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3 min
Ajedrez
Varios |
19.03.15
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Sinopsis

Al cerrar los ojos volvía a visualizar el tablero de ajedrez con la partida casi terminada. Papel de liar encima de la mesa y un par de colacaos con crispis de chocolate. El reloj de mi teléfono no llegaba a marcar la media noche, no dejaba de mirarlo pero aún así no llegaba ningún mensaje. Me sudaban las manos de la misma manera que intuía que a él también. Tras largas horas de conversación sobre la guerra civil rusa, el capitalismo y la legalización de las drogas, mi intelecto aumentaba por segundos y casi acabé el debate de mi parte si no hubiese sido por la manera tan decisiva de pronunciar sus palabras.

Mi voz era demasiado débil como para alzarla más que la suya. Mi edad era irrelevante a la hora de mantener una conversación con él. Sus veintinueve años no eran un inconveniente para poder tirarle la caña casi disimuladamente mientras me hacía un jaque mate y yo sonreía, aunque odiase perder cualquier juego. Quizás no había nada más mágico que la conexión mental apartando nuestras diferencias en una mirada avergonzada.

Asumo en silencio la derrota, una doble derrota. Como consuelo me lía otro más y me pregunta el motivo por el cual fumo. Quizás fuese la soledad que aquella noche se apartaba de mi piel, más que un cobijo en una  noche de lluvía se había convertido en la salvación de un duro día de trabajo. Su motivo, una muerte prematura de una persona importante, el mío una muerte de sentimientos debido a las personas de su género.

Me lo pasa mientras me hace una mueca que se disuelve en un guiño de ojos. Me aprisiona con fuerza en sus brazos, como si me quisiera decir que ya paso todo, que ya nunca me volverá a doler. 

Es tarde para darme cuenta que antes de aquella partida había vuelto a joderla sin sentido. El carmín de mis labios estaba desgastado, tenía los pezones erectos, su sudadera impregnada en one million puesta y el rímel pegado a sus mejillas delataba que no solo fue una partida de ajedrez. Aún no me he ido y ya pienso en como poner fin a una cita que no se diferencia de las últimas diez. 

Dice que aún tengo mucho que aprender.

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