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23 min
Amor primaveral (Final)
Amor |
09.02.21
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Sinopsis

Muchas gracias aquellos que leyeron este relato, y por los que lo comentaron, se los aprecio sinceramente.

El soberano se retira su fino calzado  y da un paso adelante, sus pies entran en contacto con el piso rustico, la madera cruje a cada paso que se da. Era un lugar muy acogedor, limpio. Un penetrante olor a rosas invadía el sitio. Se sentó en un sillón rojo de terciopelo que estaba cerca de una ventana abierta, un ligero aire  de primavera  penetró a través de ella y trajo con él un aroma de lilas y un suave perfume de orquídeas. Katsumi lleva una bandeja de madera con dos tazas de té humeantes y un plato de porcelana blanca, con  galletas de jengibre. Le pide a Haru amablemente que se siente en una de las sillas blancas de hierro que están alrededor de una pequeña mesa del mismo material.  Al parecer era el diningroom. Ya sentados frente a frente, lanzándose miradas cómplices mientras daban pequeños sorbos a sus bebidas aromáticas.

 

── Le suplico que no me vaya a fallar. Sin su presencia, mi alegría será oculta tras la amargura y, mi corazón perderá toda dicha al no poder verla esa noche en el palacio. ── Me confortaba saber que recibía mis cartas, aunque la espera de su respuesta me torturaba día y noche, pero esa tortura fue espantada por la alegría que me dio al leer finalmente su carta. Sus palabras me devolvieron el alma al cuerpo.  Yo la ame desde el primer día que la vi vendiendo las rosas. Usted logro robar mi corazón y mis sentimientos al mismo tiempo.

 

── ¡Qué cosas me dice usted! Y cómo vibra todo mi ser al escucharlas, aun no sé qué he hecho yo para merecer tanta felicidad, ¡soy tan poca cosa, y usted… tan grande como el mar, no quiero que sufra una desilusión; sólo anhelo el rinconcito más pequeño de su corazón, déjeme que le venere toda la vida y que bese con emoción sus divinas manos. Le dice en tono sumiso.

 

 

De pronto  se  pone de pie y hecha a un lado la silla, la toma del brazo y la sujeta por la cintura con fuerza, la pega contra su pecho y le da un apasionado beso, ella responde al acercamiento inesperado, su cuerpo tiembla de deseo por él. Sus respiraciones entre cortadas, sus corazones palpitaban con fuerza. Al sentirse tan cerca el uno del otro. Su atracción era tanta que separaron sus labios para fundirse en un cálido abrazo. De rente el momento se vio interrumpido por una tos seca…

­── Es mi abuelo, dijo la muchacha, debo atenderlo, dice ella soltándose de Haru.

 

Katsumi se dirigió a la habitación de su abuelo. Le pidió a Haru que  se sentará mientras ella le daba la medicina. Él le obedeció y se sentó en el mueble rojo donde antes se había sentado. Al transcurrir diez minutos la chica aparece con su abuelo en una silla de ruedas. Una cobija de lana de cuadros negros y azules le cubría sus piernas y pies. Lucía un gorro de lana gris, y un saco de franela de color verde con un letrero de letras blancas y gruesas que decía: “ I`m bad  boy” , al joven le causó un poco de gracia.

 

── ¿Por qué no me dijiste que teníamos visita, Katsumi? Y nada menos que el hijo del emperador Hiroyuki  Ishikawa que en paz descanse, él fue un gran hombre, tuve el gusto de conocerlo personalmente gracias a mi hija.

 

──  ¡Disculpe señor!…

 

── Me llamo Takashi Sasuke, pero solo dime Takashi. Le contesta con una gran sonrisa.

── Señor Takashi, disculpe si he sido inoportuno al venir hasta su casa sin previo aviso, es que deseaba ver a su nieta  Katsumi, porque…estoy realmente enamorado de ella. Nunca pensé que llegaría de nuevo a mi vida el verdadero amor.

 

── Me parece estar escuchando a su padre, el emperador estuvo interesado en una de mis tres hijas, en la menor, Yuri, ¡ah mi bella hija! Exclamo con tristeza el hombre, la madre de Katsumi.

 

── ¿Mi padre tuvo alguna relación amorosa con la madre de Katsui?, ¿Eso quiere decir que Katsumi podría ser mi media hermana? Preguntó asustado.

 

 ── No, no para nada, no se imagine lo que no es. Ni usted ni mi nieta llevan la misma sangre. Además mi hija nunca le correspondió a su padre, porque Yuri no lo amaba. El padre de Katsumi fue un marinero de nacionalidad americana que vino como turista a Kioto, conoció a Yuri en un festival a las afueras de la ciudad. Yuri se enamoró perdidamente de él. Él construyo esta casa con sus propias manos para ella y su hija pero desafortunadamente el barco pesquero en el que él trabajaba, fue destruido por una horrible tormenta, no hubo ningún sobreviviente. Esa noticia desbasto a mi hija, se sumió en una honda depresión al saber que no volvería a ver al hombre que amaba, al padre de su hija.  Yuri, mi amada hija fue consumida por la tristeza, tristeza que la arrastraron  a la tumba. Yo me encargue de cuidar a mi nieta después de la muerte de mi hija, y como usted puede ver ahora es ella quien cuida de mí. Cada vez que la veo me parece estar viendo a su madre. Katsumi  saco sus ojos y su belleza.

 

── Señor Takashi la verdad todo lo que me ha dicho me ha parecido una historia melancólica. Sin embargo de alguna manera esta charla me ayudo a conocer un poco más sobre la vida de su nieta.

 

── Me he atrevido a contarle esto porque vi en sus ojos sinceridad, además  yo sé cuando alguien me está mintiendo, lo veo en sus ojos, pero en los suyos solo se refleja honestidad y amor.

 

Katsumi irrumpe la charla. ── Aquí les traigo un poco de  té con galletas de jengibre. Que lo disfruten. Dice mientras los ojos de Haru se posan sobre ella, ésta le regala una sonrisa de media luna al percatarse que la miraba. Katsumi baja la cabeza y abandona la sala.

 

── Joven Ishikawa, lo único que le pido es que no vaya a hacer sufrir a mi nieta, ella merece ser muy feliz y amada. Cuídela y defiéndala contra todo y de todos. Como si ella fuera su más grande y preciado tesoro sobre la tierra. Prométame que  la protegerá con su propia vida.

 

── Así lo hare señor Takashi, se lo prometo. Le doy mi palabra de emperador.

 

── Con todo respeto alteza pero, me interesa más su palabra de hombre que la de su título  nobiliario.

 

── Entonces le daré mi palabra de hombre que me encargare de hacer a su nieta la mujer más feliz del mundo, y la amare todos los días de mi vida y la protegeré con mi propia vida si es necesario.

 

El anciano le mostró una sonrisa de satisfacción al escuchar sus palabras, estaba seguro que él era el hombre indicado para su nieta. Sin embargo le hizo dos preguntas.  ── ¿Qué hizo ella para ganar su amor de la noche a la mañana.  ¿Y cómo se conocieron?.

 

──  Su nieta no tuvo que hacer nada para ganárselo, Ella no me busco yo fui quien la encontró. Su mirada gris y dulce atravesó mi corazón al igual que una flecha, la ame desde el primer día que la vi vendiendo sus rosas en una esquina de la plaza de mercado. Consiguió cautivar mi corazón y mis ojos. Desde ese día supe que había encontrado el verdadero amor.  Yo me atreví a enviarle cartas con Ryu, mi mensajero personal. En ellas le expresaba mis sentimientos y mis verdaderas intenciones.

 

──  Yo si la veía leyendo unas hojas de papel en su dormitorio pero jamás imagine que eran cartas suyas escritas para ella. ¿Y ella le contesto a sus epístolas?  

 

── Sí señor, por eso estoy aquí. A demás yo le vine a entregar una invitación con motivo a mi cumpleaños número veintiséis. Deseo tanto que haga presencia ese día. Será un baile de máscaras.

 

── Mi nieta jamás ha asistido a esa clase de fiestas, no tiene el vestuario adecuado y lo que menos quiero es que la hagan pasar un mal momento o hacerla sentir incomoda. Eso no lo soportaría.

 

──  Tranquilo yo me encargare de eso. Yo tampoco deseo  que pase un mal momento al contrario quiero que disfrutemos justos del baile…

 

Terminada la visita. Katsumi quedó feliz con la vista de Haru, sus ojos no dejaban de brillar.  Su abuelo estaba contento de ver a su nieta ilusionada con el dichoso baile y con el emperador. Le parecía un sueño que su joven nieta hubiera flechado el corazón de un hombre como el emperador.

 

Haru consiguió un hermoso kimono blanco de lino con pétalos de rosas rojas estampadas sobre la tela, también le consiguió un antifaz rojo de encaje en forma de mariposa y, unos tacones rojos de charol de tacón mediano. Ryu fue a su casa un viernes en la tarde para llevarle el vestuario que usaría el sábado en el baile. Ella lo recibió, al abrir la caja roja con moño dorado sus ojos grises brillaron de la emoción. Todo era tan bello y exquisito que quiso probarse todo lo que había en el interior de la caja. En el fondo de ésta había una hoja blanca doblada a la mitad ésta decía: 

 

Mi amada Katsumi:

Espero que te haya gustado mi regalo, de solo imaginarte luciendo esas ropas, mi corazón se acelera y mi cuerpo tiembla de ansiedad,  ya quiero que llegue mañana para admirar tu belleza y perderme toda la noche en tus ojos grises, y poder besar tus labios. Esos que me hacen perder la calma. Mi cochero llegara por ti a las 11:30pm. Tuyo Haru…

 

Finalmente llego el día, desde muy temprano Katsumi estaba corriendo de aquí para allá, atendiendo a su abuelo, a la casa y regando su jardín de rosas. Le pediría a una de sus vecinas, a la señora Martha, una señora muy noble, y seria, toda una dama; quien siempre estaba dispuesta a ayudar al necesitado. Era muy buena inventando peinados. Katsumi le iba a pedir el favor de que le ayudara a hacerse un peinado decente para un baile real.

 

El reloj marcaba las 11:00 de la noche. Katsumi fue corriendo donde la señora Martha. Entre tanto la peinaba sobre una silla giratoria sin espaldar, sus manos sudaban de los nervios, nunca en su vida tuvo un baile real y menos llevando un antifaz y usando tacones; quería dar una buena impresión. La señora Martha le sacó un grueso flequillo (capul), le recogió el cabello en una media cola, la cual era sostenida con dos horquillas de metal con piedras colgantes. Katsumi había tomado dos rosas rojas del jardín y se las había  puesto al  lado derecho de la cabeza como adorno.

 

Mientras tanto en el palacio había mucho movimiento, había  llegado la madre del emperador, su abuela, algunos amigos, también iban llegando algunos reyes y emperadores en compañía de sus esposas e hijas. El chef y los cocineros tenían una gran revolución en la cocina. Los jardineros estaban arreglando las flores, apodando los arbustos y limpiando la fuente del jardín. Haru observaba cada movimiento desde la ventana de su habitación. Luego dirigió su atención a una pequeña cajita dorada con tapa que tenía entre sus manos; al mirarla, una sonrisa se dibujó en sus tentadores labios y un brillo especial se reflejó en sus ojos. Luego suspiro profundamente…

 

── ¡Vaya! ¿Y ese suspiro? ¿A caso mi hijo está enamorado? Le interroga su madre. Irrumpiendo en su cuarto…

 

── Sí madre, estoy perdidamente enamorado de una bella joven. Esta noche vendrá como mi invitada de honor. Dice tras un profundo suspiro…

 

Le preguntó con curiosidad… ── ¿Es alguna emperatriz o princesa que quizás yo conozca? ¿Y cómo se llama?.

 

── No madre, no la conoces. Su nombre es Katsumi, Ella es una chica muy especial y única para mí, me ha bastado con verla solo una vez para enamorarme de ella locamente.

 

── ¿Katsumi?, no me suena para nada, me parece un nombre corriente. Dice en tono despectivo.

 

── Para mí no es un nombre corriente, es el nombre más bello que he escuchado y el que ha pronunciado mi boca porque es el nombre de la mujer que amo.  Ahora Madre si me disculpas dedo arreglarme para el baile.

 

Su madre arqueó sus gruesas y negras cejas en señal de disgusto y, sin pronunciar palabra alguna se retiró de la habitación de su hijo ajustando con fuerza la puerta atrás de ella. Katsumi ya estaba lista, se veía como toda una princesa de cuento de hadas. El tiempo había pasado rápido ya eran las 11:30 de la noche. En la calle se escuchaban los cascos de caballos que galopaban a gran velocidad, las farolas iluminaban el ancho de la callejuela empedrada. El cielo estaba cubierto de estrellas y la luna se veía en todo su esplendor. La noche lucia estrellada, casi mágica. El carruaje se detuvo frente a su casa, todos los vecinos salieron a escuchar el carruaje real. Murmuraban entre ellos al ver salir a Katsumi luciendo al igual que una emperatriz. Doña Martha la miraba con admiración desde su ventana. Cuando el carruaje se iba alejando del barrio su cuerpo temblaba de miedo. No sabía con quienes se encontraría en la fiesta, lo único que la confortaba era que Haru la esperaba en aquel lugar seria su guardián toda la noche.

 

El príncipe no dejaba de caminar de un lado para el otro en la entra principal. Todos sus invitados se encontraban en el salón del palacio, éste se hallaba decorado con esplendidos arreglos florales; cuatro lámparas de araña hechas en cobre se suspendían de lo alto del techo del salón, cada uno llevaba sus máscaras, unos bebían vinos finos, comían uvas y quesos importados. Los músicos se encargaban de deleitar a los invitados con piezas clásicas. 

 

La invitada de honor había llegado, la espera de Haru por fin termino. Katsumi bajo del vehículo halado por caballos, respiro hondo y dio un paso al frente, se levantó un poco el kimono para subir la corta escalinata de mármol, sus tacones rojos producían un sonido firme pero suave. El joven príncipe le extendió la mano en el último peldaño. Ambos se miraron fijamente, sus ojos brillaban a través de sus máscaras. Haru lucía un abrigo rojo de lino, un pantalón negro del mismo material y unas botas oscuras de cuero, llevaba el cabello recogido en una cola de caballo trenzada. Su antifaz era dorado con pequeñas flores grabadas en él.

 

── ¡Te ves tan bella bajo la luz de la luna mi amada Katsumi! Exclama tras sujetarla por la cintura y apoyar la cabeza de ella en su antebrazo doblado, luego de darle un apasionado beso. Quedaron en la misma posición que la famosa fotografía del beso, el del final de la segunda guerra mundial.

 

── ¡Buenas noches! Exclamo la madre del emperador simulando una tosecita.

 

Ambos se apartaron al escuchar a la emperatriz. ── Madre, quiero que conozcas a la mujer que me quita el sueño, Katsumi. La joven le hace una reverencia.

 

La emperatriz la observa de arriba abajo con una mirada escudriñadora. ── El insomnio no es conveniente para joven como tú que tiene a sus espaldas una gran responsabilidad como emperador de Kioto. Le dice en tono satírico.  La joven se incomoda un poco y le baja la mirada. La mujer le lanzo una mirada desafiante y fría.

 

── Ven conmigo Katsumi vamos a bailar, no dejaremos que nada ni nadie empañe este momento tan maravilloso. Dice mirando de reojo a su madre. 

 

── No dejes que los comentarios de mi madre te afecten. Demostrarles a mi madre y a todas estas personas que nos están mirando con curiosidad a través de sus máscaras y antifaces, lo mucho que nos amamos y que no nos importa lo que digan o piensen de nosotros. Porque hoy no solamente te verán como mi invitada de honor, hoy te verán como mi futura esposa.

 

── Buenas noches queridos invitados, amigos, madre, abuela; les agradezco infinitamente su asistencia a este baile de máscaras en honor a mi cumpleaños número veintiséis. En esta fecha tan importante para mí quiero presentarle a la futura emperatriz de Kioto, Katsumi Sasuke. Ella no tiene sangre noble ni títulos nobiliarios, ella es una vendedora de rosas que vive en un humilde barrio de Kioto con su abuelo enfermo, a propósito un gran hombre que cuido de mi amada desde pequeña. Mujer que ahora se convertirá en la emperatriz de Kioto como ya se los dije, la mujer quien mi corazón ha elegido. Espero que todos ustedes aquí presentes le den su lugar y la respeten, cualquier insulto u ofensa hacia ella será castigado por mi mano. Su madre no le gustó mucho la noticia, pues puso una cara de coraje imposible de ocultar. Ella no podía decir nada ya su hijo había decidido.

 

Él se arrodillo ante ella, y saco la cajita dorada de su bolsillo, todos quedaron sorprendidos  al ver lo que había en su interior. Era un anillo grueso de oro. Tenía incrustado un gran diamante en forma de corazón. ── Mi amada Katsumi Sasuke, ¿Aceptaría casarse conmigo? Le pregunto en voz alta. Katsumi lo miro con ojos de enamorada, le dio como respuesta un sí. El anillo se deslizo por su dedo anular derecho. La felicidad lo había embargado por completo. Su abuela y amigos no dejaban de aplaudir con euforia. Mientras que su madre y el resto de personas no salían de su asombro.

 

Haru les pidió  a los músicos que tocaran el vals sobre las olas, de Juventino rosas. El emperador Haru y Katsumi bailaron en la mitad del salón dejándose arrastras por la melodía de la música, la joven se defendió muy bien en el baile. Las princesas y emperatrices la miraban celosas, pues todas esperaban bailar con el apuesto emperador toda la noche.

 

­── Mi señor y futuro esposo,  me parece estar viviendo un sueño a su lado, un sueño del cual no quiero despertar nunca. Bendigo al destino que lo puso en mi camino, prometo ser una digna esposa para usted, lo amare hasta la muerte, le seré fiel y me encargare de hacerlo inmensamente feliz.

 

Haru le acaricia con los nudillos de la mano derecha su mejilla sonrojada, ── sé que así será. Yo soy feliz de solo saber que existes en mi vida. Desde la primera vez que te vi, te amé con loca pasión, en ese instante logre dibujar tu bello rostro en mi mente. Solo me inspirabas cosas hermosas jamás imaginadas. Te amo como nunca logre amar a ninguna otra mujer. Tengo la suerte de tenerte frente a mí, siento una dicha tan grande que no cabe en mi pecho.

 

── Usted simboliza la ilusión de mi vida, lo amo con toda mi alma, sus cartas alimentaron el fuego de  mi cariño, ahora comprende que nunca podré olvidarlo ni mucho menos dejarlo de amar.

 

── ¡Oh mi Katsumi! Exclamó Haru tras un suspiro.

 

El soberano la beso de nuevo en frente de los invitados y de su madre que permanecía sentada en una de las sillas en un rincón del salón. La pasión se había adueñó de sus bocas, todos seguían murmurando y observando con desaprobación a la pareja de la noche. De repente la lluvia se hizo presente esa noche, Katsumi tomo del brazo a Haru, salieron corriendo del salón, lo llevó hasta el jardín ── ¿Baila conmigo, mi señor? Le pregunto mientras le extendía la mano.

 

Él le sonríe y acepta su mano; ambos empiezan a bailar bajo la lluvia, sin música, no paran de reír, de dar vueltas, y de sacudir sus cuerpos al ritmo del agua que caía sobre el techo y el césped. La gente los veía a través de los grandes ventanales de cristal. Su madre histérica sale a gritarle que no se moje, que se va a enfermar, pero él no la escucho. Haru estaba encantado que no le importaba nada más que bailar con Katsumi. A la mañana siguiente Haru llevó a casa Katsumi en su carruaje querían darle la noticia al abuelo, sabían que se pondría muy contento. Cuando le contaron al señor Takashi, este no pudo evitar llorar de la alegría.

 

La pareja se casó en primavera, en el palacio real de Kioto, sus amigos, empleados más fieles, su abuela, la señora Martha y el señor Takashi fueron los únicos invitados a la boda. Fue muy sencilla pues fue el deseo de Katsumi. Rodeados de cerezos y del trino de las aves y el sonido del chorro de la fuente del jardín hacían el ambiente agradable y hermoso. Ambos lucían sus impecables y lindas yukatas; la de él era azul con flores blancas estampadas, con cuello y puños de color naranja. La de ella era rosa con líneas verticales en color rojo, verde, y violeta. Su largo y lacio cabello lo llevaba suelto. Mientras que el de él lo llevaba recogido bajo un pequeño gorro gris de cintas.

 

Los años pasaron y sus cuerpos envejecieron excepto su amor. Se veían tan enamorados como la primera vez. Ellos vivieron rodeados de amor por parte de sus tres hijos y de sus siete nietos. La emperatriz Katsumi cayó enferma nadie sabía de qué padecía solo sabían que esa enfermedad la mataba lentamente, robándole todas sus fuerzas, cada soplo de vida. Su familia y, su esposo Haru, su fiel y amado esposo nunca la dejaban sola ni un solo momento. En una noche de invierno la emperatriz Katsumi se desmayó entre los brazos de Haru, este la llevo cargada hasta el aposento real, la acostó sobre su lecho. Le pidió a todos que salieran del cuarto deseaba estar a solas con su amada.

 

── Emperador Haru, mi esposo, amigo y mi amante fiel, me marcho sin usted, por favor no aparte sus ojos de mis ojos, tome mi mano. ¿Podría cumplir mi último deseo antes de partir de este  mundo? Le suplica con voz débil.

 

── Lo que desee mi amada emperatriz, sus deseos son órdenes para mí. Le dice con lágrimas en sus ojos.

 

── Deseo escuchar por última vez aquel poema que usted me escribió mientras recorríamos el templo Kinkaku-ji. Recuerdo que era primavera, los cerezos estaban florecidos y los pájaros trinaban en sus ramas. ¿Se acuerda mi señor?.  El suspira y sonríe.

 

── Por supuesto me qué acuerdo, también me acuerdo de cada una de las cartas que le escribí. Haru comenzó a recitarle el poema…

 

── Eres mi Perfume, mi amor, mi brillo lunar,

      La que conoce mis secretos, mi existencia, mi vida,

      Mi bebida, mi paraíso, eres mi primavera, mi felicidad,

      Oh mi rosa sonriente, mi árbol, mi oradora, eres mi jardín de rosas,

      Mi deseo, mi perla más valiosa, mi mañana, mi tarde, mi sol

      Mi fruta, la luz que ilumina todo mi palacio. La que se revela, mi emperatriz,

      Mi reina, mi líder, mi vida en este gran imperio, mi tesoro,

      Mi paz interna  en este mundo, mi amada.

      Con hermoso cabello, con cejas de arco, ojos que queman,

       Ojos misteriosos a los que soy adicto.

 

Al terminar de recitarle el poema ambos sonrieron se dieron un profundo y largo beso, después ella fue cerrando lentamente sus ojos hasta quedar profundamente dormida para siempre. Haru apoyo su oído en el pecho de su esposa. Pero ya no latía, él la tomo en sus brazos y la aferro a su pecho su amada rosa, su primavera, su todo, había muerto. La muerte de Katsumi jamás logro superarla, su corazón no volvió a latir por ninguna otra mujer.

 

Se dice que al momento de su muerte uno de sus nietos, Takashi, los encontró en la habitación real recostado en su lecho, entre sus manos había una rosa roja. Sus labios dibujaban una sonrisa; desde la muerte de la emperatriz no había vuelto a sonreír hasta ahora. Sus cenizas al igual que las de Katsumi fueron depositadas en un jarrón, este fue enterrado bajo la sombra de dos cerezos que se encontraban plantadas en el jardín del palacio real de Kioto. Encima se trasplantaron  las rosas rojas que el emperador Haru le había comprado a Katsumi. Estas nunca se marchitaron al igual que el amor que existió entre los dos.

 

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