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4 min
Afortunada
Amor |
05.06.15
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Sinopsis

¿Y tú? ¿Eres en verdad afortunada?

Siempre cuando estaba por tomar el metro en la estación de siempre, siempre, casi como una especie de ritual, venía a mi mente ese pensamiento alegórico, donde siempre estaba despertando junto a él, con su boca medio chueca cuando duerme, los ojos hinchados, la barba a medio afeitar, un brazo siempre afuera de la ropa de cama, mirándome cuando despierta con un solo ojo, sonriendo, acercándose y dándome un beso, respirando casi inaudiblemente, enseñándome lo grandioso de su espalda ancha y su culo peludo caminando hasta el baño para dar el agua de la ducha.

-¿Vienes?- siempre decía, mirándome con los ojos negros y las cejas levantadas. Yo me incorporaba de inmediato, solo por estar cinco minutos más con él, sentir su piel bajo el agua, agarrarle el poto y hacerlo sonreír, que me apretara al suyo, sentir como se le empezaba a poner duro, hacerlo bajo la ducha poniendo una pierna sobre su cadera y sintiéndolo adentro, bien duro, abriéndome las nalgas, besándonos y terminar abriendo la ventana para no ahogarnos con el vapor de la ducha.

Me gustaba siempre cuando me hacía acabar, cuando esperaba que yo lo hiciera primero, que se conformara con ver mi cara de placer, que hiciera todo por mí, por hacerme sentir plena, que siempre estuviera cuando más lo requería, porque nosotros no éramos simplemente sexo casual, no éramos dos animales que se desvisten, se cogen y se alimentan de las salivas del otro, nosotros yacíamos como dos buenos amigos, dos seres que en medio de la inmensa ciudad se están constantemente buscando, entre todos los demás, entre todos los que alguna vez nos pretendieron, nosotros nos encontramos por esa simpleza de la casualidad, cuando yo la muy pava olvide mi billetera sobre la mesa del café a donde siempre iba,  siempre estaba en la misma mesa, siempre el café con las medias lunas, siempre el desayuno sola, mirando cómo la mañana despedía amantes detrás de la ventana en donde muchas veces envidie la vida de otros.

-Oye…-.

-¿Sí?-.

-¿Es tu billetera? Parece que sí…- y ahí estaba con esa sonrisa perfecta, de dientes alineados, con esa barba medio crecida cubriendo como un manto sus mejillas morenas, sus ojos chispeantes, sus cejas levantadas, esa mirada sobre mí que siempre me hace pensar en lo afortunada que soy de conocerlo.

-Gracias- sentí que la cara me explotaría de vergüenza.

-Supongo que me he ganado el café de mañana en la mañana, ¿verdad?- y se fue caminando de vuelta a su mesa, donde al igual que yo, también estaba solo.

Desde aquel entonces que  nos envolvemos en las sabanas de mi cama, a veces de calientes faltamos hasta al trabajo solo para estar juntos; hay veces en las que estoy tan caliente, que solo con sus caricias logro llegar al climax y acabar… ¿Dije a veces? En verdad es siempre pero, él no lo sabe, es mejor que no lo sepa, tampoco quiero que fanfarronee con sus amigos.

De él se muy poco, quizá lo necesario para tenerlo entre mis piernas. Sé que tiene sobre treinta, que trabaja y estudia, que no le gusta el café simple, que adora comer dulces después de hacerlo, que fuma pero cuando está solo, que gusta mucho de su tiempo a solas, para leer, a veces escribir y ciertamente, escribe cosas muy lindas cuando quiere. Es alto, casi el metro noventa, moreno, de espalda enorme, ojos negros y de cara agradable, no como esos afeminados que llevan a las fiestas de trabajo mis amigas, este es un hombre de verdad, con rulos que intenta disimular con un poco de gel sobre la cabeza, pero rara vez le resulta. Le gusta llevar el pelo hacia atrás, eso acentúa sus rasgos simples pero firmes. Sabe usar la lengua, sabe usar los dedos, sabe usar su cuerpo por completo, pero nunca baila, le gusta la música ambiental, la orquestada, dice que eso le calma su interior.

Todas quisieran tener uno como el, incluso esas que gustan de los rubios de ojos azules, esos que cuando los llevas a la playa quedan como pico de perro, rojos como jaibas, delicados más que tú misma, pero yo tengo el que todas quieren tener, el animal salvaje que me busca cuando quiere, que me hace suya y que me aprieta, que me escucha y me protege, siento que soy afortunada.

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    ¿Y tú? ¿Eres en verdad afortunada?

    Continuación del poema Sucio. No se que otra cosa podría escribir acá, pero es necesario rellenar. Es como un corazón que ama por amar, ¿Verdad? La mayoría de la gente lee solo por parecer interesante, la mayoría de los escritores escriben para ser leídos, yo escribo por eso y porque escribir debe ser una de las pocas cosas que siento hago bien.

    Un poco de basura poetica para quien tenga el mal gusto de leerme. Lamento mucho si encontro esto y no le parecio agradable, pero así es la vida, así soy yo o lo que queda de mí.

    Todas las peluquerías guardan secretos... Señoras que pasan a contar sus vidas, que hablan mal de sus maridos, que invocan a sus amantes, mientras al mujer tras las tijeras escucha con atención y siempre bajo sus labios, hay algo para cada clienta. Pero, ¿que es lo que oculta Raquel en su peluquería? Pasate y averigualo.

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