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6 min
Adan Eva ruta dos
Ciencia Ficción |
25.05.15
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Sinopsis

Adán y Eva 2

Por: Leandro Nates

Al despertar en el amanecer después de abrir la escotilla de la capsula que yacía recostada en una pequeña meseta formada en la el cuerpo de la cordillera, observó el panorama. Los picos nevados de las montañas más altas refulgían con la luz del sol y el vuelo de las aves le indicaba que sus temores apocalípticos afortunadamente no eran reales, a pesar del tétrico ambiente y mortecino olor que dominaban el paisaje. Alcanzó a distinguir un cóndor, flotando sobre un elefante inflado por la putrefacción después de permanecer durante meses en el agua, mientras con el pico de rey de los carroñeros, desgarraba sus entrañas. Buitres y gallinazos tripulantes sobre otros cuerpos se hastiaban con cadáveres de tigres, vacas, venados, humanos e incontables especies, cuyos despojos, no se habían descompuesto aceleradamente; tal vez por las heladas temperaturas predominantes en las cumbres.

Pesada y torpemente como consecuencia de tres años de ingravidez en el espacio, hizo varios intentos de pararse firme. Por la escotilla de la nave constató que casi  flotaban en medio del mar que había sepultado cimas, valles, selvas y ciudades. Superando la desesperanza al fin logró incorporarse y abandonar el útero metálico de la nave Solaris, que lo había incubado durante 36 meses, sólo interrumpidos por las breves horas en que en compañía de Elisa salieron de caminata  para hacer mantenimiento a los paneles solares que alimentaban de energía la estación espacial. Al salir de la capsula sintió bajo sus pies la firmeza de la tierra en medio de una confusa sensación de frenesí y temor generado por la incertidumbre, que les esperaría en compañía de Elisa, la única compañera sobreviviente de los cuatro astronautas integrantes de la tripulación que el 5 de septiembre del 2050, partió en una misión de mantenimiento a la base espacial internacional girando en medio de la luna y la tierra durante un vuelo inicialmente programado durante  dos años.

Desde su mirador alrededor de la anclada nave los circundaban: bolsas y envases plásticos, chatarra de neveras, estufas, computadores, autos, pendones de propagandas, condones, colchones, decrépitos barcos a la deriva con sus tripulaciones de fantasmas y toda clase de basura que por siglos esclavizó a los hombres en su afán por obtenerlas.

Recordó que les quedaban provisiones de comida comprimida como para resistir dos años o más, pero y ¿Después? Tranquilizándose al recordar que les quedaban cuatro cuchillos, sogas destornilladores y otras herramientas de la capsula con las que podrían improvisar útiles de caza y pesca pues acababa de ver a una fragata clavando sobre el mar para salir con un gran pescado. Sus esperanzas crecieron al constatar en las marcas de humedad decreciente fijadas en las paredes de la montaña que el nivel de las aguas iba en descenso pues crecían líquenes y musgos y a su alrededor revoleteaban pequeños insectos y con las semillas de papa, plátanos,  hortalizas y naranjos, limones, mangos, sandias, papaya, mora y otras frutas que llevaron para hacer experimentos en el espacio, podrían resembrar la tierra.

Desde que se interrumpieron las comunicaciones con el centro espacial de la Nasa, después de observar que por segundos se encendió la atmosfera como si fuera un bombillo y al instante una nube siniestra oscureció el azul de los océanos, fueron conscientes de que algo tenebroso había sucedido y jamás podrían volver a sus ciudades, rutinas y afectos.

No sabían si un asteroide había impactado La Florida, donde brilló con más intensidad la luz o si el cegador destello se debía a una explosión nuclear. Lo cierto era que la gigantesca nube de fuego, ceniza y polvo habían ocultado la luz del sol, los océanos se habían desbordado, el clima alterado y las plantas y seres vivos morirían tal como sucedió cuando desaparecieron los dinosaurios.

Peter y William no pudieron superar el trauma de saber que sus padres, esposas, hijos y amigos ya no los esperaban y decidieron salir de la nave y desconectar de los tanques los tubos que les suministraban el oxigeno, quedando en el espacio como eternos judíos errantes, flotando en medio de la chatarra de antiguas naves.  

El amor que había nacido entre Carlos y Elisa durante el tiempo de la misión los hizo superar la desesperanza y prolongar su idilio en medio de la incertidumbre. Decidieron resistir. Aún les quedaban 18 meses en la misión y deberían esperar a que las consecuencias de la catástrofe amainaran como para intentar regresar gracias a los controles manuales y al entrenamiento que Carlos había recibido como capitán de la nave, en caso de que le tocara afrontar la emergencia de perder contacto con el comando central en tierra.

Con el suicidio de sus dos compañeros a los seis meses de la misión les sobraban más oxigeno y provisiones. Gracias a las reservas de combustible podrían prolongar su orbitar por un año más a la espera que mejoraran las condiciones climáticas en la tierra.

Al fin cuando volvieron a distinguir el azul de la tierra y el combustible se agotaba, decidieron regresar y amarizar lográndolo con éxito.

Carlos regresó a la capsula y ayudó a Elisa a librarse del  incómodo traje espacial y a intentar pararse. Ya fuera de la nave, cogidos de la mano oteaban la inmensidad con expresión de asombro.

-“Todo vestigio de civilización y tecnología que conocimos ha desaparecido. Sobreviviremos con la provisiones que nos quedan y a medida que vaya desaguando la tierra es de esperar que rebroten las plantas con sus frutos, más los que sembremos y cultivemos. También que reaparezcan los insectos,  aves y mamíferos que hayan sobrevivido y cazaremos con los cuchillos que nos quedan. Podremos fabricar lanzas con algunos de ellos amarrados a tubos metálicos de la nave. También tenemos encendedores para prender fuego. Con nailon se nos facilita hacer arcos y fabricaremos flechas con piedras afiladas en las puntas- dijo Carlos.

-Adaptaremos vestidos de nuestros trajes espaciales y estamos condenados a repoblar el mundo, como en el mito de Adán y Eva. ¿Quién sabe qué clase de plaga engendraremos? Ojalá que no sean peor que la que yace bajo el agua-, agregó, mientras  abrazaba a Elisa y se fundían en un apasionado beso. 

 

 

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Escribo por necesidad de expresar lo que no puedo hablar con mis conocidos y otras personas que nos limitan con su presencia y nuestros temores y prejuicios. El papel nos permite contar historias sin las limitaciones de tener alguien al frente. Me ha gustado leer desde la niñez y empecé a intentar con la narrativa a mediados de la década del 70 del siglo pasado.Soy columnista de algunos periódicos regionales en Locombia. Publiqué mi primer libro "Relatos en busca de Título" en 2011 .

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