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6 min
¡AL RICO MAMBO! 1
Reales |
11.10.19
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Sinopsis

Un hombre al escuchar una música determinada, le hace pensar en su vida. Este personaje no soy yo, sino que está inspirado en un hombre con el que hablé hace escasos días.

José García que era un hombre de unos cincuenta y tantos años de edad, de cabello entrecano, y que durante muchas décadas había sido el dueño de un importante comercio familiar de objetos de regalo, se dirigía con su coche al domicilio de su primo Gabriel donde había sido invitado a almorzar y a quien hacía mucho tiempo que no veía, que estaba situado en el pueblo de El Masnou que es una localidad marítima de la zona del Maresme a escasos kilómetro de Barcelona.

Gabriel vivía en un estupendo piso de un inmueble construido en el Paseo Central, el cual tenía un amplio comedor con unos ventanales por los que entraban desbordantes los dorados rayos del sol que acariciaban con su cálida luminosidad los funcionales muebles de la estancia, y que a través de los mismos se divisaba el inconmensurable y plateado mar.

A José García su primo siempre le había parcido un sujeto algo prepotente ya que solía ufanarse de ser un hombre mundano que estaba de vuelta de todo; aunque no por ello José dejaba de apreciarle sinceramente.

Cuando los dos hombres se encontraron en el umbral del piso se saludaron con un fraternal abrazo, y posteriormente el invitado cumplimentó a la cónyuge de su primo llamada Carmen que era una mujer morena, de ojos grandes; muy guapa, pero también  un poco rechoncha; y como no a los dos hijos adolescentes de aquel matrimonio.

-Bueno. ¿Y cómo te van las cosas? - se interesó Gabriel por su primo después de hablar de la familia, mientras tomaban una cerveza sentados en unos mullidos sillones del comedor.

- ¡Estupendamente, oye! - respondió José con una amplia sonrisa- Hago la vida que quiero sin tener que dar explicaciones a nadie. Que me da por ir a ver un espectáculo determinado, pues allá que voy; que me apetece ir a almorzar a un restaurante especial y comer de capricho, pues no me lo pienso dos veces y ya me tienes allí. Por otra parte me relaciono con muchas personas que voy conociendo de una manera o de otra, y me lo paso muy bien. Esto de vivir libre como un pájaro es muy ventajoso ¡Jajaja! - rió José con autocomplcencia-. Y francamente Gabriel. No entiendo el por qué la gente se queja tanto  de todo; y muchos van por la calle con una expresión compugnida; de amargados. Pero pensemos un poco. Ahora gracias a la Medicina que ha evolucionado tanto hay una mayor  esperanza de vida en la población, cuando antes uno se jubilaba y al poco tiempo se moría. Eso sin contar con las epidemias. También años atrás la sociedad no estaba tan bien informada como lo está ahora, y había mucho analfabetismo. Además nunca había habido tanta libertad en las costumbres como hoy en día. Yo creo que si ahora la gente no se siente feliz es porque el ser humano no está nunca contento con lo que tiene. ¡Pero yo no me puedo quejar! Desde que traspasé el negocio familiar a un Banco que me pagó muy bien, no tengo ningún problema económico, y ni mucho menos personal.

-¡Ay caray...! Me alegro por ti. ¿Y no echas de menos a tu mujer y a tu hija? - inquirió Gabriel.

- ¡La verdad es que a mi mujer Nuria para nada! Esto es agua pasada. Aunque he tenido que adaptarme a las circunstancias; cosa que no es nada fácil. Para qué nos vamos a engañar. Entre mi mujer Nuria y yo la convivencia era imposible. Siempre estábamos discutiendo por tonterías - explicó José haciendo una mueca de desagrado-. Al fin no tuvimos más remedio que ir cada uno por  su lado. En cuanto a mi hija Blanca, que trabaja en una importante emisora de Radio, ella vive su vida y está liada con un joven que es especialista en Informática. Pero la niña viene a mi casa a verme de vez en cuando.

Al fin almorzaron con buen apetito puesto que Carmen, la mujer de Gabriel, era una excelente cocinera y había preparado una refrescante ensalada, y unos sabrosos canelones de pescado; todo ello regado con un vino blanco de marca que había traído José.

Mas a media tarde Gabriel para animar un poco el ambiente puso un disquet de música en una discreta radio-tocadiscos que estaba en una estantería del mueble-biblioteca, cuyo contenido hizo brincar a José en el sillón como si le hubiesen pinchado con una aguja en el trasero. Algo muy singular se removió en su interior. Se trataba de una serie de viejas piezas  de mambos, interpretados por la orquesta del músico cubano Pérez Prado. Se podría decir que era una música "salsera" de los años 60, que tenía un ritmo endiabladamente alegre, trepidante; con una marcha excepcional, cuyas vibraciones incitaban al sujeto más torpe para la danza a salir a la pista a bailar sin ningún complejo. Eran en suma unas notas tan bien sincronizadas con los instrumentos de viento y con los de prercusión que se deslizaban sin dificultad en la sensibilidad de quien las escuchara, por lo que le hacían sonreir infundándole a la vez un optimismo contagioso. Si el mambo llamado PATRICIA era de lo más tonificante que cabía imaginar, ¡AL RICO MAMBO! era el no va más.

- Es que me gusta la música con la que nuestros se lo pasaban bien - aclaró Gabriel-. Si hoy en día seguimos escuchando música clásica como un Mozart o un Puccini ¿por qué no podemos deleitarnos de igual modo con la música ligera de hace unos años como los mambos, o de otro estilo?

De súbito aquella vitalista música, al igual que la magdalena que se toma el protagonista de la famosa novela  EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO  del autor francés del siglo XlX Marcel Proust, que le hace evocar un hecho romántico del pasado, al supuestamente ufano José García le hizo viajar con su memoria unos cuántos años atrás. Concretamente cuando él era un chaval de trece años.

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