cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
Alopécico con palo pa ser felí - Javi Síncope
Amor |
26.04.15
  • 0
  • 2
  • 626
Sinopsis

Las aventuras de un ingenuo alopécico con un palo para hacer selfies.

Sentado en la mesa de un bar, Dani desenvolvió el regalo que había comprado para Teresa. Era un palo para hacer selfies. Ella se lo perdía, se dijo Dani, mientras lo sacaba de la caja. Sostuvo el palo entre las manos y lo observó detenidamente. Era un artefacto de calidad, se notaba que era de hierro bueno. No era una baratija que hubiera comprado de cualquier vendedor ambulante, se había ido a la FNAC y se había asesorado cuidadosamente para asegurarse de que se llevaba el mejor palo de la tienda.

Tras acoplar el móvil en el soporte y sincronizar la conexión de Bluetooth, Dani accionó una pequeña palanca. El palo se extendió automáticamente con un excitante zumbido. Su calva reluciente apareció en la pantalla del móvil. Al fondo se veían el televisor del bar y los jamones de la barra. Dani esbozó una sonrisa y apretó el botón de disparo para sacar su primera autofoto.

¿Qué pasaría ahora con el viaje a París? Si ella no quería ir, era problema suyo. Él no pensaba renunciar. Tenía el billete y el hotel comprados. En realidad no la necesitaba para nada.

Una semana después, Dani caminaba por las calles de París con el palo para hacer selfies en la mano. No podía haber mejor forma de viajar: podía ir donde quería, no tenía que escuchar a Isabel quejándose de todo y ni siquiera la necesitaba para sacarle fotos. Con el palo para hacer selfies era totalmente autosuficiente. Todo sucedía por algún motivo, pensó Dani. Puede que cuando lo comprara ya presintiera que aquello iba a suceder, hasta era posible que lo hubiera provocado inconscientemente.

En los siguientes días, Dani recorrió todos los monumentos de París, recopilando una estupenda colección de autofotos: Dani ante la Torre Eiffel, Dani ante de la Catedral de Nôtre Dame, Dani en el Museo del Louvre con unas turistas japonesas… Por la noche volvía al hotel y subía las mejores fotos a Facebook.

El martes era su último día en París. Antes de salir del hotel echó un vistacito a Facebook y descubrió que Teresa lo había borrado como amigo. Un par de horas después, protegiéndose de la lluvia bajo un chubasquero, Dani intentaba sacarse una foto ante la Basílica del Sagrado Corazón. El móvil se le estaba mojando preocupantemente. Por algún motivo, el botón de extensión del palo tardó un poco más de lo normal en responder. Al fin pudo ver su cara bajo la capucha verde del impermeable con la iglesia en el fondo. Esbozó una sonrisa, aunque no se sentía demasiado contento. Justo entonces, alguien pasó por su lado y le dio un empujón. Seguro que le habría jodido la foto, pensó Dani, pero luego miró al extremo del palo y descubrió que su móvil había desaparecido. Alarmado, se volvió y vio a un tipo bajando por las escaleras a toda velocidad.

Dani salió corriendo tras él, blandiendo su palo de hacer selfies como si de una espada se tratara. Pero tras los primeros escalones dio un traspiés, durante un microsegundo quedó suspendido en el aire, para luego aterrizar brutalmente contra los escalones y caer rodando escaleras abajo. Mientras caía oía ruido del palo metálico golpeándose una y otra vez contra los escalones.

Con el cuerpo magullado se incorporó en el rellano de la escalera. El tipo que le había robado el móvil se había esfumado. Vio su palo para hacer selfies en medio de un gran charco. Se arrastró hasta él y lo recogió del suelo. Dani se quedó de pie bajo la lluvia examinándolo detenidamente. Era increíble: no se había torcido, ni tenía la más mínima abolladura. Había sido una buena compra. Ojalá hubiera podido dárselo a Teresa.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

¿Qué es Cuenteando con los dedos? ¿Un laboratorio creativo? ¿Pildorillas narrativas de no más de 1000 palabras? Cuentos como churros, literatura take-away, cuentos libres de escribir y también libres de leer. Todo empezó con una niña perdida…

Tienda

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta