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7 min
Accidente en Reginna. Parte 2: La llamada
Suspense |
13.12.17
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Sinopsis

¡Bienvenido de nuevo, amigo lector! Es momento de arrojar un poco de luz sobre el misterioso accidente sucedido en Reginna, y para un trabajo tan meticuloso se necesita una persona bien calificada. - - - - - Te invito a que primero leas «Accidente en Reginna» antes de continuar con esta segunda parte. Como siempre todas tus opiniones serán recibidas con gran afecto.

Bob Irons es un sujeto que si te lo encuentras por la calle imaginas que vende seguros de vida, tónicos para el pelo, cortinas, o quizás está pasando su enésima hoja de vida a ver si algo resulta. Justamente esa imagen tan plana, tan corriente que proyecta Bob de sí mismo es perfecta para su trabajo, Bob lo sabe, la aprovecha con sobrada maestría y sus resultados dan cuenta de ello, no en vano es justo Bob Irons la primera opción en la que piensa el Comandante Berek cuando necesitan un detective afilado para casos tan confusos como el sucedido la madrugada del sábado en el Condado de Reginna.

Pero Bob también es un olfato muy fino para los pequeños detalles, sutilezas que se escapan por los poros, cositas que parecen nada pero que lo revelan todo: un inaudible golpeteo de dedos, una mirada nerviosa por el rabillo del ojo, una sonrisa falsa, una pupila que se dilata, un discreto tragar de saliva… Bob, el hombre cualquiera, sabe leer esos mensajes, los anota en una libreta sin dejar de ver a la cara, sonríe y deja escapar un aura bonachona, una que vende seguridad al sospechoso de turno. ¡y se la compran! Al final quien comete el crimen termina por delatarse porque, en el fondo, todos queremos ser atrapados.

La mañana del sábado los talentos de Bob salen a flote una vez más, esta vez en una arena de batalla que le resulta particularmente incómoda. Es una hermosa mañana de sábado, la luz del sol alimenta una cálida escena en familia sucedida en el comedor de una casa modesta y muy acogedora del suburbio de Lacresville, en Alba City. La pequeña Holly esta despierta desde muy temprano, ve sus caricaturas en la televisión, el gato Firulas rueda por las escaleras solo para aterrizar sobre una patineta y salir disparado hacia el tráfico, la niña ríe mientras sus padres apuran los últimos bocados.

Bob mira a Leslie, ella luce serena, hermosa, cada vez que la ve haciendo sus cosas él se siente completo, la ve comer en calma, con ademanes cadenciosos ella toma una rebanada de pan y le pone una suave capa de queso crema, ella se toma su tiempo, es tan femenina, tan dulce, tan hermosa… lo malo es que todo ello, en esa particular mañana de sábado, es solo una fachada, Leslie quiere mostrarse tranquila pero ella sabe que Bob lo sabe, Bob nota el imperceptible rictus, la ira contenida, la impotencia, las ganas de llorar. Bob sabe que Leslie no quiere explotar delante de su hija, no quiere arruinar ese bello momento del día. El ceño de ella se frunce medio segundo para luego, a fuerza, recobre un semblante más quedo. Bob sabe que lo que viene a continuación no le va a gustar.

 

—¿Pasaste tu carta de retiro de la policía?

 

Bob no le miente a Leslie por dos razones: La primera, porque él jamás consideraría siquiera mentirle a su mujer, no por los votos matrimoniales, ni siquiera por ética, simplemente entre ellos la confianza es genuina, sólida y natural, mentir no tiene cabida. La segunda razón es porque Leslie es muy perspicaz, y eso es algo que Bob ama de su mujer, el que sea despierta, inteligente, que sepa leer entre las líneas de una hoja en blanco para emitir conclusiones acertadas y contundentes.


—No pasé la carta, lo siento.

 

Leslie hace una pausa larga. Hasta un alfiler se podría escuchar a kilómetros en medio de esa pausa. Bob piensa que así debió sentirse la gente de Pompeya justo un segundo antes de que el Versubio explotara y se los tragara vivos. Una lágrima escapa inevitable por sobre la mejilla de Leslie.

 

—Hay noches completas que no puedo dormir, noches en las que no tengo idea de dónde estás porque por seguridad de nosotras no me lo puedes decir, noches donde espero la famosa llamada de las cuatro de la mañana, y cada vez que esa cosa suena yo me muerdo los labios y pienso lo peor.— A Leslie le cuesta contener el llanto. Toma aire. —Quiero que tengamos una vida tranquila, los tres, sin angustias, sin creer que la próxima vez que te vea sea en la morgue identificando tu cuerpo. No necesito un héroe en la tumba, necesitamos un papá, un esposo, no una lápida en el cementerio, lamentando todo lo que pudiste haber hecho pero que no hiciste porque te fuiste muy joven, muy pronto.

 

Bob siente un nudo en la garganta, temía que este momento llegaría más temprano que tarde, pero aun sabiéndolo jamás se está preparado para recibir esas cosas. Sucede, te noquea, te aguantas.

 

—Amo mi trabajo, sabes que me gusta lo que hago, así como te gusta a ti ser abogada, la mejor de la ciudad. Las quiero a ambas, son mi todo, y mi trabajo hace parte de ese compromiso, no puedo quedarme cruzado de brazos mientras gente mala hace cosas horribles allá afuera.

 

Leslie lo interrumpe.

 

—No puedo, no quiero perderte, pero tampoco soporto esto. Cada que tenemos un momento de paz suena ese… «maldito teléfono», y tú sales disparado por la puerta. El ser detective nos está matando como familia, yo puedo pedir un día libre, incluso una semana, desconectarme de todo y de todos y estar junto a los que más amo, ¿pero tú? Tú eres policía, detective, veinticuatro horas, no tienes días libres, vacaciones, ni siquiera una mañana sin llamadas, me pone de los nervios cada vez que estamos en medio de algo importante y sue--

 

El timbre del teléfono interrumpe la mujer.

Leslie levanta la bocina pero no toma la llamada, sabe que es para Bob, estira la bocina hacia él en actitud desafiante, él hombre la recibe con un sentimiento de culpa.

 

—Habla Irons.
—…
—Hola comandante.
—…
—Sí.
—…
—Sí.
—…
—Sí, sé dónde queda.
—...
—Me tomará un par de horas.
—…
—¿Cómo dice?
—…
—¡Vaya! ¿En serio?
—…
—Eso si encontramos la cabeza de la chica.
—…
—Hablaré con ellos.
—…
—Opino lo mismo.
—…
—Así será, Señor.
—…
—Sí señor.
—…
—Nos vemos en la jefatura, Señor.

 

Para cuando Bob cuelga Leslie ya se ha marchado, él sabe que fue a casa de su suegra lo que de ninguna manera es buena señal. Apoya su boca contra la palma abierta de su mano, piensa, piensa muchas cosas. Por un lado están dos jóvenes muertos en circunstancias peculiares, el uno colgado a un árbol como un adorno de navidad, la otra decapitada y con su cabeza en paradero desconocido. Por el otro lado está su matrimonio a punto de irse a la mierda por culpa de su amor al trabajo, su pasión. Bob quizás no tenga la complexión del cadete atlético y carilavado que aparece en el poster de reclutamiento que exhibe la Policía de Alba City en su recibidor, pero sí tiene las cualidades suficientes para convencerte a ti de que ser detective es la mejor profesión del mundo, y para cuando te enteres que esa decisión no la tomaste tú ya estarás uniformado, listo para la acción y con un enorme subidón de adrenalina recorriéndote la espalda.

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    ADVERTENCIA: El siguiente relato aunque ficticio es sumamente gráfico y puede herir la susceptibilidad del lector. Léalo bajo su responsabilidad.

    Una carretera, un accidente, un misterio. Bienvenido a Reggina, el lugar donde tus secretos más oscuros quedarán expuestos. Recorrer el lugar es tu elección, salir de allí... bueno... esa es otra historia.

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