cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

12 min
Algo tipo Torrente, pero en mujer
Humor |
22.04.15
  • 5
  • 0
  • 444
Sinopsis

Tomasina en el INEM es el título.

 

Y aquí estoy yo, de nuevo, construyendo el paisaje de esta ciudad digna de ser española, triste y desamparada, ubicada en la cola del paro del INEM. Noventa y tres días, cuatro horas, diez minutos y un montón de segundos han bastado para superar mi récord trabajando de forma continuada. Me acompañan treinta personas por delante y veinte por detrás. Pesarosas, sus autoestimas chismorrean a altura del tobillo los variopintos puestos abandonados; médicos, sexadores, toreros, árbitros, astronautas, mamporreros, y hasta algún político descarriado que no ha querido subirse al tren. La crisis ha aumentado los clientes de este tipo de establecimientos, con lo cual, la mitad de los congregados disfrutábamos de la tediosa espera a la intemperie. Lucía un día nublado espectacular. Un inteligente calabobos nos ablandaba los sesos para que una vez alcanzado nuestro turno fuéramos más fácil de engañar. Una "jauría" de pájaros (estorninos, o simples gorriones), perfectamente alienados, sobrevolaban nuestras cabezas bombardeando con sus heces al igual que el Whitley en la Segunda Guerra Mundial. Todo ideado, planificado con esmero, dispuesto para regalarnos ese empujoncito que nos haga desistir, abandonar cabizbajos, restando cada batalla perdida al número total de desempleados nacional.

Justo delante mía un proyectil acertó en plena diana; a la rubia platino teñida con mechas doradas, le oscurecieren el pelo mediante el tinte de una boñiga. No pudo más y rompió a llorar. Otra victoria de los estorninos adiestrados que desde la copa de un pino graznan imitando las risas diabólicas de mal.
Esos malditos bichos no me conocen, no saben que por la malas soy muy mala, por la buenas la mejor, y si va de regulares, en el medio más o menos ando yo. Pero eso sí, a vengativa soy espléndida. Aunque haya mermado mi memoria persevera esta maravillosa cualidad. La heredé de mi abuela, que en paz descanse la hija de puta, que nunca olvidó que involuntariamente naciera en sus bodas de plata y por ese inocente motivo fui cruelmente desheredada. Así que ni corta ni perezosa, tomé un guijarro y lo lancé, con la pocas fuerzas de una mujer de ochenta kilos acostumbrada a trabajar en el campo, a las puñeteras aves del demonio. Acerté, pero no a ninguno de los asquerosos pajarracos, sino a un auto con alarma que se encontraba al otro lado de la calle. El estrepitoso sonido alteró la tranquilidad de un pastor alemán que por no dejar cantar solo al coche le acompañó con sus tiernos aullidos. Si sumamos que el nubarrón dejó de calarnos finamente para empaparnos con brusquedad, más el llanto de la teñida, más los graznidos de los estorninos, más mis enormes ganas de orinar, podemos concluir que a pesar de la ilusión que me produjo la superación de un récord, mis momentos en la cola del paro no me hicieron alegrar.

Diez minutos más tarde, empapada, agotada y humillada por los gorriones estorninos, entraba en la parte techada del INEM.¡ Qué sensación mirar hacia atrás y contemplar a los pobres que aguardan bajo la intemperie y el peligro de los pájaros asesinos! ¡Qué sentimiento de placer experimenta el ser humano al advertir que existe alguien que se encuentra en el fango donde antes ha estado él! Pero ésta vez no me guiaré por mis instintos básicos de mala persona, cuando salga, en vez de mirarles con muecas de prepotencia y pena, les darles ánimos a los pobres desgraciados. ¡Claro que soy diestra en el arte de fingir, y por supuesto que este talento también heredé de mi abuela!

Mi ropa se fue secando con el calor de los radiadores de la sala, y agradecí no estar en el piso de Arguelles, donde mi sueldo no me permite seguir la recomendación de los 23 grados centígrados de temperatura de los hogares de Madrid. Todo esto no lo pensé, sino que se lo transmití a la mujer del pelo tricolor que inútilmente se limpiaba los cabellos con un kleenex mojado en sus propias lágrimas. - Que a gusto estamos aquí - le dije para entablar conversación y agradecer el reconfortante bochorno, y ella me miró tristemente y de nuevo comenzó a llorar.

Dos personas, tan sólo dos personas y ya me tocaba mi, ¡Qué nervios!, y yo cuando me pongo nerviosa soy como mona y me entran ganas de mear, ¡uf, qué nervios! Pasan los segundos como minutos, los minutos parecen horas, ya queda poco pero no me aguanto. - Enseguida vengo, por favor, que no se me pase el puesto.- Corro al baño y levantándome la falda y apartándome las bragas para ir mas rápido relajo mi cuerpo hasta sentir un escalofrío. Volando llego al mostrador justo en mi turno, me siento en la mesa y le entrego los papeles humedecidos por mis manos humedecidas.- Lo siento, la lluvia- mentí.

La suerte me sonríe; la funcionaria sentada al otro lado de la mesa me evoca a mi fiel amiga Purificación, también llamada Merche por sus allegados. Una malva, tranquila y serena, sin carácter, la personalidad contraria a la de mi abuela.

- Buenos días.

- Buenos días- repito efusivamente.

- ¿ En que le puedo ayudar ?

- ¿ Su nombre no será Merche ?- interrogo expectante.

- No.

- ¿ Y Purificación ? - más expectante aún.

- No, no, mi nombre es Julia, pero no creo que sea importante para tramitarle los papeles del paro, porque ha eso ha venido usted, ¿verdad?- respondió bastante enfadada.

- Claro que he venido por eso. Pero también deduzco que usted no es mi amiga, a la que me recordaba, no porque el nombre no coincida, sino por que usted ya está irritada y Merche era una malva, nunca se enojaba. Pero dejando este asunto para más tarde, para la hora de la reclamación pertinente por sus malos modos, le cuento que sí, que he venido por el asunto del paro, y ya que observo una enorme escasez de paciencia por su parte le resumiré brevemente mi situación para no aburrirla. He trabajado durante noventa y tres días, cuatro horas, diez minutos y un montón de segundos, mi récord hasta que el estúpido de mi jefe me puso de patitas en la calle. ¿ Y sabe por qué ? Por amor. No, no, no por ese pazguato de tres al cuarto de pies planos y pantalón al sobaco, sino por un guapo y caballeroso cliente.

- Por favor al grano- me inquirió enfadada la falsa Merche.

- Sí, tranquila, no dude de la celeridad de mi relato, pero es mi deber ponerla en antecedentes para disipar todas las dudas del motivo de mi despido, a no ser que estar enamorada sea suficiente justificación para abofetearme con el finiquito hasta tener que abandonar mi puesto de trabajo, dejándolo todo empantanado como nunca ha sido mi costumbre.

- Al grano, al grano, por favor.- repitió con un tono nervioso.

- Sí Merche ya voy al grano, pero deje de interrumpirme o no acabaré nunca y los pobres que esperan en la cola morirán cubiertos de cagarrutas. ¿ Verdad que los estorninos están amaestrados por el funcionariado ?

- ¿Pero qué dice? ¿ De qué estorninos me habla? ¿ Por qué me llama Merche? Me llamo Julia, ya se lo he dicho.- sus ojos comenzaron a enrojecer por la tensión de la sangre en sus venillas.

-No se haga la tonta señora funcionaria. Pero dejemos ese tema para el momento de la reclamación pertinente, porque con tanta interrupción no terminaré nunca de hacer los papeles. No es de extrañar la mala fama de los empleados públicos. Diez minutos y todavía no hemos llegado al meollo de la cuestión.

- Continúe por favor, continúe.

- Bueno, Merche, porque usted para mí siempre será Merche, aunque para su familia y sus amantes sea Julia. Y que sepa que la llamo Merche por su parecido físico a mi amiga, no porque usted sea una malva.

- Llámame como quiera pero abrevie, por favor.

- Muy bien, abreviaré todo lo que pueda. Me despidieron por amor o mejor dicho desamor. Le explico: yo trabajaba en un sexshop, un sitio de esos con cabinas donde van los hombres a desahogarse. Pero no piense, que aunque tenga este cuerpo y estilo era yo la que provocaba sus deleites. No, por amor de Dios, yo nunca vendería mi honra por cuatro míseros duros, ni por euros, aunque sean mucho menos míseros. Yo era la chica de la limpieza. Mi labor consistía en esperar fuera de la cabina a que el cliente descargase, y una vez salía del habitáculo entraba yo con mis utensilios a dejar todo como una patena. No podía despistarme ya que si no tenía que rascar con las uñas. Los había de todos los tipos; más espesos, más claros, correosos, blancuzcos, vamos que seguramente dependía de que hubiera comido en galán cuestión.

- Señorita, no entiendo porque me cuenta a mi estás guarradas.

- Espere Merche, tranquila, que pronto lo entenderá. Déjeme proseguir con mi relato, sin interrupciones, y así contarle como uno de esos galanes me cautivó.
Ramón Ortega se llamaba. Muy puntual el señor. Todos los jueves a las cinco expulsaba el estrés de la jornada al suelo de la cabina número seis. Alto, ancho de hombros, ojos claros, y unas manos fuertes que yo imaginaba rozando mi piel. Un Don Juan que supo abordar en lo más profundo mi corazón pero que tristemente me ignoró. Sus atenciones eran todas para con Desiré; la furcia que menea sus carnes en la cabina del dichoso número seis. Este triángulo amoroso, de desamor por mi parte, me envenenaba la sangre. Así que finalmente cogí fuerzas y a las cinco menos cinco, justo antes que el soltara la simiente, me declaré. Una buena amiga me recomendó que me decidiera a menos cinco y no pasadas las cinco ya que a los hombres una vez descargados son más difíciles de engatusar. Obtuve el mismo resultado. Sí, me rechazó, el estúpido embobado con la fulana, me miró a los ojos y contestó: -No, no quiero meterme contigo en el baño para que me hagas una felación. -Grosero - le grité y volviéndome para no mostrar mis lágrimas le arreé con la fregona y me escapé. La rabia me nubló la vista que malamente aclaré con varios chupitos de orujo en el barra del bar de Jaime. Desiré atesoraba su alma, su amor, su cuerpo, pero yo cada tarde tenía su simiente en mi poder.

- ¿Y se quedó embarazada y por eso le han echado del trabajo.?

- No, ¿ por quién me toma ? Soy casta, pura y virgen por donde los niños nacen. Sólo haré el amor cuando me case. La trama era la siguiente: todas las tardes, puntual, a las cinco y cinco aguardaba a que saliera en la puerta de la seis. Me quitaba mis guantes para sentir su textura, lo analizaba, lo olisqueaba, y por último introducía un dedo en mi boca y degustaba. Mis labios, mi lengua, el esófago, el estómago y por fin los intestinos succionaban el alimento para cada una de mis células, mis huesos y mi piel. Estaba hecha de él.

- Me están entrando náuseas, dígame que demonios quiere.

- ¿ Qué que quiero ? Tres cosas son las que quiero. La primera, y la más nimia, que me arregle los papeles del paro, la segunda formular una denuncia a mi jefe por abuso de autoridad y por último reclamar contra usted, Merche, por sus malos modos y una incompetencia espectacular. Si viviese mi abuela otro gallo os cantaría.

- Váyase a la mierda con su historia y con su abuela – el grito se oyó en toda la sala.

- Por favor, Merche, esto no es lo que parece. Acabas de ser víctima de una broma pesada para la televisión - Y mientras buscaba la cámara por los rincones con esa sonrisa absurda de los que previenen salir por la caja tonta, la arreé un sopapo con la mano abierta y la poca fuerza, que una débil mujer de ochenta kilos acostumbrada a trabajar en el campo puede tener, que la espachurré contra unas estanterías plagadas de archivadores. Recogí mis papales y aligerando el paso para evitar la reacción violenta del funcionariado salí a la calle sin girar la vista pero mirando de reojo. Y una vez fuera contemplé con prepotencia y lástima los parados que aguardaban, apedreé de nuevo y sin éxito a esos cabrones de estorninos, y dejando el ruido de fondo del pastor alemán junto con la alarma del auto, me dirigí al Ministerio de Trabajo a reclamar, no sin antes parar en el cementerio, y contarle lo sucedido a mi abuela.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 8
  • 4.45
  • -

Si deseas ser escritor....escribe. Yo lo hago en: https://www.facebook.com/eduardolumbo

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta