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5 min
Al Pan, Pan y al Vino, Vino
Reflexiones |
20.12.16
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Sinopsis

Llamar a las cosas por sus nombres tiene implicaciones positivas

Al Pan, Pan y al Vino, Vino

Me llamó un amigo por quien siento especial cariño esta mañana para compartir conmigo su tragedia personal. Al notarlo angustiado le pregunté qué le sucedía y me respondió llorando que su padre había pasado a mejor vida. Aunque traté de consolarlo sinceramente, no pude evitar pensar que si su padre había ”pasado a mejor vida”, como él mismo lo decía, pues no debería estar tan compungido. Al fin y al cabo es precisamente eso lo que uno desea para sus seres queridos, que mejoren sus vidas. Pensé entonces que mi aparente falta de solidaridad hacia mi amigo surgió de la forma como me contó la noticia. Si me hubiera dicho que su padre había muerto, muy probablemente mi sentimiento de pesar hubiera sido más auténtico.

No sé en qué momento empezamos los colombianos a utilizar palabras vacías y eufemísticas para referirnos a los hechos de la vida cotidiana. Lo cierto es que estoy hasta la coronilla con tanto rodeo. Pocas cosas me molestan más que entrar a un almacén a preguntar por un artículo y que se me diga que seré atendido por un promotor de ventas. Qué pasó con los vendedores? Por qué tiene que venir a ofrecerme el producto que busco un promotor de ventas?

Me decía mi amigo que antes de pasar a mejor vida, su papá se encontraba en una residencia para la tercera edad. No sé si sentía vergüenza de reconocer que había enviado a su papá a un asilo de ancianos. Quizá pensaba que una residencia para personas de la tercera edad no era tan grave. A propósito de los ancianos, recuerdo que desde niño me enseñaron a escucharlos y a sentir respeto por ellos. Llamarlos adultos mayores o personas de la tercera edad es como si nos avergonzara reconocer que son viejos. Esa palabra estuvo siempre cargada de dignidad y respetabilidad. No es necesario buscarle matices a una condición a la que todos aspiramos tener algún día.

Siempre he pensado que el primer paso para superar nuestros problemas es aceptarlos y llamarlos por sus nombres. Cuando una persona dice que sufre de sobrepeso es porque no acepta del todo que está gorda. Si se dijera a sí misma que estar gorda no le conviene, probablemente haría lo necesario para corregir su problema. Como recomendaría Steve Hawkins comería menos y se movería más. El sobrepeso no impacta sicológicamente lo mismo que la gordura.

Desde que a las putas las llaman prepagos o trabajadoras sexuales, el oficio se disparó en Colombia. De alguna forma las mujeres que se dedican a esta actividad sienten que no es tan horrible ser prepagos, pero prostitutas sí es algo que no quisieran ser. Qué tal!

Quizá por esta misma razón la corrupción es el cáncer que carcome a nuestra sociedad más que cualquier otro mal, guerrilla incluida. Si en vez de acusar a los políticos que usan su poder para enriquecerse o beneficiarse personalmente por tráfico de influencias, los llamáramos escuetamente corruptos, éstos no tendrían el posicionamiento social del que gozan en la actualidad.

Mi propuesta es que llamemos las cosas por sus nombres. Dejemos de decir que la esposa del vecino es persona poco agraciada, cuando lo que queremos decir es que la vieja es fea. No es limpieza étnica la que están haciendo los grupos al margen de la ley; es un genocidio perpetrado por los criminales. La interrupción voluntaria del embarazo es en realidad un aborto. Si un hombre sufre de disfunción eréctil es en realidad impotente. El almacén de la esquina no está actualizando los precios, los está subiendo. El país no tiene un crecimiento económico negativo, está en recesión. Si las cosas siguen como van, todos terminaremos en un manicomio, no en un centro de salud mental.

Aún recuerdo que en el colegio mi mejor amigo era un negro pobre de Quibdó que tenía a un hermano preso por robo. Hoy sus hijos son afrocolombianos, o personas de color, de los estratos socioeconómicos menos favorecidos de la población que un día tuvieron a su tío recluido en centro carcelario por apropiación indebida de bien ajeno.

Hago un llamado a mis amigos para que cuando me vean no digan que estoy desprovisto de cabello y que pronto seré un miembro más de la comunidad de personas de la tercera edad. Sean francos y digan que estoy calvo y próximamente seré un viejo. Al fin y al cabo todos ustedes van también para allá. Incluidas mis amigas!

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