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5 min
Amenazas, hurtos, indiferencias y seguridad poco útil
Reales |
09.11.14
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Sinopsis

Crónica ¿real?

Domingo de otoño, ocho de la tarde. Como no podía ser de otra manera, los jóvenes invaden las grandes superficies. Es una de sus diversiones.  En el negocio de una de las firmas que tienen en el centro comercial un espacio, hay un gran número de clientes y, como otros más, un grupo de unas siete personas (cinco adultos de diferentes edades) y dos menores, entran y merodean.  Por sus rasgos, se aprecia que son de origen latino. Es algo que no tiene importancia alguna.

Los niños empiezan a pulular por el establecimiento, toqueteando todo con un comportamiento un tanto extraño, mientras que las mujeres adultas no paraban de dar vueltas e intentar que la dependienta dejara de a los clientes que estaban antes que ellas allí, para que les prestara atención a ellas. A una de ellas no le pareció bien que la dependienta las dijera que esperasen, que enseguida serían atendidas, por lo que se agruparon formando un círculo, tapando algo entre ellas. Fue entonces cuando la vendedora se percata que una de las mujeres le dice al chico más mayor que pruebe a “hacerlo con el imán”, a lo que el joven se acerca a una de las vitrinas e intenta introducir tal imán. La vendedora, le llama la atención diciendo que deje de tocar la vitrina y que, por favor, se comporte. No contento con el toque de atención, intentó meter algo por ranuras que existen en el mueble, por lo que volvió a avisarle.

Mientras tanto, las mujeres, mandaron a la dependienta que abriera una de las vitrinas de arriba para, mientras ella lo hacía y la distraían, ellas podrían sustraer los artículos de abajo. Conocedora de esa técnica de robo, cerró el armario y dijo que abandonaran el establecimiento, puesto que sabía lo que pretendían. Y los siete, se marcharon del local.

Poco después de lo ocurrido, fortuitamente, ve a toda la recua en otro local  que vende artículos de más valor que el suyo propio incluso, lo que la llevó a avisar a la seguridad del centro comercial. Inmediatamente y, a través de las cámaras del centro, se percataron que intentaban robar también en ese negocio, al igual que lo habían probado en otros esa misma tarde. El grupo, advirtió que estaba siendo vigilado y decidieron separarse.

Apenas unos minutos después, dos de ellas, volvieron al local. La dependienta, atendía a un chico y, cuando levantó la cabeza para ver a los clientes de la tienda, apenas la dio tiempo a ver de quién se trataba cuando, sin mediar palabra, se abalanzaron sobre ella y empezaron a insultarla y amenazarla ya que, uno de los vigilantes de seguridad, les dijo que ella fue quien efectuó la llamada.

Y las amenazas no quedaron sólo en palabras. Mientras no dejaban de intimidar y atemorizar a la vendedora, colocaron un objeto punzante en el estómago de la empleada repitiendo que la iban a matar. Todo esto detrás del mostrador del local, pero a la vista de la gente que se encontraba en la tienda, que ni tan siquiera reaccionó, como si con ellos no fuera todo aquello.

Una vez más, la amenazaron con el hecho de que conocían a alguien, que eran colombianas, y que podrían llegar a matarla gratis.

Pese a ser presa del pánico y estar bajo la indiferente mirada de los allí presentes, que nada hacían por ayudarle, consiguió apretar un botón “del pánico” con el fin que se personara rápidamente efectivos de la seguridad del centro comercial. Pero no aparecía nadie. Para colmo, algunos compradores, se marchaban con total naturalidad.

Pulsaba el botón repetidamente pero nadie iba en su ayuda y, al hacerlo tan rápidamente, consiguió activar una alarma sonora muy estridente.

Asustadas, y sin no antes volver a amenazarla con el objeto punzante y coreando que volverían a por ella para matarle puesto que sabían el horario del centro y, consecuentemente de ese negocio, abandonaron la tienda.

La chica, consiguió articular palabra y comenzó a pedir ayuda pero los compradores seguían ignorando sus súplicas. Fue entonces cuando, alguno de ellos reaccionó para… salir corriendo y alejarse de allí y no pidiendo ayuda.

Al huir las agresoras y no haber rastro de los vigilantes en las inmediaciones, llamó por teléfono a la seguridad del centro comercial para solicitar una vez más ayuda y dar parte de lo sucedido. Inmediatamente, llamó al servicio de seguridad del propio negocio que, seguidamente, contactó con la policía para que se presentaran allí.

Minutos después, aparecen, al fin, unos vigilantes del centro y casualmente, las dos agresoras con el objeto punzante en mano y gritando amenazas, volvieron al local para, quien sabe, cumplir su juramento tal vez. Dos de ellos, lograron retenerlas en la puerta mientras seguían increpando a la dependienta. Un tercero, la acompañó hasta la zona del mostrador para que volviera a relatar lo ocurrido, y sólo se le ocurrió sermonear a la empleada diciendo que no podían ser colombianas, que sus rasgos físicos se asemejan más a las de peruanos y ecuatorianos. Es lo único que supo decir a la asustada vendedora, además de comentarle que el dichoso objeto punzante se trataba de un simple destornillador.

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