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26 min
Alana
Drama |
03.03.20
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Sinopsis

~~Alana y yo

Alana es el amor de mi vida. Nos conocimos en la secundaria y nos hicimos novios desde el primer año. Estuvimos toda la secundaria y la preparatoria juntos. Fue un noviazgo muy lindo, de película. Fuimos la única pareja que duró los seis años juntos. En la escuela nos sentábamos juntos, solo el primer año de preparatoria nos tocó en grupos diferentes pero moví mar y tierra para que me cambiaran a su grupo el siguiente año. Ese tiempo sin ella fue horrible, mis notas bajaron, no podía concentrarme, estaba enojado y triste. La veía en la mañana, en los recesos y la acompañaba a su casa. Me quedaba con ella hasta las 8 o 9 pero no me bastaba; yo necesitaba sentarme junto a ella. Me siento responsable de ella, tengo que protegerla.
 Ese año sin ella me afectó demasiado, nunca pude ponerme al corriente en matemáticas y no pude aprobarla ni en extraordinario. Pero no es por eso que me quedé sin universidad, fue el dinero. Alana se metió con media beca a una universidad de paga y yo ni siquiera pude hacer el examen de admisión para las universidades públicas por las materias que debía. De cualquier forma a mí no me hubieran podido pagar una universidad privada, así que me metí a trabajar y eso me gustó más que estudiar. Nunca fui buen estudiante y la escuela me aburría, nunca le encontré sentido a estudiar un poco de todo. A mí me hubiera gustado estudiar para ser piloto, desde niño lo decidí pero las cosas no salieron como yo esperaba. Trabajar fue mejor para mí, hacer algo con un propósito y recibir dinero a cambio, no estudiar biología, química y matemáticas.
El tiempo en la universidad fue muy difícil, nos separó más que el primer año de preparatoria. Fueron cuatro años horribles. A veces no podía ir a dejarla ni recogerla. Había días que ni siquiera la veía. Traté de compensar el tiempo perdido con el fin de semana, viernes, sábado y domingo juntos. Viernes teníamos varias fiestas, suyas o mías. Sábados estábamos solos y los domingos con su familia o la mía. No me hallaba, trataba de adaptar nuestra relación a todos los cambios pero Alana no me ayudaba.
En una ocasión fui solo a una fiesta de sus amigos, ella insistió en quedarse en casa a estudiar para un examen muy importante todo el fin de semana. No me dio opción, tuve que ir solo porque me pidió que no me quedara con ella en su casa, que de verdad necesitaba estudiar sola. Me iba a regresar a mi casa pero la fiesta estaba de paso y era viernes en la noche. Fue el primer fin de semana que no estuvimos juntos. Tuvimos una pelea muy fuerte, no me marcó ni yo a ella. Yo estaba perdido sin ella, tuve que embriagarme como nunca y terminé acostándome con Tania, su mejor amiga. Yo sabía que le gustaba desde la secundaria. Estuvimos juntos toda la fiesta, tomando y platicando. Fue la primera vez que estuvimos juntos sin Alana. No recuerdo quien besó primero a quién pero terminó sentada sobre mí en el baño de arriba. Bajamos separados para que nadie sospechara, nos vimos al día siguiente para platicar de lo sucedido. Fui a su casa con muchísima culpa y miedo, ella también se sentía así. Acordamos no volver a hacerlo y ocultárselo a Alana, pero cuando me dijo que no había nadie más en la casa empecé a tocarla y lo volvimos a hacer ahí mismo, en la mesa de la cocina. Antes de irme lo hicimos en el sillón de la sala.
Alana es hermosa, es como una princesa. Tiene ojos verdes y piel clara, su cabello es castaño; parece extranjera. Es delgada y muy bonita, la verdad si quiero casarme con ella y que mis hijos salgan así. Pero Tania está muy buena. No es bonita de la cara pero está muy sabrosa de cuerpo y se mueve como las de las porno. Hacerlo con Alana es bonito, solo lo había hecho con ella. Con Tania es como subirse a una montaña rusa, es emocionante, excitante y no puedo resistirme. Tania hace cosas que Alana jamás haría. Con Tania no hay límites, me deja hacer lo que yo quiera y ella hace cosas que nunca habría hecho con Alana. Creo que es una ninfómana y está mal de la cabeza pero no me importa, no la quiero; lo nuestro es solo físico. La cosa es que se nos volvió costumbre. Dejé de perseguir a Alana y si estaba ocupada me iba con Tania. Es más, llegué a cancelarle a Alana para estar con Tania. Tania fue algo bueno para nosotros, gracias a Tania le pude dar a Alana la libertad que siempre me reclamó. Nunca estuvimos tan bien como cuando Tania se interpuso entre nosotros. Alana estaba más contenta, cuando me veía era más efusiva, estaba de buenas, hablaba y se reía.
En una ocasión se me ocurrió tratar con Alana un poco de todo lo que hacía con Tania y se enojó. Se ofendió muchísimo, dijo que la lastimé y tuvimos una pelea muy fuerte. Gritamos, la empujé y nos dejamos de hablar dos semanas. Yo aproveché para irme con Tania. Tenía poco que vivía sola, me quedé las dos semanas con ella. Fueron las mejores dos semanas de toda mi vida. Ella pagó la comida y las salidas, estaba muy enamorada de mí.  Ni siquiera extrañé a Alana y empecé a contemplar la idea de quedarme con Tania y no con Alana, pero eran varios años juntos y teníamos todo en común, las familias, los amigos… no podía dejarla tan fácil. En esa confusión, fue Alana la que me buscó a mí. Dijo que teníamos que arreglar las cosas, hablar más, establecer límites y no sé qué. A partir de ahí Alana trató de ser un poco más abierta en la cama pero es demasiado penosa. Su familia es muy conservadora y religiosa, desde ahí está todo mal. Siempre que lo hacemos tiene que ser con la luz apagada, no le gusta que la vea desnuda, dice que le da vergüenza. Solo lo hacemos de misionero, también le da pena estar ella arriba o de perrito. Todo le da pena, no quiere tratar nada nuevo, a veces es aburrido. Antes de Tania lo soportaba sin problemas pero una vez que Tania me mostró el verdadero placer fue difícil conformarme con tan poco.
Arreglé las cosas con Alana y me fui de casa de Tania. Tania se enojó muchísimo y dijo que ya no quería saber nada de mí. Ya no volvimos a vernos. Coincidimos en un par de fiestas pero apenas si nos saludamos. También se alejó de Alana con el pretexto del trabajo y la universidad. La última vez que la vi iba acompañada, con un tipo de su trabajo, mucho mayor que ella. Después de las dos semanas de separación, Alana y yo estuvimos muy bien. Todo perfecto, sin problemas. Un año maravilloso hasta que no sé cómo Alana vio una foto mía en casa de Tania. Resulta que una compañera de trabajo de Tania es prima de algún conocido de Alana por Facebook. En la foto sale la cara de Tania mostrando su maquillaje y estoy yo en el fondo sin playera, caminando al baño. Es imposible negar que soy yo, aunque esté lejos por los tatuajes del hombro y la espalda.
Le dije a Alana que fue en las dos semanas que nos peleamos hacía mucho. Desde ahí cambió mucho. No me reclamó nada más y ya no quiso hablar de eso pero nada fue igual desde ese día. Empezó a pedirme explicaciones de todo y a tratar de descubrirme mintiendo. Llegó a aparecerse en mi casa y en el trabajo sin avisar. Una vez la caché siguiéndome en la calle pero no le dije nada.
Medio se arreglaron las cosas y Alana terminó la universidad. Comenzó a trabajar en un despacho de abogados y de pronto, así de la nada, me pidió un tiempo. Nos seguimos viendo porque yo trabajo en el negocio de su familia, entonces buscaba pretextos para ir a su casa. Me invitaban a todos sus eventos; yo era parte de la familia desde que tenía 12 años. Me llevo bien con todos, todos me quieren y el hermano de Alana es como mi mejor amigo. Por más que trate Alana de terminar conmigo no puede, no es tan fácil. Estoy bien metido en su familia y ella en la mía.
Las primeras veces que fui a sus reuniones familiares, nadie se dio cuenta de que estábamos “tomándonos un tiempo”. Creo que no le dijo a nadie, ni su hermano sabía. Fue en año nuevo que se empezaron a dar cuenta porque a la hora de las campanadas del cambio de año yo estaba abrazando a su hermano y no a ella. Desde ese día me empezaron a preguntar si pasaba algo entre nosotros pero yo lo negaba. Todos se preocupaban por lo que pasaba entre nosotros, a lo que yo respondía que estábamos bien pero que había varios cambios en nuestras vidas. La verdad es que solo su vida cambiaba, yo he hecho lo mismo desde que terminé (o casi termino) la preparatoria. Me metí a trabajar al negocio de su familia, tienen joyerías en el centro, y fue ella la que se metió a la universidad y luego a trabajar con los abogados. Ella cambió, no yo. Es culpa de ella que estemos así. Dice que sí quiere estar conmigo pero no todos los días, ¿cómo nos vamos a casar entonces? No puedes dejar de ver a tu esposo cuando vives con él. Dice que me ama pero prefiere salir con sus amigas. Quiere ir conmigo a fiestas pero  no a todas. Quiere irse a vivir conmigo pero todavía no es tiempo. No la entiendo.
No recuerdo la última vez que nos besamos. Han pasado meses. Hoy pasó algo increíble, llegó al cumpleaños de su hermano con un compañero de trabajo. Se llama Joselito y no es apodo, es su nombre. El Joselito es más chaparro que ella, no puedo creerlo. Yo mido 1.80 y le saco casi una cabeza a Alana. Joselito mediría lo mismo que ella si se parara de puntas. Dice que es su compañero de trabajo y que tienen que ir a la oficina a hacer algo muy importante. Vienen los dos muy trajeados, como abogados. Fue de muy mal gusto que viniera acompañada, nadie en la familia lo aprobó. Vinieron a darle el regalo al hermano, comieron rápido y se fueron. Joselito no es solo pequeño sino delgado, y se ve más joven que ella aunque dicen que es más grande.
Le marqué por teléfono y no me contestó. Tuve que quedarme en su casa hasta que regresara para preguntarle. Como lo pensé, vi al Joselito traerla en su coche y dejarla en la esquina. Me mintió y dijo que se regresó sola pero que no tenía que darme explicaciones. Le enseñé las fotos de ella saliendo del coche de su chaparro y se encerró en su habitación. Al día siguiente se me apareció en la oficina, dijo que el tiempo ya no era necesario, que le había quedado claro que ya no había nada entre nosotros. Le contesté que no podíamos terminar, que nos íbamos a casar y a estar juntos toda la vida pero dijo que no. Tuve que jalarla del brazo para que no se fuera. La convencí de quedarse, hablamos tres horas y acordamos que no terminaríamos. No regresaríamos pero seguíamos en “un tiempo”.
Ella fue muy mala después de eso. Se fue a vivir a casa de algún familiar pero no me quisieron decir dónde. Cambió el celular y me fue imposible hablar con ella. En la oficina donde trabaja hay que entrar con gafete y es un edificio de varios pisos, no sé en qué piso está. Hay varias entradas pero no sé por dónde entra. La esperé varias veces pero no la encontré. Hablé con su mamá para que me ayudara pero se puso en mi contra. Me dijo que ya no era mi novia, que tenía que dejarla ir. Le expliqué que si éramos novios pero que nos estábamos dando un tiempo. Su papá intervino y le pidió que no se metiera en nuestras cosas. El sí quiere que nos casemos y que le demos nietos tan pronto sea posible porque dice que él no llega a viejo.
Alana regresó a casa en unas semanas pero se encerraba en su cuarto si yo estaba en su casa. Después de unos días se acostumbró a mi incómoda presencia. Pudimos hablar de nuevo. Tuve que darle su espacio y no insistir, su mamá estaba cerca de ella cada que yo iba a la casa. Éramos amigos todavía, compartíamos muchos recuerdos, yo pasaba más tiempo con su familia que con la mía y trabajaba para ellos. No solo era un empleado, era casi un socio porque manejaban mucho dinero y yo era de confianza. Solo el papá, el hermano y yo tenemos todas las llaves y tenemos acceso a toda la mercancía.
Nuestro rompimiento fue gradual para la familia, se acostumbraron a no vernos juntos y poco a poco fue metiéndoles al Joselito. Que ganas de partirle la cara al chaparro, nunca ha puesto un pie en un gimnasio y no sabe pelear. Que ganas de ponerle unos chingadazos al pendejo del Joselito para mostrarle a Alana que tiene que estar conmigo. Lo metió a la familia poco a poco, pasó de ser un compañero de trabajo a un amigo. Obviamente nadie lo aceptó, estaban acostumbrados a mí, me querían a mí. Yo voy al gimnasio y estoy alto, Joselito es un pendejo, chaparro y flaco. Siempre está de traje, hasta los domingos. Para el cumpleaños de la abuela fuimos a la Marquesa y el enano terminó todo enlodado. Yo estaba medio borracho y encabronado de verlo ahí, entonces cuando pasó frente a mí, hice como que me tropecé y lo empujé al lodo. Que risa le dio a sus primos, a uno hasta se les salieron las lágrimas. Estaban borrachos también, estaban tomando conmigo. Hasta los lentes se le llenaron de lodo. Yo me aguanté la risa y lo ayude a levantarse, le di servilletas para que se limpiara y le dije en voz baja que lo mejor era irse para cambiarse. Él me disculpó, dijo que fue un accidente y se quedó todo enlodado hasta terminar de comer. Alana fue la que estaba de cara larga e insistió en irse con él. Se fueron los dos en su nave espacial. Pinche coche, lo dejé todo rayado un día que los seguí a un restaurante y lo dejaron estacionado en una calle poco transitada. Lo mandó pintar porque tiene que dar buena impresión con los clientes, y se lo volví a rayar. También le ponché las llantas y le robé los espejos.
Al Joselito nadie lo quiere en nuestras reuniones, solo Alana. Los papas de Alana no lo quieren ahí, ni los primos, ni los tíos. Es un tipo callado, no sonríe y siempre está de traje. ¿Quién va de traje a la Marquesa en domingo? Él se lo buscó. Como si fuera mejor que nosotros. Siempre en su coche y de traje. Muy callado, sin hacer nada. Solo se sienta junto a Alana a escuchar la conversación del grupo. Es como una fiel mascota, siempre a su lado, sin moverse ni hablar. Fuimos a Cuernavaca un fin de semana, fue la primera vez que lo vi sin traje. El papá de Alana los cuestionaba sobre su relación, preguntaba cómo era posible que se quedara todo el fin de semana con ella si no eran novios. Preguntó si de verdad había terminado conmigo y Joselito no dijo nada. El papá y yo habíamos estado tomando, talvez por eso el papá se puso de necio y la acorraló. La mamá no se metió esa vez. Los tíos estaban de mi lado, le pedían a Alana que regresara conmigo y que le dijera a su amigo que no era bienvenido. Vi que Alana discutía fuera de la casa con Joselito, supongo que él quería irse y ella no lo dejaba. Lo convenció de quedarse pero ya no salió de su cuarto. Alana evadió las preguntas y le pidió a su padre que se detuviera. Su padre se disculpó y lloró con ella. Los primos y los tíos nos quedamos tomando hasta el amanecer. No dormimos nada y seguimos tomando en el desayuno. De pronto, veo que el Joselito está caminando junto a la alberca y no me aguanté las ganas. Pateé el balón de futbol con todas mis fuerzas y le di en la mera cabeza. Sus lentes salieron volando para la izquierda y él se cayó hacia la derecha, al agua. Nos estábamos orinando de la risa cuando vemos que Alana se mete con todo y ropa a la alberca. Alana gritó que el enano se nos moría porque no sabía nadar y se nos bajó la borrachera en un segundo. Tuve que aventarme yo a sacarlo. Salió tosiendo con cara de que había visto al diablo a los ojos. Alana, después de acomodarlo en un camastro, se me abalanzó. Me agarró a cachetadas y tuve que agarrarle los brazos para calmarla. Uno de los primos me ayudó a tranquilizarla. Joselito se subió a su flameante auto rojo, todo mojado, y se fue. A la hora de la comida Alana les dijo a todos lo que había pasado en la mañana, quería que yo le pagara el celular a Joselito, que se había mojado en la alberca y ya no servía. Los primos se reían y hacían burla, estaban de mi lado. Los tíos nada más nos miraban, sin entender bien lo que había pasado.
Nadie quería al tal Joselito. Estaba con nosotros todos los domingos y a veces también entre semana. Alana me retiró el habla. No me saludaba, no me dirigía la palabra ni me contestaba. Para reconquistarla tenía que deshacerme del Joselito. En un paseo familiar estábamos jugando futbol, Joselito en el equipo contrario. No fue mi intensión pero le rompí la nariz. El pendejo me llega al hombro y cuando le puse el cuerpo, como el tarado no sabe entrar, le rompí la nariz. Tuve que llevarlo yo al hospital en mi coche (bueno la camioneta del negocio). Estábamos Alana yo y él en urgencias. Me disculpé, sentí lástima por él. Joselito lloraba del dolor y Alana lo consolaba. Le juré que había sido un accidente, no como la vez de la alberca. Me pidió que la dejara en paz, que no regresara a su casa, que la dejara en paz a ella y a su familia. Le dije que yo no quería nada con ella, que ya tenía otra novia. Le dejé muy en claro que no iba a renunciar a mi trabajo ni a mis amigos por ella. Su hermano es mi mejor amigo, su papá es mi jefe, sus primos están conmigo en el equipo de futbol, voy a entrenar box con uno de sus tíos, llevo a su abuela al hospital dos o tres veces al mes, le ayudo a su mamá con el super, la tintorería y todo lo que necesita… “no me puedes sacar de tu vida” le dejé bien claro.
Nos dijeron que tenían que operarlo pero que el quirófano estaba ocupado, que se tenía que quedar así uno o dos días, solo con analgésicos para el dolor. Después de la operación Joselito terminó con Alana, no quiso que se quedara con el los días de la recuperación. Se supone que no eran novios pero le dijo que no quería verla a ella ni a su familia. Creo que lo dijo enojado, así sin pensarlo, pero a Alana le dolió mucho. Alana lo buscó y él se negó a salir con ella. Nunca la había visto tan triste. Ya no me hacía caras ni desaires, era como un cuerpo vacío. Parecía zombi, no se arreglaba y no quería hacer nada. Estaba muy enamorada de él, por mí ya no sentía nada. Gracias a su dolor pude volver a hablar con ella los días que ya no estaba con él. Alana lloraba por él y estaba hundida en la depresión. Empezábamos a volvernos amigos o bueno, a hablar, cuando Joselito aceptó volver a salir con ella.
No sé con qué cara se volvió a aparecer el maldito duende. Como hizo sufrir a la nieta preferida, la abuela no podía ni escuchar su nombre. Decía que era un enano grosero que había lastimado mucho a su niña. Los papás tampoco lo querían por lo mismo, pero ahí estaba, en el cumpleaños de la mamá, con la nariz rota, la cara vendada y los ojos hinchados. Caminaba como viejito y hacía ruido al respirar. Alana casi le daba de comer en la boca, a ver qué más necesitaba el rey. Como no podía manejar, el papá de Alana lo regresó a su casa al final. El madrazo le ayudó a acercarse a los padres de Alana, y hasta a los tíos. Todos estaban al pendiente del enfermo. Debí recordarlo la próxima vez que le metí un chingadazo.
Alana recobró su brillo. Estaba muy sonriente, con o sin él. A mí me saludaba cuando me veía y a veces hasta hablábamos un poco. Creí que tenía posibilidades de arreglar las cosas entre nosotros pues si ya había terminado con él una vez era más fácil terminar en definitiva, pero en el siguiente accidente mis esperanzas se esfumaron. Estábamos pintando la casa de la abuela y el pequeño se subió a una escalera mientras uno de los primos la sujetaba. Al primo le sonó el celular, era una llamada importante de una entrevista de trabajo. El primo me pidió que agarrara la escalera y le dije que sí. El Joselito se asustó y me gritó que me apresurara. Me enojó que me gritara y le dije que yo no trabajaba para él ni nada, que no podía hablarme así. Entró en pánico y trató de bajarse. Él solito aventó la escalera al tratar de bajarse. La escalera salió volando para un lado y el idiota para el otro. Cayó sobre su pie derecho y se rompió el tobillo. Fue una fractura expuesta, el hueso roto le perforó la piel, entonces hubo sangre, huesos, gritos y terror en la habitación.
La mamá de Alana pensó que yo lo había tirado y quería llamar a la policía, en ese momento me di cuenta que ya la había perdido desde hacía tiempo. El papá fue quien abogo por mí y le quitó el teléfono para que no llamara. Vino la ambulancia, fuimos todos al hospital y lo operaron en la noche. Joselito dijo que yo no lo había empujado, que él se había caído solo. Mi exsuegra se disculpó conmigo pero de muy mala gana, ya no me quería ella tampoco, igual que su hija. Ni Alana ni la mamá me tragaban, yo era algo así como una insecto horroroso para ellas. Mi plan de reconquistarla no encontraba pies ni cabeza. Un poco de luz empecé a ver cuando dijeron que se quedaría internado una semana después de la cirugía. Talvez él ya no querría estar con Alana por miedo a mí, o se volverían a enojar como cuando se rompió la nariz.
Después de la cirugía de tobillo, Joselito se quedó en casa de Alana. Resulta que sus padres murieron en un accidente cuando él era niño, y sus hermanos no podían cuidarlo. Joselito vivía solo en un departamento, no podía cuidarse solo. Alana le dejó su cuarto y ella dormía en la enorme cama de sus padres, donde tantas veces consumamos nuestro amor. Trabajaba desde casa, tenía su oficina en el cuarto de Alana. La mamá era su sirvienta, Alana su esclava y el papá su chofer, el hijo de puta vivía la gran vida. Hasta a mí me tocó llevarlo a revisión al hospital. Tuve que cargarlo para subirlo y bajarlo de la camioneta, no sé para cuál de los dos fue más incómodo. En el trayecto no hablamos nada, él me odiaba a mí y yo a él.
Debo aceptar que me molestó verlo platicar con los primos de Alana. La vez anterior que nos vimos, estábamos los primos y yo burlándonos de Joselito pero en esta ocasión él les hablaba de negocios y todos lo escuchaban muy atento. Olieron dinero y como perros amaestrados estaban muy sentaditos escuchando sus pendejadas. El hijo de puta resultó ser un gran conocedor de vinos (todos saben igual). Tomó un curso de vino y toda la fiesta escuchaba sus tonterías mientras le daba vueltas a la copita. Que el aroma y el cuerpo, que no sé qué. A lo que tiene que recurrir uno para compensar por las carencias de la estatura. Nadie sabía que color buscar en la copa, ni por qué tenían que darle vueltas, pero todos lo obedecían y lo escuchaban con atención. Resulta que también habla francés, la tía llevó a un sobrino a que lo ayudara a estudiar para el examen. Después de eso el sobrino iba dos veces a la semana a estudiar con él, ahí se ganó a la tía y a ese sobrino. A los primos se los ganó con dinero, les prestó para poner una cafetería, o eran socios o no sé. Alana y yo tenemos 26, él tiene casi 40, una de las razones por las que la mamá no lo quería; decía que era muy grande para Alana. El chaparro era muy grande, que ironía. A sus 40 tenía ahorros y un trabajo estable, lo que le permitió aventurarse en la cafetería con los primos. La cafetería funcionó tal cual lo predijo el enano, así que pudieron abrir otra. Ninguno de los primos se burlaba de él, ahora trabajaban para él. Yo solo los veía muy de vez en cuando. Se hicieron socios y amigos, salían de fiesta y toda la cosa. Al hermano de Alana también lo jalaron. Un par de veces lo caché con la mentira de que tenía algo que hacer pero en realidad se iba con Joselito y con los primos.
Ahora era un Ángel el Joselito. Todos lo necesitaban, todos lo querían. Yo seguía trabajando para mi exsuegro, el suegro de Joselito, pero ya no tenía las llaves de todo. También me quitaron la camioneta, solo la usaba para cosas del negocio. Me dejaron de invitar a las reuniones familiares y a la casa ya no entraba, solo al garaje a dejar algún carro. Si veía al hermano de Alana era en otro lado porque él ya no vivía ahí. No sé en qué momento perdí todo. En el trabajo ya no era de los jefes, era un empleado más.
No volví a ver a Alana, hasta el día de su boda. Ni siquiera sabía que era su boda. El papá me pidió que fuera a llevar varias cosas a un salón y que ayudara a acomodar con otros dos chalanes. De pronto Alana entró con su vestido de novia, muy estresada porque faltaban muchas cosas que hacer y porque había perdido algo. Me vio, pero no me reconoció o no quiso hacerlo. Yo ni la saludé, estaba trabajando.
Su papá me corrió un día que le dijeron que me robé algo. Su hermano me dejó de hablar antes de eso. Lo último que supe de Alana fue que iba a tener a su segundo hijo por una foto del Facebook de Tania. Ya son amigas otra vez y las dos tienen hijos de la misma edad. Se fueron de vacaciones a la playa las dos familias. Las dos se ven muy contentas. Yo sigo buscando trabajo y por el momento no tengo  pareja. Me hubiera gustado ser yo el que estuviera con alguna de las dos en esa foto.

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Mexicano viviendo en Japón, gozando de mis dulces 16 (por segunda vez), godin deprimido, rapero frustrado, comediante serio, escritor (bastante malo [maligno, no mediocre]{creo}) Antes escribía puro terror, pero estos últimos años me ha entrado un calorcito que me obliga a escribir puras cosas cachondas, aunque de vez en cuando se me sale el demonio. Solía estar muy activo en esta red pero me cambié de trabajo. Ahora gano mucho dinero pero casi no tengo tiempo libre. También me dio por dibujar más que escribir, casi todos los días dibujo. Checa mi instagran: orashiosensei

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