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9 min
ANGRY / ANGRY
Varios |
25.01.16
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Sinopsis

Este relato es uno de los primeros que he escrito y corregido durante meses. Los invito a que lo critiquen, y pregunto, ¿alguna vez has conocido a un hombre o mujer como Jaques?

ANGRY  / ANGRY

  ::

Nunca, pero nunca, abre la partida por el centro. Ataca por los costados, aparenta vulnerabilidad en su juego. Un libre pensamiento se materializa con cada movimiento para él, que juega sin mirar nada más que el tablero mostrándose impulsivo. Don Jorge se ha conservado gracias a lecturas inconclusas, tinto y poemas escritos en servilletas, un tipo de personalidad camaleónica, de actitudes arácnidas, selectivo con los que juega: no se sienta con cualquiera, menos por dinero; hay algo más que se acomoda en ese hueco que tenemos todos en el vientre.  Para él, en el juego perder nos es una opción, en ocasiones va en busca de la Reina…no cae, la Torre del Rey se despide y se entrega por su Dama; cinco movimientos después los caballos domados se quedan atónitos al ver cómo los alfiles uno a uno son degollados. La mujer luce su mejor gala, su vanidad no teme ser salpicada por la sangre de un peón, digno como su Rey.

Cada día de la semana se quema con bellas artes vino, tiempo y realidad en la esquina de la séptima con diecinueve, hasta las once de la noche jugadores como espectadores se reparten por los bares o según sea el caso en las residencias de la zona porque no les gusta que los encuentre el alba haciendo un enroque.

:.

Tres de la mañana, la Reina de Jaques no cae, un ingeniero con muchas ambiciones entre ellas ganarle una sola vez al viejo, hacer que quite la vista del tablero antes de terminar la partida. Mientras analiza el juego impregna la sala con una bocanada burlona cuando la Reina queda en jaque no su Rey y con siete movimientos no vistos por Jaques, gana la partida. Jaques no asimila la derrota, de sus labios no salen más que improperios e incoherencias. Tres de los amigos de Don Jorge lo contuvieron y echaron del apartamento, no sin antes pagar su apuesta. Levantó la mirada del tablero cuando Jaques no estaba, tenía que esperar a que saliera el Rey Negro de su sala y de su vida. Jamás volvería a jugar una partida con él.

-Vi algo en su mirada que zumbó por mi espinazo con un halo de premonición.

:

Pasaron días, para que se preguntaran por Don Jorge, sin él, las partidas en la séptima con diecinueve no son iguales su presencia adereza las contiendas con opiniones y silencios que a nadie hace sentir incómodo. Sus amigos intuyeron que como todos tiene cosas que hacer, pero, qué más hacia sino jugar ajedrez, tomar tinto y escribir poemas en servilletas. No pasaba de los sesenta años, de costumbres nunca negociables sobretodo alguien siempre atento a la escucha, a saber ver cuando omitir, dimitir, o atacar con seguridad. Un lector de aristas humanas.

Tres años antes de conocer al viejo, Jaques divagó por los pasillos de las Bibliotecas Públicas en un monólogo continuo que llenaría la libreta de un psicoanalista o un biógrafo. A primera vista parecía ser una persona frágil, sin duda un ser peligroso si se obsesiona y pasó cuando conoció a Angélica quién soportó sus celos e inseguridades de marihuanero come mierda porque eso es el mundo para él, un plato rebozado de mierda del que hay que atragantarse. Angélica un día siendo literal a sus ideas, le sirvió un plato con mierda de su perro Melquiades un mastín que detestaba a Jaques como a muchos come mierda.

- Si eres tan come mierda como dices, dale… ya estás acostumbrado.

- Me como el plato si es tu mierda, si es la del perro, tráeme un poco de mayonesa…

Terminó la relación, los meses sin ella se volvieron insoportables. No sabía qué hacer, la buscó al punto de acosarla con poemas, esperándola a la salida de su trabajo y clases o con amenazas de suicidio. Él no lo soportó, pasar por ignorado por la mujer que amó lo dejó sin cimientos todo se fue el por el escusado. Desapareció. Angélica y Edwin se preocuparon por él al inicio pero al recibir una serie de cartas enviadas por él poco alentadoras sobre sus deseos terminaron por olvidarlo, consideraron que era lo mejor para seguir con sus vidas.

Un día decidió seguir con su vida eso sí siempre aderezada de mierda con mayonesa, vocecillas en la cabeza que se hicieron más intensas el día en que perdió la partida con Don Jorge. Ellas, le recordaron a Angélica, a Edwin y lo que planificó el día en que los vio salir del motel donde compartieron noches y días leyendo su cuerpos.

La noche en que Jaques perdió la partida, tuvo un par de experiencias yendo dónde tenía sus cosas. Un par de sujetos al ver su porte de intelectual concibieron la posibilidad de que tal vez tuviese algo de dinero para comprar un trago más, antes del amanecer. Lo robaron. Jaques había perdido todo, y sólo contaba con un par de monedas para comprar un par de cigarrillos, lo que los sujetos no quisieron entender y por diversión, le dejaron sin chamarra, documentos y zapatos. A la hora del episodio una patrulla al ver su ceja rota no por compasión o justicia lo acogen: destino, el calabozo por indocumentado y por resistirse a la requisa.

Un poli terminó con la nariz rota igual le dieron las 24 horas para pensar en lo visto, en lo hecho y por hacer.  Su mente se ha montado en una idea su cuerpo no tiembla y fuma con placer en la esquina dónde no llega el sol mientras sus compañeros de celda no se atreven a molestarle gracias a su mirada que desprendía con silencio odio.

-Mi mundo se hace caverna tras las rejas de nuevo y las vocecillas fisuran mi mente...

::

- Entonces, ¿nunca levanta la mirada Don Jorge?

Abre los ojos y lo primero que ve es el cañón de un 38 en su cara. Olía a pólvora.

- De usted depende que no le pegue un tiro a cualquiera de los tres.

- ¿Qué? ¿Qué es lo que quiere?

- Juguemos y si usted mira el puto tablero una sola vez… alguien va a morir.

Angélica con el maquillaje corrido no deja de mirar a Don Jorge, a Jaques y a su futuro marido que está herido en la pierna izquierda.

- Vete a la mierda.

- Ya estoy en ella.

Él disparó dio en la frente del futuro marido de Angélica. Jaques, no pestañeó, no apuntó, nunca dejó de mirar a Don Jorge.

- …todos si no accede, morirán.

- Ok. Juguemos

- Así jugaremos. Me dirá el movimiento que hará y yo lo reproduzco en el tablero, simple, y verá que no es necesario estar pendiente del tablero mientras platicamos hasta que se devele el siguiente movimiento hasta que alguno de los dos gane el juego.

- Todo tiene su momento. Vamos, desátame y así jugaré más cómodo. No puedo pensar con claridad al verla, atada de pies y manos. Mejor vamos al otro cuarto. Aunque lo de taparle la boca, maravilloso, ¡ojala! le hubiese hecho eso a mi segunda ex esposa…

- ¿Te molesta?

- Como me mira, me intimida, es de esas personas con mirada penetrante, que asfixia un poco si uno cede al encuentro, ¿eres psicóloga?

Le pregunta a Angélica que mueve la cabeza en forma afirmativa. Jaques accede, el viejo no puede hacer nada. Mirando a Angélica, dice el viejo:

- Aquí en el ajedrez no llamamos a las cosas por el nombre. Toda palabra es un libro, todo objeto que contenga vida y represente, así sea inanimado… ¿aunque, dónde no habita la vida en realidad? Yo creo que es una fantasía…Parece ser que quiere dejar un mensaje a la humanidad joven, o me equivoco.

- Sí, de pe a pa. Yo no le quiero dejar un mensaje a nadie, sólo quiero jugar ajedrez con usted y esta es la apuesta, si pierdo, me pego un tiro y los dejo ir.

- ¿Y si yo pierdo?

- Nos morimos todos.

:.

Se van al otro cuarto, Angélica intenta desatarse, inútil. Y el cadáver del que iba a ser su futuro esposo, no deja de verle, como si desde el más allá le viera impotente. No sabe qué hacer sçolo entregarse a la esperanza de que el viejo gane, pues con los antecedentes de Jaques no se sabe aunque se dice por ahí que los locos, los niños y los borrachos dicen la verdad, aunque sus actos siempre van en contra de lo que dicen, porque ocultan su deseo real; el de Jaques matarlos a todos.

:

Han pasado más de tres horas, o eso cree Angélica. Suena un disparo, y su esperanza se difumina al ver a Jaques salir del cuarto. La mira a los ojos, apunta, dispara.

.

Jaques sale de la finca, no hay vecinos y los disparos no espantaron a los cuatro gatos que despluman pájaros. Su vida y el mundo no los percibe como un plato de mierda rebozada que con gusto comería con un poco de mayonesa sólo el deseo de vivir se apodera de él pero una apuesta, es una apuesta.

 

 

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