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4 min
Algún tiempo mejor
Reales |
13.10.17
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Sinopsis

Te escribo esto porque sé que nunca lo leerás o no reconocerás haberlo hecho.

Estimado y odiado, "no hace falta que diga tu nombre"

Nada más comenzar esto ya debes pensar, sobre lo victimista que soy, quizás incluso egoísta bocazas, gilipollas entrometido que por desgracia apareció en tu vida. Y me da lástima que lo pienses así y más que solo un treinta por ciento de lo dicho sea verdad y el resto una excusa para librarte de mí. Creo que a estas alturas sabes que me arrepiento, que mis palabras eran ciertas al hablar de la muerte de un hermano en tu pérdida, y en el dolor que me causaste, aunque puede que no llegase a la mitad del que te causé yo, y no me cansaré de pedir disculpas por haber tropezado dos  veces con la misma piedra.

Me pierde el dolor del silencio y una boca demasiado suelta, igual que a ti te pierden los ataques de ira, el actuar sin pensar y el miedo a tantas cosas, la ansiedad del futuro y tu integridad, tanto que cabezón como eres y siempre seguirás siendo, negarás. 

Porque sí, porque somos así y odiamos nuestros defectos, tenemos miedo de mostrarlos y cuando asoman el mirto nos escondemos y corremos hacia el mar porque es la única casa que conocemos, esa y las botellas que siempre hay que terminar.

Nos taparemos con la música, con los recuerdos insignificantes y escudarnos en que el mundo no está hecho para nosotros o que nosotros no permanecemos aquí, pero mi gran y viejo amigo eso es mentira. 

No vengo a justificar tus palabras enrabietadas por las que nunca dejaré de esperara una disculpa para entregar un abrazo y un no pasa nada, ni tampoco a librarme de la carga de haber empezado uno de los mayores errores que he cometido en mi vida, insignificante para algunos, pero viendo desde tu prisma, al cual a menudo he recurrido y recurro, ha sido una cagada y una traición.

Solo vengo a sacar para variar mi lado nostálgico, ese que dices no tener y recordarte en forma de pros y contras como decía nuestro amigo cordobés que hay que sopesar antes de tomar una decisión así.

Dejando a parte habladurías de más o de menos, tensiones aguantadas y unos platos amontonados en mitad de una sopa primigenia en un fregadero, me vienen a la mente pequeños e insignificantes detalles tanto sobrios como hebrios que nunca olvidaré y que no pasaré por alto cuando el Alzheimer me coma entre historietas a mis nietos. 

Los largos nueve Kilómetros discutiendo cuestiones morales o nuestra tertulia postsucesos de la noche, con cocinas de un autor de radiación ionizante y firma mejicana. Cientos de canciones que nos enmudecían como en un sermón eclesiástico porque no había más templo que la música, ya fuese ritmos parodiados latinos sobre obras y andamios como gritos sobre hojas que caen al suelo. Vasos de botella y recipientes de bebida isotónica algo alcoholica com cruces rojas coronando el día, acusaciones de joder noches de cama con mujeres de dudosa belleza y americanas manchadas en un taxi de contador infinito. No escatimar en deudas, pulmones, hígados ni listones y solo tenernos el uno al otro para sobrevivir. 

Me dejo mucho en el tintero, mucho que a lo mejor tú ahora repasas mentalmente compañero, pero que ahí queda, en nuestras cabezas vacías como simples anécdotas. Un rastro enorme de cariño, vergüenza, odio, complicidad y telepatía que a miles de palabras se quedará. 

Así que mi antepenúltimo lo siento, mis adelantadas, te perdono y mis siempre eternas gracias. Te quiero como no he querido a nadie, no gay por supuesto, y ha sido un placer, cuídate.

"Carraspea el sentimiento en una boca cerrada por el orgullo, para que nos quedemos mudos entre puñetazos de nuestro ojos ajenos. Será que alguno tiene que pedir perdón, quizás ambos , o puede que ninguno, no lo sé, solo pienso que algún tiempo atrás todo fue mejor"

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  • Me agobio, me enciendo, me pierdo, enloquezco, salgo de mi cuerpo doctor. Así que después de todo, solo tengo una duda ¿Qué me puede decir del síndrome de abstinencia?

    Me he sorprendido de rodillas en mitad de dos iconos, a cual más absurdo y a cual más poderoso. La cara del hombre, el hedonismo poderoso, la cruz del escarmiento y el camino de mi odio.

    Supongo que fue la tormenta perfecta, tú no lo buscaste, yo me lo imaginaba y mientras tu te dabas cuenta de que ese sonido había vuelto a tu alma, yo lo ansiaba y buscaba la fórmula de recrearlo hundido en un vaso sin fondo. Yo no lo busqué pero ahí llega, la razón golpeando mis cojones y deseándote una vida sin mí.

    Los pinceles de su maquillaje dibujan sobre tristeza una imagen que intenta mostrar belleza, más que equivocada está, da todavía más pena.

    Me espera con su figura renacentista, observándome a través de un filtro hollywoodiense, con los oscuros cabellos cayendo sobre su vestimenta minimalista que no es para nada acorde a su precio. Yo repaso cada uno de los sueños que me provocó su sonrisa y añoro la imagen idealizada que me hizo estrellarme contra el hecho de que la satisfacción es la muerte del deseo.

    Existe un porcentaje, un atisbo, quizás hasta una coincidencia, por la cual, la mala suerte nunca abandona.

    Necesito un segundo de seguridad, un instante de insensatez en mitad de míticas frases hipócritas que hipofisis mal logradas labran en reacciones sin reafirmar.

    Llámalo haiku, microrelato, cita o como coño lo quieras llamar, la cuestión es que se me ha ocurrido.

    Hoy me ahogo en la sangre de las furcias, la que sus periodos vertieron en mi boca sin que me dijesen lo que ella encerraba. Sexo drogas y rock´n´roll y tumbado en una cama de hospital la enfermera jamona de veintipocos no sabe que está limpiando el culo del que podría ser su padre.

    Como una corona puede quemar tanto al tacto, si a la vista es heroína, pero cuando la hueles produce espanto.

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Soy un gilipollas, pero un gilipollas encantador.

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