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3 min
Analogía
Suspense |
05.05.20
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Sinopsis

Prólogo.

Rafael se asomaba por la ventana, sosteniendo un fusil con el semblante muy concentrado. Fabiola, quien lo miraba distraída y apenas conocedora de tal suceso, habló:

  •  Sigo sin entenderlo - exclamó la mujer, mientras estaba sentada en la silla del comedor, no muy lejos de su pareja - ¿Por qué llegó a este extremo la situación?

El hombre, que apenas le prestó atención, comenzó a recordar los sucesos que acontecieron hace unas horas:

  • No lo sé - respondió, al cabo de unos minutos que comenzaban a incomodar a su novia - Pero de algo estoy seguro - afirmó con cierto dejo de razonamiento - Allá afuera es peligroso.

El pequeño poblado de José Estrada era invadido por una niebla, tal y como aquella novela de ese autor reconocido. Pero, la situación se había transportado kilómetros al sur.

Apenas y eran perceptibles algunos ruidos; las llamadas se habían reducido las últimas horas y los parques de diversiones efectuaban aquel chirriante sonido trillado de una película de horror. Las teorías del colectivo comunitario comenzaron a murmurar en los humildes hogares:

- Nahuales

- Brujas

- Demonios

- Alienígenas

- Vampiros u hombres lobo.

Lo cierto es que carecían de veracidad; el peligro que acechaba allá afuera podría estar a metros o inclusive a centrímetros de una presa. Las banquetas, apenas perceptibles, eran coloreadas de color sangre: charcos y derrames, como si de una escena gore se tratase. 

Ninguna víctima conseguía zafarse de aquella inminente muerte, la cual los pobladores llamaron "El Silencio": cuando una de sus víctimas caía en su poder, la escena comenzaba con ríos de sangre y pedazos de órganos apenas reconocibles volando en el pavimento. El significado del apodo sucedía porque al asesinarlos, los alaridos y gritos de auxilio no se podían notar, como si aquel ente tuviese el poder de controlar el sonido allá afuera.

Los tejados de algunas casas estaban bañadas con la húmeda niebla y el poblado permanecía aislado del estado. En las calles, se podrían notar automóviles en todas partes; algunas patrullas de la policía municipal se encontraban incendiados o abandonados. La máxima autoridad habría sido derrotada en las pirmeras semanas del mes.

El destino del poblado José Estrada estaba pendiendo de un hilo y aquel ente no se detendría hasta saciar su sed de sangre.

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