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4 min
Ángel con alas rotas.
Amor |
18.04.15
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Sinopsis

Mi mentira más bonita, mi diablo vestido de ángel y el dueño de mis lágrimas y mi corazón roto: él.

"Cuando una persona se entrega a otra en cuerpo y alma, debe ser correspondida o por dentro y fuera será destruida." 

Yo era una mujer con ganas de volar y miedo de caer. Quería despegar mis alas, elevarme en el cielo y hacer de este miserable mundo mío, descubrir lugares que nadie se ha atrevido descubrir y hacer las cosas que nadie se ha atrevido a hacer. Solo me faltaba una cosa: el valor. 

El miedo me había acogido como una niña abandonada, creciendo entre la oscuridad y tropezando mientras buscaba a tientas la salida. Al final, cuando creí encontrar la perilla de la puerta y la deslizaba dispuesta a luchar con lo que fuera me esperaba, escuche una voz. 

No era cualquier voz. Seductora y suavemente, me hicieron retroceder a la oscuridad para encontrar el propietario de esa melodía. Lo que encontré, es algo que hubiera deseado jamás encontrar. 

Era el diablo disfrazado de ángel. Me cautivó en cuanto lo vi, temiendo que al parpadear aquella majestuosa figura desapareciera. Estiré los brazos hacía él, y cuando lo cogí entre mis brazos deseé que ese momento se congelara. Ahí estaba yo, tan inocente e ingenua, abrazando y escuchando los latidos del corazón del hombre más manipulador que ha tocado la Tierra. 

Cuando hablaba a mi oído, sentía como un cosquilleo que me recorría la piel. Me sentía la diosa del mundo a lado de aquél hombre, y cuanto más lo abrazara, más parecía desvanecerse. 

Entonces sucedió. En solo una noche mi mundo entero se destruyó, como cuando haces una torre de bloques y sacas la pieza más importante. Aquél hombre que tanto odio y amor se ha ganado por parte mía (y probablemente por más mujeres, todas ellas ilusionados por un hombre sin corazón), me desvistió en cuerpo y alma. Descubrió lo que nadie había logrado descubrir, mis secretos fueron vulnerables y yo le permití escarbar entre mi pasado.  

Se divertió conmigo como nadie lo había hecho. Me hizo sentir querida, amada, deseada, y luego, como el cobarde que es, se fue sin decir adiós. Dejo que yo misma recogiera mi vestido del suelo y me lo pusiera, mientras las lágrimas confusas deslizaban por mis mejillas. 

Mis alas estaban rotas. El deseo de volar había desaparecido y ahora solo me apetecía aislarme del mundo en mi querida oscuridad. Era como un ángel, un ángel roto que ya no quiere sentir de nuevo el aire ni el sol. 

Aun hay días en los que lloró en mi cama. La luna observa a la mujer débil que me he convertido, y mi almohada seca mis lágrimas a las tres de la mañana. Abrazó a los recuerdos del hombre que ame y no me amo, sin poder dejar ir la mentira más bonita que me han contado. 

Porque nadie podrá negarme que lo mío no merece ser contado. Fue hermoso, lleno de abrazos y supuesto cariño. Cada segundo era un año entero, y podía reír como nunca había reído en mi vida y sentirme la mujer más afortunada y dichosa. 

Ahora que los meses han pasado, cuento las noches en que ya no he llorado y las veces que he sonreído olvidándome al menos por dos segundos que un hombre me quito lo más preciado que tenía y se fue. Aun sigo herida, pero va cicatrizado. Ya no me sorprendo pensando en él y he cambiado mi almohada y sábanas por unas más limpias. Me miro al espejo y sonrió para mi misma, preguntándome cuando durara esa sonrisa. Espero que sea una sonrisa eterna, todos deberían ser felices hasta que su corazón dejé de bombear y dar vida. 

Hay días en los que aún me preguntan que fue del hombre con el que me veían y era tan felices. Mi sonrisa desaparece cada vez menos, incluso contesté una vez riendo "¿Ese? Pobre diablo, espero que un día ame a una mujer de verdad y no se sienta tan vació". 

Y ahora estoy parada en un mundo que parece completamente distinto. Y no puedo esperar a volar por primera vez y tener el mundo a mis pies, olvidarme de todos y todo. Porque si hay algo que aprendí de lo peor que me ha pasado en la vida es que solo hay una persona a la que debes querer más que nadie: tú mismo.

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