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6 min
"Akto Vandaliko"
Humor |
08.02.15
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Sinopsis

“¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.” G.K. Chesterton.

Los primeros ejemplos de autoridad de los que fui consciente y desanimado me veía forzado a obedecer, claro está, fueron las figuras estrictas de mis queridísimos padres, el inmutable orden del hogar y los fructíferos, convenientes y porqué no, cargantes consejos que ahora tanto agradezco.

Pero fue la autoridad  del jefe de estudios de mi añorado colegio, el señor Adult, su rostro aguileño y deslucido, la sonrisa exageradamente amable que se gastaba y ese pequeño bigote, cortado y peinado perfectamente que colgaba de su risible nariz el primer prototipo de persona adulta al que con todas mis fuerzas rechacé.

La mirada escrutadora del buen señor Adult  me estremecía y su sola presencia me revelaba  la existencia de un mundo enredado y gris, insondable, que tarde o temprano debería hacer frente. Confuso, sin apartar mis ojos de niño de su ridículo e inquietante bigote, espantado, buscaba argumentos para describir una sustancia inmunda y pringosa que desprendía a borbotones toda su persona.

-      Señor Romero, señora Castillo, tienen ustedes un hijo con un grandísimo problema…

Les decía a mis preocupados padres mediante gestos repetidos y sonrisa grasienta, con voz falsa e insegura pero bien disimulada bajo un tono dramático e inquebrantable.

-      … es problemática y muy peligrosa la facilidad que tiene de abstraerse; en clase es un mueble de decoración más. Su hijo, perdonen que sea tan franco pero es necesaria mi rudeza; vive colgado de las nubes.

Colgado de las nubes y a mucha honra, jodido envidioso. Pensaba yo.

En la actualidad:

Acompañado por un optimismo ingenuo del que jamás me gustaría deshacerme recorro el camino del Quijote por una extensísima y solitaria llanura de La Mancha. Hasta los ojos de morcillas, con mi sistema digestivo luchando una guerra sin igual contra un ejército nutrido de fornidas y sabrosísimas chuletas de cordero, deleitándome con la voz desgarrada del Camarón cantándole a La leyenda del tiempo voy conduciendo un destartalado doscientos cinco.

No me quedan muchos kilómetros que recorrer, parece profetizar el humo denso y negro que sale del tubo de escape mientras un Océano de viñedos se pierde en el horizonte. El Sol calienta con fuerza y mi viejo coche no conoce el aire acondicionado. Sudo como un cerdo. Sonrió.

¿Qué gustoso vino ofrecerán en el pueblo siguiente?

Me pregunto cuando a menos de doscientos metros, en una recta interminable, veo lo que va a ser una sorpresa que siempre es verde y desagradable. Un solitario miembro del grandioso cuerpo de la guardia civil con pirulo en mano y haciendo señales hacia mi coche. Deténgase aquí al lado, deduzco.

¿Cuál será esa misteriosa cualidad que tiene el glorioso cuerpo de la meremerita para materializarse en la nada cuando uno menos se lo espera? ¿Se heredera ese oscuro don?

Me pregunto antes de bajar la ventanilla. El sonido instridente de la  manivela, poco a poco, muy despacio, me va presentando un rostro serio y autoritario,  duro, pero extrañamente familiar. Saludo militar.

-      Buenos días, permiso de conducir, por favor.

Entonces el bailoteo casi imperceptible de un pequeño bigote intachablemente cuidado que descansa bajo la nariz algo aguileña del agente destapa el baúl de los recuerdos. Enmarcado por la ventanilla del doscientos cinco el rostro sorprendentemente rejuvenecido de aguilucho abigotado y estreñido del olvidado hasta hoy  señor Adult. Ridícula y algo alucinada es la expresión de mi rostro.

-      Esta todo en regla… lo puede comprobar usted mismo… aquí tiene señor...

Y en el breve tiempo que dura una pequeña vacilación noto una extraña calma plasmándose y recorriendo rápida todo mi cuerpo desde  algún rincón recóndito de mi cabeza hasta las uñas de los pies. A partir de este momento los recuerdos de esta historia, incluso los de toda mi vida, se vuelven confusos y perdidos en el tiempo como una espantosa resaca, difuminados e incoloros, desvaneciéndose en un sueño en blanco y negro. Una emoción arcana, endemoniadamente excitada, terrible y cachonda me desborda y dibuja en mi rostro una sonrisa cínica y cruel que si por alguna remota razón tuviera que ver algo con la satisfacción sería con la de una satisfacción perversa y depravada.

-      Ahora por favor, baje del coche y deposite el contenido de sus bolsillos en el capo de su ...

Cegado, poseído por una fuerza horrorosa y ancestral, movido por una poderosa agitación salgo del coche y endiablada es la rapidez con la que le pongo un bisturí en el cuello. Un hilillo de saliva se deja caer lentamente desde uno de mis afilados colmillos. Le quito el arma reglamentaria y le apunto en la sien. Le ordeno que se vaya bajando los pantalones mientras dos protuberancias salen de mi cabeza. Una terrible erección amenaza con romperme los pantalones y un río de lava recorre mis venas. Mi mirada es de fuego, en mi aliento, azufre.

-      ¿Cómo te llamas valiente soldado?

Le pregunto al emblema de una España grande y única. Radiante agito al viento un rabo que me ha salido del culo.

-      Pa…Pa…Pablo.

-      ¿Pa…Pa…Pablo? ¡Mmmm! No, no me sirve. Hoy serás rebautizado, te llamaras Adult. Señor Adult.

-      ¿…?

Humo negro es el rastro maligno que va dejando mi coche al pasar, pero desde el espejo retrovisor me da tiempo de ver una grandiosa sonrisa maravillada dibujada de oreja a oreja en el rostro enamorado del señor Adult que vestido de verde para la ocasión y tirado en la cuneta me dice adiós con ademanes cansados y extasiados. Nunca te olvidare, parece decir mientras agita despacio el tricornio al viento.

Relajado por el trabajo bien hecho pongo un CD de Akto Vandáliko a todo volumen y a doscientos por hora bajo un ruido ensordecedor y echando humo como una locomotora endiablada busco una china de hachís en la guantera porque después de hacer el amor siempre me gusta fumarme un buen canuto.

 

                                                    Fin

 

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Si se me permite, me gustaría aprovechar este momento para echar un órdago a aquellas personas, que como yo, sufren una extraña alteración en las funciones vitales cuando se ven abocados al vacío de un “Sobre Mi”. Vértigo, bloqueo, encogimiento de las partes nobles, picor en los ojos, moqueo, estornudos constantes, urticaria repentina… Es horrible, de verdad, créanme cuando digo que cuando nos vemos en esta situación la única salida que nos queda es echarnos en el suelo, formar un ovillo con nuestros cuerpos trastornados y esperar a que acabe la pesadilla. Y ahora que he logrado levantarme del suelo y recobrar algo de dignidad me pregunto si habré logrado mi propósito. Joder, estoy desvariando. No sé si tomarme un vino o una cerveza. En fin, me hare un vinito y mientras lo pienso.

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