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5 min
Alla Azfahuar 1 (Aclaración imprescindible)
Históricos |
18.06.15
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Sinopsis

Una sorpresa interesante en el catafalco.

Aclaración imprescindible

Las Claves para encontrar el  Alla Azfahuar (Las Crónicas del Nieto de Ala)  las halle por accidente, sin pretenderlo. Fundamentalmente por que desconocía su existencia. Estaban dejadas como un accidente, en los márgenes de una bitácora de expediciones,  apuntes de viajes, peregrinaciones y otras muchas cosas, pertenecientes a un tal J.Morace, dentro de un folio de cuero desgastado, sobre la mesa de trabajo de mi padre, el día de su muerte. Recuerdo que tome las hojas desparramadas del voluminoso escrito y lo acomode entre sus libros en la biblioteca, olvidándome totalmente del hecho.

Por otro lado, cuando fue evidente que el caserón de Temperley ya sin ninguno de sus dueños (mi madre había muerto 6 años antes), poco tardaría en convertirse en una ruina, decidimos vender la propiedad.  Mis dos hermanas y yo convinimos hacerlo sin involucrarnos emocionalmente con nada de lo que contuviera la casa, por eso, contratamos un estudio inmobiliario que se encargaría de lo referente a la venta de la propiedad. Y así lo hizo, excepto el escritorio de mi padre que contenía papeles de la embajada y viajes.  Por lo que el tercer agregado diplomático de la embajada de Alemania, el Señor Sven Hassel y yo nos internamos en el gigantesco despacho en mayo del 1998.

Con el Señor Hassel nos dedicamos a saquear todos los cajones y gavetas. De cada uno de ellos rescatábamos los papeles o carpetas que tuvieran membrete o estuvieran encabezadas, con la rúbrica, contuvieran epígrafes o marbete de la embajada, sin dejar de inspeccionar todos y cada uno de los documentos. Decirlo o contarlo no lleva más de cuatro renglones pero hacerlo nos llevó cuatro horas diarias, durante diez días, y solo hablamos de cajones, ni siquiera nos acercamos a la biblioteca.

El Ingenioso señor Hassel, no solo era poseedor de un agudo y sutil humor alemán, además era un experto paleógrafo y con solo tocar una hoja podía decir si se trataba de un folio alemán, francés o la parte del mundo de donde viniese y mucho mas, como aprendería unos días más adelante.  Nuestra conversación como un barco sin timón tomaba la dirección que el viento de nuestro humor le diera. Sven no era muy charlatán pero tenía una cultura y erudición que lo hacían un interlocutor ideal para aquellas tardes de trabajo indeseado. El había tenido la oportunidad de ver a mi padre haciendo su trabajo de embajador, lo recordaba con respeto y admiración. Le pregunte por qué lo de admiración “Herr Doctor era extremadamente meticuloso, cuando algo le interesaba”

Cuando abordamos a la biblioteca, advertimos que el mueble no era un decorado enfático utilizado para cubrir una pared desnuda sino que casi se comportaba como un ser vivo y palpitante, esperando con desdén e indignación nuestras (infieles) manos. Ocupaba la fachada sur de la habitación dando frente a la porte fenetre que miraba al parque, en la zona de las palmeras. La ubicación del inmenso mueble estaba dada por la luz natural que ingresaba al despacho por el ventanal, exagerando dramáticamente su aspecto.

Sven y yo atacamos directamente lo que caía a la mano. Lo primero que tome de la gigantesca biblioteca fue lo último que yo mismo había depositado en ella. El cartapacio de cuero claro y ajado, repleto de hojas y diagramas. Lo tome con ambas manos y lo deposite sobre el escritorio y seguí con los demás libros de ese estante. Sven abrió la portada de cuero y paso como al descuido tres dedos sobre sus hojas. Tomo una de ella, la acerco a sus ojos quitándose los lentes, luego la dejo. Me miró y me dijo “¿Sabe lo que tiene aquí?”.  “Por supuesto que no”, conteste y seguí, “era lo que tenía sobre el escritorio cuando murió, las hojas estaban desparramadas y su cuerpo encima de ellas”

“Sería bueno que interrumpiéramos la exploración del mueble y dedicáramos lo que queda de la tarde a estos papeles -- dijo y golpeó la cubierta de cuero con punta del dedo índice--. Después de la tarde de hoy veremos si corresponde dedicarle más tiempo, me temo que sí. Le anticipo que ningún documento de esta carpeta, por lo que veo, está relacionado con la embajada ¿Qué le parece?”  

Que contiene el Cartapacio

Hojas manuscritas, y voluminosa correspondencia  de todos y cada uno al otro. Más  que nada. De Bhur Akmed, Julius Morace, Bhimas Kauptry, Lord Leopold Wallpole, Ricardo Gallipoli, Sir Henry Winslet, Howard P. Lovecraft. Ninguna lo nombraba a mi padre. Al parecer no era parte de la hermandad, solo depositario de su descubrimiento. Al parecer de Sven en un primer acercamiento.

Tres o cuatro cartas escritas a máquina, casi todas sin firma. Una de ellas sin embargo, enloquecería seguramente a cualquier coleccionista.

Anotaciones de mí padre (era su caligrafía), en clave. Directamente en los márgenes de las hojas.

Mapas  antiquísimos de zonas del norte de África, con rutas trazadas por él dueño de los mapas, supuestamente.

Anotaciones de un tal Julián Moras o Morace  en italiano (esta escrito de las dos formas en hojas distintas)

Fotos más modernas 1930 - 1980 de sitios en África y medio oriente, aparentemente

Foto actual de un ídolo de terracota, sin identificación, tomada de una vitrina llena de cerámica y antigüedades  

Una daga o puñal, con su vaina de bronce y cuero, de origen desconocido, probablemente de la zona del Magreb. No se trata de un arma ornamental, está usada.

Una pequeña llave de un archivero secreto de la biblioteca.

                                                        

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