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5 min
Año nuevo. Vida nueva.
Drama |
13.01.17
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Sinopsis

Año nuevo. Vida nueva.

En Rusia. En lo más olvidado de la Siberia rusa. En la ciudad más fría del mundo. Yakutsk. A cuarenta y cinco grados bajo cero. Una noche de fin de año. Dimitri llega a su casa pasadas las once. Solo. Cubierto de nieve.

Olga, su mujer, lo recibe con una sonrisa temblorosa. Le ayuda a despojarse de toda la ropa de abrigo. Se sienta para que le ayude también con las botas. Entonces no puede reprimir un eructo que deja escapar un rastro inequívoco. Una amenaza. Un sal corriendo y no mires para atrás. Deja en el pasillo el rastro vaporoso de media botella de vodka.

Ambos transitan por la casa. Evitándose. Rehuyendo. Maldiciendo. No queda nadie de los invitados a la cena. Se han marchado para celebrar la entrada del año en casa de otros amigos.

Olga simula encontrarse mal y decide meterse en la cama. Refugio. Huida. Pero Dimitri la sigue, la persigue hasta que la alcanza. Intenta besarla. Acosarla. Tosco. Bruto. Rompe la blusa y ella corre. Llora. Llora sin lágrimas. Ya no le quedan. Ya dejó de usarlas.

La casa donde viven está alejada unos cien metros de la de sus vecinos más cercanos. Ella abre la puerta. Torpe. Temblorosa. Se lanza a la calle y comienza a correr en mitad de la ventisca. Dimitri va tras ella. A pesar del alcohol, corre más. Y más.

Le prometió que no bebería nunca más. Lo juró. Lo juró tantas veces. Una y otra vez. Hasta que la convencía. Hasta que la vencía. Cedía por insistencia. No por convicción. La engañó. Nunca dejó de engañarla. Joder como corre ese condenado. Ya la tiene al alcance de sus brazos. Al alcance de sus golpes. Al alcance de su odio.

Dimitri se para en seco. Algo lo detiene. Vomita. Se siente mareado. Vuelve a vomitar. Pero esta vez pierde el conocimiento y se desploma en una zanja al lado del camino. Queda abrazado por la nieve. Bajo la negrura de la noche. Bajo el frío helado. Helador. Ella se gira antes de golpear la puerta de su vecina. Lo ve tendido. Quieto. Medio enterrado. La luz escasa no le da seguridad. Pero algo la impulsa a volver sobre sus pasos. Aterida. Asustada. Cuando llega hasta él. Lo mira y lo golpea con un pie.  

Ha vomitado sangre. Tiene la boca roja y los ojos cerrados.

Estará muerto. Se pregunta. Entonces decide cubrirlo de nieve. Con sus manos. Con su dolor. Con su alma congelada. A punto de desfallecer por hipotermia. Decide que el frío acabe lo que el calor del vodka había empezado. Cuando no puede soportar más el temblor de sus piernas. De sus manos. El dolor del frío entrando en sus entrañas. Lo abandona a su último sueño. Lo deja estar. Lo deja.

Olga entra en casa. Se abraza a la chimenea. Tiembla. Coge una botella de licor de la mesa. Se traga un sorbo. Y luego otro. Calor. Vida. Viva la vida y por qué no. Viva la muerte. Celebración.

Mira la hora. Las doce menos cinco. Y no lo piensa. Es fin de año. Se acerca a la televisión y la conecta. Aparece Putin. Está dando el último discurso del año. Espera con el champán entre las piernas. Aún aterida. Aún temerosa. Aún incrédula. Ploff. Sin querer, el corcho ha salido volando. Se asusta. Van a empezar las campanadas. A la par que se abre la puerta de la casa de par en par dando un golpe contra la pared. Una ráfaga de frío siberiano se le cuela hasta el salón. La abofetea en la cara. Entonces ella cierra los ojos. Reza. Suplica. Casi desfallece. No quiere mirar.

Sus amigos invaden el salón con actitud festivalera. Saltan. Gritan. La informan entre risas que han cambiado los planes y han decidido empezar el año con ella. Las campanadas empiezan a sonar. Tam, tam, tam. Ella no puede reprimirse. Empieza a llorar. Una lágrima por campanada. Una campanada por cada año de sufrimiento reprimido. Se sorprende. Puede llorar. Puede sentir su consuelo resbalando por las mejillas. Feliz año, gritan a su alrededor con las copas de champán en las manos. Ella está medio ausente. Una amiga la abraza y le dice que Dimitri no tardará en llegar. Que no se preocupe. Luego la felicita con alborozo.

Feliz año, le contesta Olga. Feliz año nuevo, se dice a sí misma esbozando una sonrisa. Feliz vida nueva, añade.

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