel nos permite contar historias sin las limitaciones de tener alguien al frente. Me ha gustado leer desde la niñez y empecé a intentar con la narrativa a mediados de la década del 70 del siglo pasado.Soy columnista de algunos periódicos regionales en Locombia. Publiqué mi primer libro "Relatos en busca de Título" en 2011 .

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