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8 min
Algun lugar
Amor |
04.08.15
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Sinopsis

Una historia de amor. Ah, juventud... El febril delirio del romance....

La conocí en algún lugar de luz tenue, “algún lugar”. En mi cabeza tengo segundo a segundo memorias tan vividas, tan detalladas e intensas de algunas cosas que he vivido con ella que casi podría decir que las revivo cada vez que las pienso o cada vez que irrumpen en mi mente sin anticipación ni piedad por mis intentos de reconstruir mi vida sin ella. Esos momentos puntuales han desplazado otros menos relevantes, como su nombre o si le faltaba un brazo.

Yo la quería desde antes de conocerla, desde antes de saber que alguna vez me cruzaría con alguien así, desde antes de saber que alguna vez alguien me haría sentir así. Y cuando la conocí perdí la cordura, si es que todavía me quedaba algo de ese mítico concepto, si es que no la había perdido todavía por aquellos días. La cordura, esa utopía si existe tanto como si no, solo podría argumentar al respecto que lo más próximo que me he sentido a tal cosa fue en una fugaz instancia en mi vida, cuando no tenía estado de consciencia pero repentinamente empezaron a aparecer cosas nuevas.. Como sueños, miedos, ideas, fantasías, delirios, alucinaciones, etc… y después estaba la “realidad” y realmente nunca se me dio bien distinguir entre estas realidades superpuestas. Y que tiene que ver esto con ella? Ella era como una fantasía, algo mágico, idealizado, irreal, bueno, NO. Quiero decir, tenía un cuerpo físico, otra gente que no era yo podía verla y si la buscas el sistema la reconoce… Pero yo la percibí y la ame como solo un psicótico podría hacerlo. Ame hasta lo que desconocía de ella, tanto pero tan fuerte, con tal desquicio disfrutaba su ser que mi sonrisa, mi risa.. Eran indeseablemente imborrables e inapropiadas. La ame entera, por adentro, por afuera, a través, cada una de sus características presentes o ausentes denotaban a mis ojos: perfección. En aquel lugar de luz tenue… conectamos. Hubo una conexión a nivel intelectual, emocional y a tantos otros, no tenía que explicarme, ni traducirme, era riqueza y fluidez de comunicación literal, metafórica, corporal, humorística, algo alucinante… como no he vuelto a encontrar. Como si tuviera una armónica conversación conmigo, si fuera yo un buen conversador. Como si todo estuviera muy claro, como si la entendiera y ella me entendiera. Empatía, nitidez. Como si de un instante a otro, con solo tenerla a mi lado mi torpeza social habitual se diluyera en su contagiosa sonrisa y su aspecto inofensivo hasta que dijo algo que no quería ni esperaba, entre en pánico y disimulándolo le pregunte por que, ella solo sonrió mirando hacia abajo y negando con la cabeza –no, por nada- se limitó a decir, dejando la respuesta a manos de mi laboriosa y tortuosa imaginación la muy CONCHUDA, la odie. Luego todo era genialidad de nuevo hasta que saltaba con “te puedo hacer una pregunta?”, “Que te pasa?”, “en que estás pensando?”. PERVERSA, lo que me pasa, lo que estoy pensando, lo que sea que quieras saber…

-Qué carajo te importa?- Su mirada gacha, mi indiferencia, seguimos caminando.

La odiaba porque me quería y yo no lo entendía, lo que me hacía pensar que me mentía. Sus lágrimas, sus palabras de amor, su preocupación por mí, las añoraba tanto que.. Las necesitaba tanto que… me enfermaban.. y lo recordaba cada vez que estaba dentro de ella, cada vez que hundía mi cara entre sus piernas o con solo sentir su epidermis o esos olores tan dulces, tan propiamente humanos, de su feminidad. Necesitaba que ella me quisiera de cualquier forma o sintiera algo por mí… Cualquier cosa… y me esforcé porque todo aquello se diera, por que pudiera relacionar a mi cualquier sensación, emoción o pensamiento a mí, buenos o malos, para bien o para mal... a mí, solo a mí. Pero mientras me nutria de sus gemidos, suspiros, de sus reacciones o del tiempo que ella invertía en mi o pensando en mi o el tiempo que yo invertía en ella o pensando en ella… Al ritmo de esa progresión de vanidades, de búsqueda descarada de alimento para el ego rozando lo carroñero, lo burlesco y lo vulgar, de una forma directamente proporcional mientras me llenaba de todo eso sentía crecer el vacío en mí y a mi alrededor: NADA, una nada DENSA, sofocante. Una nada de dependencia.. de vulnerabilidad Y de repente vi a un ser deseoso y anhelante, hambriento… que me genero mucho rechazo y con quien no quería tener nada que ver… Pero lo vi en el espejo y era yo.. Pero yo no quería tener nada que ver. “No soy yo, es lo que ella hizo de mí!” me repetía. Luchaba por conservar mi paranoia y desconfianza natural y fracasaba día tras día encontrando a cada expresión de afecto aún más creíble que la anterior.

El tiempo pasaba y entre más parecía ella quererme, yo más la amaba y más la odiaba, entonces comencé a destruirla y entre más la lastimaba más me odiaba y más la odiaba y más la amaba.

Me destroza pensar que todo lo que pude hacer con esos sentimientos tan puros y genuinos hacia su persona fue estratégicamente convertir al objeto de mi amor en un cultivo para consumo, una consumición por la que después me sentía culpable y vomitaba como un bulímico emocional que se atiborraba de algo que no creía merecer, algo de lo que me apoderaba siéndole infiel a mi autosuficiencia reemplazándola por una aterradora a una red de estímulos simples, de frases llenas de falacias, de palabras gastadas y sentidos pobres, juramentos pomposos a la eternidad, todos ellos insostenibles y clichés, devociones imposibles que yo sabía falsas, abusar del contacto físico hasta el desgaste de la piel y de los órganos, atar mis pies a un peso y dejarme caer en las profundidades desconocidas e inexploradas de una pelotudez insospechada en la que deambulaba el alma en pena de mi sentido común ahogado en endorfinas, en fin, a estar enamorado. Todo aquello me producía un asco espiritual solo equiparable a la sensación post-masturbación de un púber o pre púber o un solitario... o un dolor de cutículas o alrededores que no tendrías que padecer si pudieras dejar de morderte las uñas o la piel que las rodea, te lo prohibís pero antes de darte cuenta vas a descubrirte haciéndolo otra vez.

Intentaba fidelizarla para retenerla porque la amaba tanto!. Intentaba alejarla, repelerla porque la amaba tanto!. La atraía y la rechazaba, la acercaba y la mantenía a una distancia segura apartándola con el pie. Podía amagar un golpe y acariciarla o aferrarme a su cuello para besarla y terminar asfixiándola. La ambivalencia de nuestra relación era una extensión de mi propia inestabilidad y ella era pequeña, manejable, inocente, tanto que llegue a creer que era un personaje insidioso, me abrazaba y me daba miedo, me decía que yo le gustaba y me daba terror. Después hacia algo que yo no sé qué es, y sentía PAZ, con ella, conmigo. Otras veces me apretaba contra su pecho y yo encontraba en sus tetas y su suave y edulcorada voz un refugio contra mis amenazas imaginarias o la congoja o la depresión de algunos días difusos.

Ah! Como la amaba yo! Y pensé en la posibilidad de que ella me amara pero un día ella empezó a decir que me tenía miedo y al cabo de un tiempo empezó a esconderse de mí. Yo era el corazón roto del hombre de hojalata. La había perdido en algún lugar, exactamente donde la encontré.. Algún lugar de luz tenue, donde la oscuridad crea sombras que me hacen confundir las figuras y las caras más que de costumbre.

Su existencia me ha dejado su presencia aunque ella esté ausente, La extraño porque ya no puedo dialogar con ella, casi no habla y cuando lo hace no le encuentro sentido a lo que dice, además no suele responder preguntas. Pero no la extraño porque duerme conmigo a veces o solo se queda ahí, dejándome observarla, a veces en un parpadeo, otras por más tiempo… (Aunque casi no la veo desde que murió. Dicen que yo la mate pero yo solo la empuje desde las alturas, un cuarto piso si no mal recuerdo…Yo solo actué, su muerte fue una coincidencia indeseable. Oh! aun puedo verme en tercera persona en aquel viejo edificio abandonado e incompleto y a ella en el aire, con su vestido ondeando como una bandera con el atardecer de contraste... Jaja, Eso no es cierto, eso es más bien poetizado, en realidad ella no estaba usando un vestido aquella vez..) 

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