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6 min
Amor, añoranza y escatología
Amor |
23.11.13
  • 3
  • 5
  • 1799
Sinopsis

Solo para mayores de 18 años, gracias

Su avión salía muy de mañana y pasamos la noche despidiéndonos.

Primero nos despedimos en un entero, de una manera integral, sin distingos sectoriales, buscándonos y encontrándonos al completo; y después lo hicimos por partes. Ella me recorrió lentamente centrándose en aquellos lugares de mi geografía que más le atraían en cambio yo lo hice a base de espasmos, por impulsos, en un ir y venir, y lo hice así por indeciso, por no saber qué lugar preferir para disfrutar, por gustarme todos tanto y tanto.

La despedida fue, pues, una efusión de excursiones de lenguas, una continuidad de labios abiertos saboreando, una revolución de manos manoseando, un continuo manar de ambrosías por su parte, una intermitente pero repetida sucesión de erupciones magmáticas por la mía.

La despedida fue, pues, muy húmeda, extraordinariamente húmeda y repetitiva.

Por eso, cuando volvimos a la realidad, nos percatamos de que el tiempo se nos había echado encima y de que tan solo había tiempo para que uno de los dos se asease. Lógicamente fue ella, yo tenía el coche aparcado en la quinta puñeta y debía ir a buscarlo para llevarla al aeropuerto. Cuando llegué de nuevo a su portal y aparqué en doble fila ella ya estaba allí con las maletas.

En el aeropuerto desayunamos, charlamos, reímos, facturó las maletas, esperamos, nos prometimos quince días de añoranza, traspasó el arco detector de metales y desapareció. Y yo, de improviso, me sentí enfadado, enfadado y celoso. Empecé a pensar en todas aquellas personas que iban a estar más próximas a ella que yo durante los siguientes días: las azafatas del avión, los otros viajeros, el piloto… los habitantes de esa asquerosa ciudad de ese asqueroso país asquerosamente excomunista al que iba de vacaciones con un grupo de amigas.

Y no sólo personas: caballos, perros, gatos, ratas, cucarachas, escarabajos, gusanos… hormigas. Piojos, garrapatas, pulgas. Todos ellos iban a estar más cerca de ella, que yo.

¿Por qué? ¿Por qué? Me preguntaba, ¿por qué esa pulga que está parasitando a ese raquítico chucho y que  pasará junto a ella cualquier día de estos… por qué es más afortunada que yo?

¿Por qué? ¿Por qué esa orina y esas heces que discurrirán bajo sus pies, por unas desconocidas alcantarillas, tendrán la suerte de contar con su proximidad y yo, en cambio, debía conformarme con su lejanía?

¿Por qué? ¿Por qué ese esputo que de pisará de manera inconsciente acompañará sus pasos toda la jornada tan cerca, mientras yo, aquí, penaré en soledad recordando como uno a uno fui lamiendo sus dedos?

¿Y ese moco? ¿Ese moco reseco que alguien ha depositado debajo del banco en el que se sentará, por qué merecerá estar más cerca de sus nalgas que yo que soy quién las amasa, las mordisquea y las golpea con el pubis?

También pensaba en la suerte que iba a tener el papel higiénico, que estando en los lavabos en los que entraría a orinar, recorrería ese lugar del que yo extraía sus más íntimos y embriagadores licores con mi lengua.

Pero algo me consoló. Sí, sí, algo me consoló y fui consciente de ello mientras me dirigía al parquin del aeropuerto a buscar el coche. Yo tenía algo que todos ellos ellos no tendrían: Su esencia.

Sí, yo tenía su esencia, impregnados en mi cuerpo estaban los restos de esa última y maravillosa noche. Decidí mantenerlos allí hasta su regreso, decidí no ducharme, esa sería mi prueba de amor. Así lo hice.  

Impregnado en mi vello púbico continuaron los restos del embriagador licor que había manado de su interior. Sí, allí permanecieron, solidificándose lentamente, uniendo algunos de mis pelos, creando una maraña  abigarrada de sus efluvios y mi anatomía.

No, Tampoco me afeité. Mi barba creció protegiendo la líquida viscosidad que con sus labios y su lengua había repartido por mis mejillas. Y  blanqueó, se convirtió en una costra y yo la sentía cuartearse cuando sonreía pensando en ella. También dejé en mi cuerpo la que repartió por pezones, orejas, nalgas, pene y testículos. Allí quedaron hermanadas con nuestro sudor compartido, fruto del éxtasis y del place.

Mis manos tampoco quise lavarlas, la habían recorrido de norte a sur. Curiosas, habían indagado en todos sus recodos; inquietas, habían entrado y salido variando en ritmos y presiones; juguetonas, habían golpeado y pellizcado. ¿Por qué el agua y  jabón habían de robarme su aroma?

Quise mantener inmaculadas todas aquellas pruebas de nuestro amor hasta que, a su regreso, pudiésemos renovarlas.  

Y así me permanecí hasta su regreso.

Por chat discutimos: ella no quería que la fuese a buscar al aeropuerto, llegaba de madrugada y yo trabajaba al día siguiente. Que ya tomaré un taxi, me decía. Que sí, que no, Pero yo insistí: que no iba a permitir que tomase un taxi, que allí estaría yo, esperándola y que, además, tenía una sorpresa para ella.

Llegó el momento del regreso, a pesar de la madrugada la sala de espera de llegadas estaba repleta, era finales de agosto, pero a mí me resultó fácil hacerme sitio y llegar hasta la primera fila, justo en frente de la puerta, parecía que la gente me dejaba pasar. Allí me acodé, en la barra de separación. Pronto la vi, a lo lejos. Ella me saludó efusivamente con la mano y me lanzó un beso, la puerta automática se abría y cerraba mientras ella se acercaba pero tal y como lo hacía su cara iba cambiando.

Cuando salió me miró, me ignoró y se fue a buscar un taxi.

Nunca más supe de ella.

 

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  • Menuda sorpresa le tenía preparada el tío asqueroso jaja. Este relato, aunque tiene partes divertidas, me ha dado más asco que risa, pero seguramente esa era tu intención, así que conmigo lo has conseguido. Un saludo!
    Querido Pantero, por eso está la palabra escatología en el título, no quiero engañar. Sobre el valor literario que lo consideras escaso, seguramente habrá mucha gente que esté de acuerdo, incluso yo. Pero hay un par de comentarios que califican este texto de divertido, eso era lo que pretendía. Gracias por pasarte por aquí y también a los demás
    ¿Carga sexual? ¿Dónde? Más que carga sexual veo un relato con carga escatológica y poco valor literario. Obsesiones peligrosas que denotan un problema mental en su protagonista, vamos digo yo... Te valoro con una estrella como siempre hago con todas mis lecturas, por razones que en mis textos explico por si lo quisieras entender, aunque no creo que lo compartas. En este relato tampoco mereces mucho más. Lo que siempre hago es comentar las lecturas, es importante saber lo que piensa la gente de tus relatos, ¿no te parece?. Valorar y no comentar es como tirar la piedra y esconder la mano. Saludos.
    Excesivo, persistente, obsesivo, maniático, delirante, monótono, divertido. Saludos.
    Me he reído al final , bastante. He de decir que desde el principio ya estaba con la sonrisilla en la boca, pero el final es apoteósico. Vaya desagradecida, joder, esa tía no te merecía macho, esa quintaesencia que emanabas era amor puro!!! y nadie lo comprendió, ni ella!!! lo dicho, una desagradecida, joder..
  • Para mayores de 18 años, gracias

    Para mayores de diez y ocho años, gracias.

    Para mayores de 18 años, gracias.

    Solo para mayores de 18 años, gracias

  • 4
  • 3.57
  • -

Mis relatos tendrán una importante carga sexual, por lo tanto pido que solo sean leídos por mayores de 18 años. Gracias.

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