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8 min
ALMA DESGARRADA
Amor |
20.08.15
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Sinopsis

Siento escalofríos cuando leo extractos del libro que escribí hace casi dos años y me doy cuenta que era como una premonición...Fechas, edades, sensaciones casi idénticas a lo que estoy sintiendo ahora. El alma tiene memoria, y cuando pasas por momentos tanto alegres como tristes, tienes la sensación como si ya lo hubieras vivido antes. Escribir es la mejor terapia para afrontar una catarsis que se prevee ardua. Gracias.

(...) Hace escasos minutos que acabo de dejar a Hans en la estación de Basilea. Desciendo camino del río, necesito reflexionar, pensar. He dejado el coche aparcado cerca de la estación pero mis piernas a pesar que tiemblan necesitan caminar. Paso por delante del ayuntamiento de arenisca roja y veo una indicación de la catedral, la famosa Münster. Me atrae poderosamente la ventana con una estrella de David y la imagen de Hans me golpea la cabeza ferozmente. Siento un escalofrío a pesar de que la temperatura es tibia. Tengo muchas ganas de llorar, con una angustia que me sube desde el vientre hasta el cuello, llenándome la nariz de mucosidades. Me pregunto a mí mismo por esta reacción corporal mientras admiro el majestuoso edificio del siglo XV. Respiro profundamente y el dolor abdominal se calma momentáneamente. Abro la puerta de madera que pesa mucho y noto un fuerte incienso que me provoca tos. Hay poca gente y me siento en un banco de las últimas filas. Yo mismo me pregunto qué demonios estoy haciendo ahí. Tan religioso que era y ahora me he convertido en el hombre más agnóstico de la tierra. Me arrodillo y entrecruzo los dedos con las manos apoyadas sobre el respaldo del banco de delante mientras cierro los ojos.  Aprieto los labios para evitar el llanto y algunas personas me miran, quizás porque tengo el rostro desencajado. Me duele el hígado, el corazón, noto la garganta muy seca. Ni en la guerra, en los combates cuerpo a cuerpo ni la dureza de mi padre me han herido tanto el alma como lo que estoy sintiendo en estos momentos. 

En ese instante me doy cuenta de una ventana de colores con la imagen de Jesucristo rodeado de ángeles tocando trompetas y circundado por una estrella de David. Siento un profundo odio, lo considero el culpable de que me haya separado de Hans. Me acuerdo de lo que me dijo él sobre las estrellas cruzadas.

(…) Maldita sea, se ha cumplido el pronóstico. Mis padres me enseñaron a adorar y respetar a Jesucristo, su iglesia, sus plegarias pero tú has permitido una guerra cruel, que mis propios compatriotas aniquilen a otras personas que no comparten la misma religión que nosotros pero que aparte de eso son iguales que nosotros…Me has castigado alejándolo de mí a pesar de que lo he salvado. Dejo de creer en ti, te detesto, no eres más que un engaño…No sé porqué estoy aquí contemplándote. Cuando vuelva a Munich arrancaré la cruz que tengo en mi casa, la partiré con un hacha y la quemaré. Me froto los ojos de nuevo y al salir a la calle noto un estremecimiento que me hace castañear los dientes durante unos segundos. Me falta aire y respiro profundamente para llenar de oxígeno los pulmones. Me giro un instante y contemplo aquella catedral que durante unos segundos me ha servido de refugio espiritual. Después me acerco al río Rin y durante un momento se me cruza por la cabeza tirarme pero al final me resisto, me queda la esperanza de volver a ver a Hans algún día y eso me retiene a hacer ninguna tontería.

(…) Quisiera irme a un lugar donde sentirme libre. Si estoy en el cuartel todo es caos, gritos, conspiraciones, traiciones, lista de caídos que nos desmoralizan a todos, estrategias que se diluyen como azucarillos, pesadillas estando despierto. Y si voy a casa todo me recuerda a Hans. Me pregunto si estará bien. Lo echo tanto de menos que lloro en silencio. Guardo una pequeña foto que oculté dentro de un libro para recrearme con su rostro. Ni siquiera tengo ganas de tocarme para liberar una tristeza que me persigue desde que nos separamos. A veces paseo por delante los lugares donde sé que estaba él. De la sastrería ya solo quedan las vigas, el edificio está destruido pero solo tengo que cerrar los ojos para visualizar su imagen con aquella camisa blanca y el sol dorando su cabello. Allí detrás del mostrador, regalando una sonrisa blanca que me enamoró desde el primer día que lo conocí.

(…) Igual que por primera vez experimenté lo que era el amor en mayúsculas, también estoy sintiendo la parte triste de una pérdida, el duelo. La guerra se lleva a miles de personas por esta cruel lucha, pero a pesar de haber perdido a Hans y saber que estará bien y sano y salvo, no consigo ahuyentar este velo invisible que me suma en una tristeza permanente, una sensación de vacío y dolor que me dura incluso en sueños. Los militares estamos curtidos por la batalla, somos como los médicos que cuando han perdido a varios pacientes, se vuelven inmunes. He visto llorar a escondidas a algún que otro soldado cuando se entera que toda su familia ha perecido en un bombardeo. Lo miraba con rechazo, pensando cómo podía ser tan débil, que era inevitable y la guerra es como es. Pero ahora...Por más que me resisto, ni apretando los dientes y los labios fuertemente consigo reprimir un llanto que me asfixia el pecho.

(…) Parece que vea la imagen de Hans en la calle, en mi casa, en el cuartel, mirando al cielo o pensando que está escondido detrás de un árbol y en el momento menos pensado aparecerá y mi corazón saltará por la sorpresa y por la emoción de ver su sonrisa maravillosa. Los nazis quemamos varios libros indeseables pero como si el destino me lo pusiera en el camino, encontré entre las ruinas de una sinagoga destruida, un libro de un psiquiatra, un judío llamado Ziegler. Hablaba de las etapas que se sienten tras la pérdida por fallecimiento o alejamiento de alguien muy querido. El dolor es totalmente igual. Parece que huela el olor de su piel cuando me tiendo en mi cama, sueño con él continuamente, hablo en voz alta como si él estuviera en otra habitación y pudiera oírme. En el cuartel se han dado cuenta que no estoy bien. Por más que adopte mi rol duro y fuerte, mi cara es el espejo del alma. Le había ganado la partida a la muerte, sigilosa con su guadaña, al acecho en la oscuridad o a pleno día...He visto como su manto oscuro lo asolaba todo, como hacía volar cuerpos por el aire, como los mutilaba, los hería y hacía agonizar con sufrimiento. Nada me impresionaba, no me afectaba un ápice, era un duro militar resistente como el granito, como un diamante que no puedes tallar. Pero me ha vencido el destino, no sé como llamarlo. Me ha derrotado como nadie hasta ahora lo había hecho. Me ha hundido, me ha matado en vida. Soy un alma en pena que no sé como atajar este dolor tan intenso que me corroe.

(…) Es agosto de 1943 y estoy a punto de cumplir 45 años. Han pasado más de cuatro meses desde que me separé de mi adorado Hans. Mi vida ya no tiene sentido sin él. He oído rumores que me van a condecorar antes de final de año por mi valor y arrojo en la guerra. No quiero medallas, ni galones ni historias. Solo deseo a Hans y ya no lo tengo. Lo he dejado en un lugar seguro pero siento como si me hubieran arrancado el corazón de cuajo y me hubieran ametrallado el cerebro. Se me ha pasado por la cabeza suicidarme pero solamente una esperanza me mantiene en vida, volverlo a ver. Quizás cuando nos encontremos al final de la guerra no podremos estar juntos. A lo mejor se ha casado y ha tenido hijos, o se ha marchado a América como yo mismo le sugerí. No tengo fuerzas para seguir adelante. Alemania está empezando a perder y todos los aliados han cogido empuje. Estoy en mi casa y creo que es la primera vez que lloro desde que lo hice la última vez siendo un niño a escondidas de mi padre. Hasta ahora me he reprimido siempre, es lo que me enseñaron mis padres y mi maestro. No podía mostrar mi debilidad y llorar como las mujeres. Pero hoy, en la soledad, en un momento que no se oían bombardeos ni estruendos, mi cuerpo ha dicho basta y he llorado durante diez minutos. Ni me acordaba que las lágrimas eran saladas.

 

 

 

 

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Me hubiera gustado ser periodista porque desde pequeña ya me gustaba crear cuentos y relatos. Escribir es mi bálsamo y mi oasis en los malos momentos y me ha ayudado a salir de muchos baches. Esta web me colma de felicidad tanto por poder escribir como que seas leída. GRACIAS A TODOS.

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