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5 min
Albondiguillas de cerdo en salsa negra
Suspense |
27.03.17
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Sinopsis

La degustación del nuevo menú de temporada de un gran chef, una receta muy antigua que esconde un secreto, un engaño y una venganza.

    La veo acercarse desde el otro lado del salón. Mueve su escuálido trasero hacia mi como si un millón de hormigas furiosas le bailaran reguetón entre las nalgas. No recuerdo su nombre, pero sí que tiene un pequeño alambre dorado que le asoma en la sonrisa, un “puente”, sea eso lo que sea.
    —Hola guapo —me dice mientras sonrío a la espera —. Estoy disfrutando como una loca, me encanta que me invites a estas cenas —de repente recuerdo, es crítica culinaria en alguna revista.
    —No podría dejarte fuera —tiene el plato lleno de albóndigas —. ¿Te están gustando?
   —Son impresionantes —dice removiendo la lengua por el alambre —, tienen un sabor… no sé, tan suaves…
    —Es el hígado…
    —¿Qué? —dice con cara de haber descubierto algo importante.
    —… no se lo digas a nadie, entre tú y yo, es el hígado, se mezcla con la carne y da ese toque suave y, al mismo tiempo, ese sabor tan… no sabría como llamarlo… —digo bajando la voz.
   —Carácter, yo lo llamaría carácter. Delicioso —dice mirándome como si tuviéramos un secreto sublime.
    —La receta es muy antigua, aunque tiene mi toque personal, claro...
    —Normal, un chef como tú debe haber dejado su impronta. ¿De dónde sale?
   —De un libro de recetas de 1763, de Francisco Martínez Montiño, ya sabes, el cocinero mayor del Rey —menea la cabeza engullendo como si supiera de qué le hablo.
    Levanto la mirada y muevo la mano mientras sonrío, como si alguien me hiciera señas.
    —Tengo que dejarte, estoy encantado de que hayas podido venir y no te preocupes, no pienso olvidarme de ti para la próxima —sonrío, me mira cándida y pasa su mano por el antebrazo del traje mientras huyo.
    Me escabullo hasta la terraza y enciendo un pitillo con las luces de la ciudad a mis pies. Es horrible, llevo sin fumar casi seis años, pero me engañó el recuerdo de que calmaba los nervios.
    —Creía que ya no fumabas —aquella voz me enerva aún más —, ¿Nervios?
    —Un poco —respondo al “gran chef” y amante de mi mujer con tono amable. Se supone que no lo sé y ahora, más que nunca, tengo que evitar que se me note —. Creí que no vendrías, sé que tienes el άδης lleno.
    —Bueno, no todas la noches un amigo da un banquete de degustación de su nuevo menú en su piso, ¿Verdad? —dice dando un sorbo al whisky —Todo exquisito, por cierto —sonrío anhelante.
    —¿Lo has probado? ¿En serio? ¿Qué te pareció?
   —Repito, todo exquisito. Las albóndigas soberbias… es la receta de Martínez Montiño, ¿Verdad? —vuelvo a sonreír.
    —No creí que alguien supiera de dónde sale la receta.
    —Lo del mezclar el hígado y estragón con verduras es inconfundible, pero hay algo… —la sonrisa se me hace más amplia —… vaya, tu toque —dice sonriendo a su vez —. Ya lo descubriré. 
    A propósito, ¿Dónde está Mara? No la he visto —“Ya”, pienso.
    —Tuvo que hacer un viaje rápido a Temuco… —el vaso se le queda a medio camino de la boca —… su padre enfermó de repente.
    —Vaya… ehm… lo siento mucho, no… no lo sabía… —traga saliva y los ojos parece que se le van a salir de las órbitas.
   —Tranquilo, le diré que preguntaste por ella —y entro dejándolo allí, dándole vueltas, digiriéndolo. ¿Se atreverá a llamarla? Puede sí, da igual, saltará el buzón de voz del móvil que va en el avión Madrid-Santiago en un carrito de mi empresa de catering, se apagará para siempre en veinticuatro horas.
    Al entrar en el salón los invitados me miran y la crítica culinaria de culo escuálido sonríe haciendo un saludito. Me subo a una silla y levanto los brazos.
    —Queridos amigos, quiero agradeceros que hayáis venido para apretujaros en mi casa y gastar vuestro preciado tiempo en degustar el nuevo menú del Bouche Bée. Un pajarito dice que las albóndigas están haciendo furor… el camarero que no para de llenar fuentes... —todos sonríen —... por favor, no duden en dejar las bandejas vacías. Espero no haber defraudado a nadie, pero prometo hacerlo mejor la próxima vez. Ahora, con vuestro permiso, voy a retirarme... —un murmullo de noes —... discúlpenme, pero me gustaría llamar a mi mujer que, como saben, ha tenido que hacer un viaje repentino por su padre —alguien dice que es una pena que no haya podido estar —. Oh, lo está, lo está... —murmuro entre dientes en medio de los aplausos —... os la estáis comiendo.

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  • Tus relatos están vivos, con esa esencia humana (como el plato principal, vaya) que hace falta para expresar. Imaginaba el final, y aun así ansiaba llegar al momento cumbre, jeje.
    Gracias por comentar, Alma de blues. Un saludo.
    Menudo "truño" ( ahora puedes seguir poniéndome unos )
    Ojos que no ven... todo está bueno, eh. Muchas gracias por comentar, Bom Bom,
    Que canibales xDD
  • Su tío muere y le deja todas sus cosas. Ella se acerca a una propiedad que no sabía que él tenía y resulta que le han regalado mucho más que una propiedad.

    Hay quien busca para encontrar, pero también hay quien busca por costumbre, por deseo, o por otras cosas... igual de respetables, o no.

    Todos necesitamos a alguien con quien hablar, los hay que lo necesitan sólo por oírse a si mismos en medio de la oscuridad de sus pensamientos.

    La degustación del nuevo menú de temporada de un gran chef, una receta muy antigua que esconde un secreto, un engaño y una venganza.

    Un médico que se dice a si mismo que le preocupan sus enfermos, unos enfermos que se mueren y no lo saben... ¿O hay algo más detrás de todo eso?

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Border profesional | Esquinado por hobby | Poldavo militante | Juntaletras forever | Cuando soy bueno, soy buenísimo, pero cuando soy malo SOY SENSACIONAL ¬¬)-♫

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