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8 min
Almas Gemelas
Amor |
17.02.15
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Sinopsis

Una historia de donde venimos, y a donde nos gustaría volver

Si, existe… Existe un lugar, desconocido para casi todo el mundo, un lugar maravilloso, un lugar asombroso, que solo unos pocos pisaron un día, pero que ninguno recordara hasta que vuelvan. Y si, ese lugar es una isla, una isla en la que residen las almas gemelas, donde estas almas son felices charlando, jugando, abrazándose, besándose, bailando, o simplemente mirando a su otra mitad. Para ellas no existe nadie más en esa isla, solamente su otro yo. No necesitan a nadie más, solamente necesitan sentir cerca a su otra mitad.

La vida en este lugar, es una vida eterna, no hay fin, no hay tiempo, de esta isla solo se puede salir en una barca, una barca de la que cada uno de los que allí viven tiene un remo, un remo del que solo hay una pareja exactamente igual, el remo del que es poseedor tu otra mitad. Es por esto, que de esta isla solo se puede salir con tu alma gemela, ya que si intentaras salir o volver con otra persona, al no ser los remos exactamente iguales, la barca jamás sería capaz de tomar el rumbo fijo, jamás  serias capaz de salir ni llegar sin tu otra mitad.

La vida allí es maravillosa, las personas que allí viven son afortunadas, y no paran de sonreír en todo el día. No hay una vida igual, alegría, diversión, confianza, y siempre junto a tu otro yo, siempre junto a esa persona que te hace inmensamente feliz.

Pero una vez, solo una vez en toda la eternidad, las almas gemelas son condenadas a viajar, a salir de aquella isla junto a su otro yo, son condenadas a vivir durante algún tiempo sin su otra mitad, para que así jamás durante el resto de la eternidad, crean que no son afortunados, para que así sepan valorar la inmensidad de la felicidad, y lo que es capaz de hacerte sentir tu otra mitad. Después de viajar, y de bajar de la barca nacerán uno en un sitio y otro en un lugar distinto, nacerán en días distintos, y sus círculos no tendrán ninguna relación. Desde el momento de sus nacimientos se buscaran, serán conscientes de que en su vida falta algo, pero no serán capaces de recordar su vida antes de volver a nacer, y tardaran un tiempo en darse cuenta de que tienen que volver.

Su condena durara el tiempo necesario, para que se vuelvan a encontrar, para que se reconozcan, y para que poco a poco sean capaces de vivir de la misma manera en este mundo, que del lugar del que vienen. Y así un día regresaran, montando de nuevo en la barca, agarrados de la mano, cada uno con su remo, sin dejar de mirarse, amándose como pocos están preparados para amar…

Hace algo más de 35 años, llegó el turno para ellos… Allí eran felices, allí solo había alegría, se tenían el uno al otro, y no necesitaban a nadie, ni a nada más. Pero sabían que la hora había llegado, que tenía que pasar, cogieron sus remos, montaron en la barca, y mirándose a los ojos, mirándose como solo ellos eran capaces, se prometieron buscarse desde el primer llanto, desde el primer momento…

El nació un día 12, ella un día 1, como sabían lo hicieron en lugares distintos, alejados, y sin ningún tipo de relación. Así pasaron los años, cada uno aprendiendo a su manera, cada uno viviendo experiencias distintas, cada uno sin recordar lo inmensamente felices que habían sido hace tal solo un poco de tiempo.

A los 10 años estas dos almas gemelas volvieron a juntarse, y reconocieron el uno en el otro a una persona completamente distinta a lo que habían conocido, una confianza entre ellos que les llegaba a asustar. Podían pasar horas y horas, mirándose, hablándose, abrazándose. La conexión era brutal. Disfrutaban de la compañía el uno del otro, cada vez más, cada vez de forma más intensa. Hasta que una nueva condena les separo… Porque en este lugar al que habían llegado, no era como del lugar que habían venido. Aquí las cosas suceden aquí las cosas duelen, pero a eso habían venido, a aprender, a madurar, y ellos aún eran unos niños, demasiado inmaduros y pequeños como para poder hacer algo por evitar la nueva separación entre los dos.

Siguieron hablando, siguieron manteniendo el contacto, y pasaron nuevamente por la etapa de adquirir experiencias, de aprender de este mundo cosas que no podrían aprender en aquel lugar del que procedían. Cada uno por su lado, pero totalmente conectados, porque no había día o situación en la vida del otro en el que no apareciera por breve que fuera el pensamiento de la otra mitad.

Hasta que se volvieron a reencontrar, y aquel fuego interior que nunca se apagó, broto con más fuerza, como el fuego de una hoguera que se aviva al encontrarse con su corriente de aire puro…

Yo nací el día 12 de Septiembre, ella…mi otra mitad naciste el día 1 de Octubre… Como te prometí, desde el momento de mi primer llanto, te estaba buscando, no buscaba una persona en concreto, ni una situación, algo siempre me dijo que tenía que buscar aquello que me completara, buscar aquello que cuando lo viese, notara que también lo completaba… Y así cuando me miras te reconozco, cuando me miras, veo en esos ojos todo el amor de este mundo, cuando tu mirada se clava en mi… mi yo interior renace y me dice…mírala es ella.

Cuando me hablas, veo en ti la confianza que perdí al salir de aquella isla. Cuando me hablas no existe nada más en este mundo que tu voz, esa dulce y alegre melodía, que me hace sonreír solo al escuchar sus primeros acordes.

Cuando me abrazas, es como si me abrazara el mundo entero, me das seguridad, me engrandeces el alma, abrazas el interior de mi ser, y me haces respirar vida…

Cuando me besas…ahí cuando me besas!!!, esa compenetración solo es posible contigo, desde que probé la miel de tus labios, no existe la palabra beso si no está ligada a ti. Desde que probé la pasión de tus labios…no existe nada capaz de acelerar mi corazón, de poner en marcha toda la maquinaria de mi cuerpo, destinada a provocar un escalofrio de inmenso placer. Ese escalofrio, que llama al siguiente…porque cuando te comienzo a besar, podrían pasar horas, días…y te seguiría besando con la misma intensidad, para provocarnos ese escalofrio por toda la eternidad.

Y ahora, después de este reencuentro, me acuerdo de todo… si soy afortunado…Eres mi otra mitad de la isla…Reconozco esa sonrisa alegre, esa risa melódica. Reconozco esa pasión y ese empuje…Reconozco esa forma de hablar… Reconozco tu nobleza, tu voz, tu simpatía, tu saber hacer, reconozco tu belleza, tus labios, tus besos, tu cuerpo…Reconozco tu confianza, reconozco a esa persona dialogante, reconozco tu inteligencia, tu ternura, tu dulzura, reconozco tu olor, reconozco tu capacidad de trabajo, tu esfuerzo. Sigues siendo como en la isla, soñadora, incansable, ardiente como un meteoritito recién entrado en órbita, sigues siendo la misma niña bondadosa, acogedora y afable… Sigues siendo la misma niña cálida como ese tazón caliente en invierno que reconforta… la misma niña jovial, atenta, y que me comprende a la perfección.

Sigues teniendo esa suavidad en la piel, esa expresión en tu mirada que me derrite el alma, sigues teniendo esa belleza, inconfundible, sigues teniendo esa sonrisa delicada que me habla tanto de amor y sentimientos. Sigues teniendo ese corazón enorme y noble… Y sigues volviéndome loco y haciéndome sonreír. Sigues generando en mí todos los sentimientos positivos que se puedan generar. Sigo amándote como hace 35 años al salir de aquella isla, sigo queriéndote hacer feliz como entonces, y mi meta sigue siendo hacerte sonreír, porque cuando tú sonríes, mi alma despierta, cuando tú sonríes, mi vida no conoce la cautela, porque cuando tú sonríes yo soy inmensamente feliz.

Y si…lo recuerdo…hace 35 años salimos de aquella isla, para aprender a amarnos en este mundo lleno de dificultades, salimos de aquella isla para encontrarnos y amarnos como nos amábamos allí. Y si… con todo el amor que siento por ti, cada día tengo la sensación y la certeza de que te amo más, y más…

Y si… quiero seguir amándote más cada día, hasta poder regresar un día a nuestra isla, para esta vez, no tener que separarnos jamás.

Cariño te reconozco… Ahora lo recuerdo todo, se dónde están nuestros remos, y después de amarnos en este mundo, algún día los volveremos a usar, para  mirarnos, besarnos, agárrarte de la mano, y subir a nuestra barca… para así llegar a aquel lugar donde nuestro amor vivirá eternamente.

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