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11 min
Amor primaveral (Segunda parte)
Amor |
03.02.21
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Sinopsis

Le ordenó que visitara la plaza principal de mercado de Kioto. Solo les pedía a sus dioses que ella siguiera allí. Ryu encontró a la chica en la plaza de mercado, estaba en un rincón con su carretilla repleta de esplendidas rosas. Llevaba un modesto kimono blanco con un cinturón ancho de color rojo y el cabello recogido con una horquilla de madera, unos largos mechones finos cubrían sus sienes. El joven mensajero se acercó, se presentó como el mensajero real del emperador Haru. Katsumi lo miraba con desconfianza, él le entregó la carta que le había enviado el emperador en sus manos, luego se marchó entre la multitud. La guardó entre la manga ancha de su kimono. Espero abrirla cuando llegara a casa.

 

Ya en su habitación Katsumi se dispuso a romper el sello imperial, tenía curiosidad por saber que decía, la abrió, la carta del emperador Haru decía lo siguiente: Señorita Katsumi: Yo podría decir, sin modestias falsas, que nunca supe lo que es miedo. Sin embargo, hoy para escribir a usted, tiemblo, me siento cohibido y sin saber qué decir. Usted debe disculpar este estado de ánimo. Mi mente se siente trastornada desde que la vi aquella mañana en la plaza. Mi corazón late apasionado y sin reposo por causa de su hermosura. Estoy viviendo sin saber cómo lo hago, por favor apiádese de mi sufrimiento, y si su alma no es indiferente ante mis ruegos, acepte esta carta, contésteme para que escape de este tormento.Ya la he visto, usted me ha mirado también. Creo adivinar en sus ojos grises que le simpatice. El amor que le ofreceré será sincero y puro, y mis intenciones serán completamente serias. Contésteme pronto, se lo pide su servidor. El emperador Haru Ishikawa a sus pies…

 

Cuando termino de leerla, la doblo con mucho cuidado y la deposito en uno de los cajones de su mesita de noche; sus ojos brillaron, las palabras de Haru le transmitieron tantas cosas, no podía salir de su asombro, pensó que quizá estaba soñando, era increíble para ella que el mismo emperador le hubiera escrito una epístola donde expresaba sus sentimientos hacia ella. Ningún un hombre se había atrevido a escribirle una carta y mucho menos un hombre como lo era el príncipe. Katsumi no sabía si debía contestarla o no. así que decidió esperar la próxima carta, tenía el presentimiento de que lo haría. Mientras tanto Haru seguía esperando impaciente la contestación a su carta, los días y las semanas pasaban y ninguna carta de ella llegaba a sus manos.

 

No aguanto más la espera y decidió escribirle otra carta. De nuevo ordeno a Ryu que le entregara otra carta a Katsumi, este sin negarse acepto de inmediato. Ryu pregunto en todas partes por la vendedora de rosas, pero nadie le daba razón de ella. Este salió a la calle con cara de preocupación. ── ¿Estás buscando a Katsumi, la chica de las rosas?, le interrogo una anciana que estaba sentada afuera de la plaza en un banquillo de madera echándole maíz a unas palomas. Ella suele llegar tarde los sábados. Le dijo la mujer con voz ronca.  

 

Ryu le agradeció a la anciana por la información, entonces decidió esperarla junto a la vieja. Pasada una hora, Katsumi llegó halando su carretilla de madera repleta de rosas. El mensajero se dispuso a ayudarla. ── ¿Qué haces usted aquí? Le pregunto en tono seco.

 

── Señorita Katsumi la estaba esperando para entregarle esta carta que le envía mi amo. Le dice con voz cándida tras entregarle la epístola. Ella acepta la carta, la abre y la empieza a leer mentalmente:

 

Señorita Katsumi: Guarda usted un silencio que me abruma; y si a este silencio se agrega mis pensamientos, resulta para mí una situación terrible. Yo no puedo vivir si usted no se digna siquiera contestarme para clamar así en parte las ansias de mi corazón. Dígame, hermosa señorita: ¿El cariño que tengo por usted no merece siquiera una contestación que calme mi angustiosa situación? por piedad, sáqueme usted de este horrible tormento, que me hace morir por usted.   Dígame tan solo unas palabras que me den esperanzas y me ayuden a vivir, dígame que mi cariño para usted no es del todo indiferente. Mi vida está en sus manos, y le suplico dé su fallo que venga a definir mi situación. Si esta resolución fuera favorable a su esclavo, me consideraría el hombre más feliz que hay sobre la tierra. Su enamorado.  

 

Cuando la termino de leer quedo pensativa, realmente estaba viviendo una quimera, porqué ella, por qué no otra mujer de su mismo linaje. Aunque recibir sus cartas la ilusionaba profundamente. Sintió tantas ganas de verle pero aún no estaba segura de dar ese pasó; debía conocer un poco más las intenciones del soberano, si realmente estas eran sinceras.   Haru ya no era el mismo, Katsumi lo había trastornado, todo el tiempo se le veía absorto en el jardín viendo las rosas florecer. No podía dejar de pensar en sus ojos, en su boca, en su sonrisa, en su carita de ángel. Ya no se lograba concentrar en sus labores. Ansiaba una respuesta de su parte. Así que pensó en volver a escribir más cartas. Se encerró en su habitación, pidió no ser molestado.

 

La noche cubrió el cielo y las estrellas empezaron a titilar en el firmamento. Él lo observaba detenidamente como buscando algún brillo de inspiración entre el fulgor de estas. Se sentó en el escritorio, encendió una vieja lámpara de aceite, tomo papel, tinta y su pluma y, sin embargo decidió escribir todo aquello que le dictaba su corazón.   Señorita Katsumi: Si viera cuánto sufro. No tengo un momento de paz, ya no me agrada estar en el palacio, ni escuchar música, lo único que me agrada es recordarla, las rosas se secaron, pero aún no me atrevo a tirarlas. Lo único que puedo hacer es quererla con todo mi corazón. Yo no creía que se pudiera querer tanto como yo le amo a usted.   Si ve alguna mancha en esta carta, son de alguna lágrima que he vertido al escribirla, porque al ver lo triste de mi destino no he podido menos que llorar, yo que nunca lloro, yo que nunca creí volver a llorar después de la muerte de mi padre. Esas lágrimas le dirán todo lo inmenso de mi cariño, todo lo tierno de mi amor… Y usted, ¿Me quiere como yo a usted? Dígamelo, por piedad, dígamelo…  

 

Respetable señorita Katsumi: No he podido tener el gusto de verla de nuevo por causa de mi labor como emperador, la cual requiere de toda mi atención. Vuelvo a escribirle para hacerle saber que usted ha despertado en mí un sentimiento que pasa más allá de un cariño, y por lo mismo este corazón inquieto se aventura a escribirle para cerciorarse de que usted vive en realidad. Pues es tanto el amor que le tengo que a veces dudo que esto sea verdad. Su hermosura que la adorna, han despertado en mí una pasión que no he podido detener, y que me obliga a pensar constantemente en usted, sin poder olvidarla un solo momento. A sus pies, devotamente…  

 

Finalmente la joven decidió escribirle una primera carta al emperador, después de dos semanas le entrego una segunda carta:

 

Mi querido y respetado emperador Haru: Sé que estuve mucho tiempo titubeando para mandarle estas líneas en las que le doy a conocer mis intenciones amorosas, porque mi corazón me obligo a hacerlo, ya no podía callarlo más. En un principio tenía la duda de si en verdad lo amaba, pues creí que podría tratarse solamente de una impresión pasajera, pero me he dado cuenta de que efectivamente le quiero, pues su amor hirió con una flecha a mi corazón. Solo quería saber si había encontrado eco en su corazón. No sabe cómo vibra todo mi ser al leer sus cartas, me he llevado cada una a los labios muchas veces. Y las he llenado con lágrimas de alegría y gratitud. Nunca pensé que me atrevería a decirle esto pero muero por verle. Katsumi Sasuke.  

 

Cuando Haru leyó la primera carta, su rostro resplandeció de alegría al saber que ella lo amaba tanto como él a ella. No dejaba de dar brincos por los corredores, y no paraba de silbar a los pájaros que revoloteaban por el jardín. Se le veía realmente feliz, sí, el emperador estaba por primera vez enamorado. ── ¡Katsumi, me ama! Gritaba por todos los rincones de su casa. Sus empleados se preguntaban quién podría ser Katsumi, quizás era alguna princesa o doncella que había conocido en Tokio, comentaban entre ellos. Pasadas dos semanas Katsumi le envía una segunda carta.  

 

Respetable señor mío: Sé que es demasiado atrevimiento el que me dirija a usted, pero no me es posible callar más tiempo las sensaciones de mi corazón. Mucho tiempo he tratado de contener mis sentimientos hacia usted, pero han sido infructuosos mis propósitos. Hoy, haciendo a un lado el abismo que nos separa, ya que la cuna en que usted nació no se puede comparar con el lugar donde yo nací, mi cariño es sincero.   Es verdad que soy una mujer sin títulos nobiliarios ni riquezas, usted lo sabe, no cuento más que con mi humilde trabajo de vendedora de rosas que me da para vivir.   Intento no pensar en la posición social que nos separa, pero me considero indigna de usted, he llorado en silencio mi desgracia para ahogar mi pena, aunque no por eso dejare de amarlo. Katsumi Sasuke.  

 

Como se acercaba su cumpleaños número veintiséis, quiso organizar un baile de máscaras. Invito a su madre y demás familia, amigos cercanos, algunas familias nobles y una que otra doncella, pero su invitada de honor seria Katsumi, la mujer quien le había robado el corazón. No aguantaba más, necesitaba verla, sentirla, escuchar su dulce voz. Ya lo había estado pensando noches anteriores, iba a visitar a su amada hasta su casa para darle personalmente la tarjeta de invitación, conocía muy bien el barrio, además cualquiera de sus vecinos podría suministrarle la información necesaria para dar con su hogar. Pues la mayoría la conocía como la vendedora de rosas. Y así lo hizo. Ingreso al barrio en su carruaje real. Empezó preguntándole a un anciano que estaba sentado sobre una piedra mediana bajo la sombra de un almendro fumando su pipa. El viejo al darse cuenta que se trataba del joven príncipe, de inmediato lo guió hasta la casa de la muchacha. Le señalo con su dedo índice derecho huesudo la vivienda; esta tenía un lindo jardín de rosas rojas en la entrada.

 

La gente sorprendida al saber que era el emperador, salían de sus casas y otros observaban desde las ventanas con curiosidad.   Bajó del vehículo. Usaba un pantalón de tela de paño negro, Zapatos de cuero negros bien lustrados y una camisa de satín roja amplia, el lado derecho de adelante tenía un estampado de un dragón dorado y los puños tenían detallados bordados del mismo color. Su cabello negro y lacio le cubría la espalda y sus hombros.   Toco a la puerta de madera, los nervios lo invadieron. Dio tres pequeños golpes…De pronto la puerta se abrió, era Katsumi, se veía tan hermosa, tan frágil. Ella no tenía que envidiarle nada a ninguna mujer, porque para él simplemente era perfecta con sus virtudes y defectos.

 

  ── ¡Emperador Haru buenos días! Exclama sorprendida haciendo una reverencia.   ── Disculpe señorita Katsumi si mi visita le es inoportuna, pero no pude soportar las ganas de verla de nuevo y entregarle personalmente esta invitación, quiero que asista a mi fiesta de cumpleaños número veintiséis, usted será mi invitada de honor.   ── Por favor siga, es usted bienvenido a mi casa.

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