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13 min
Anoche fue hace un rato.
Drama |
07.10.14
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Sinopsis

Un doloroso recorrido por los anales del recuerdo llevará al protagonista a descubrir lo que ha hecho la noche anterior.

 

Despertate. El frío no habla pero sugiere: despertate, averigüá por qué tenés el cuerpo entumecido como el de un cadáver, congelado, rígido y estremecido. Abrí los ojos, poco a poco, acostumbrate a la luz que te penetra las pupilas como un manojo de agujas. Duele, el resplandor y la cabeza duelen, no te muevas bruscamente porque el sonajero que tenés adentro rebota entre parietales, y duele, duele mucho. Debe ser por anoche. Despacio, levantate despacio. Andá al baño y tomá un poco de agua para sacarte esa sed de desierto que te enyesa la garganta.

Mi cara no se ve mejor de lo que me siento. No me acuerdo qué hice anoche, pero me da la sensación de que sólo fue hace un rato. Sin quitar la vista del espejo, busco la canilla al tacto. Escucho correr el agua, fluye como un río. En la orilla está Carolina con la caña a cuestas. Así no, Caro, te lo dije mil veces, si querés pescar algo te tenés que meter más adentro. Embarrate un poquito, mojate, vas a ver que no te va a pasar nada. No me escucha, nunca me escucha. Quiero acercarme y enseñarle, pero la pava empieza a silbar. Ese silbido lo conozco, me es lejano pero lo registro. Claro, es mi vieja; hola mamá, ¿me estás preparando la merienda? Me sonríe, la vieja, qué sonrisa más cómplice, qué olor a tostadas con manteca derretida y azúcar arriba. Esperá que me como una, ma, y después hablamos. O mejor no, ahora no puedo, no ves que papá me espera en el arco. Dale, me dice, pateá lo más fuerte que puedas. ¿Ah, sí?, mirá cómo te la clavo en el ángulo. Tomo carrera, me concentro y arranco con toda la furia, pero la agarro muy abajo. Ahora sí que te mandaste una flor de cagada, comenta mi hermano. No seas maricón, Darío. Gertrudis se asoma por la ventana rota y me putea, pero yo no soy ningún maleducado, vieja de mierda; a lo sumo mal aprendido. La pelota seguro que no me la devuelve y se la guarda para el nieto, que la visita todos los fines de semana. Que se la meta en el culo. Mejor vamos, dice Darío. ¿Ir adónde? Vámonos por ahí, de viaje, a conocer el país, a laburar de lo que sea. No, boludo, yo quiero estudiar, no perder tiempo al pedo. ¿Y si te toca la colimba? La hago, maricón. ¡Repítalo de nuevo, soldado! Soy un maricón. ¿Y su novia? Una puta. ¡Tírese al piso y haga 50 flexiones de brazo! Sí, señor. Quería estudiar el nene de mamá, pero le tocó la colimba, ¡qué cagada!, justo me lo mandaron acá, que a los olfachones nos los empernamos sin vaselina ni saliva.

Claro que quiero estudiar, ¿para qué nos juntamos entonces? Este salteño siempre de joda. Largá la guitarra, dale, si arrancamos con la cerveza ahora ya sabés cómo termina la noche, che. ¿Cómo te llamás? Carolina. ¿Y venís siempre a este boliche? Viste que te dije, boludo, y vos querías quedarte a estudiar. Carolina se llama, está buena. Esta es mi mamá, Rosario, ella es Carolina. ¿Te gusta, ma? Me encanta esta chica para vos, cuidala, eh. Sí, mamá, no empecés. ¡Terminamos, boludo, terminamos! La verdad es que no puedo creerlo, tantos años estudiando, y con vos, flor de pajero, pensé que no me iba a recibir nunca. Teneme la birra, que ahí está Carolina. Caro, Caro, acá, decime licenciado, decime algo lindo. Te amo, Caro, te amo, no sabés cuánto te extraño.

¿Cuánto? ¿Cinco mil pesos por un vestido de mierda? No, querida, yo me alquilo un traje y vos te gastás media fiesta en un vestido que vas a usar cinco horas en tu vida. Se pone a llorar, y a mí me parte el alma verle los ojos rojos y las lágrimas cayendo por la mejilla. No llorés, Caro, no llorés. Si querés el vestido, compralo, pero cambiá la cara. No, en serio quiero que uses ese vestido, pero el menú lo elijo yo entonces, y me sonríe de nuevo. Sí, parece que te estoy jodiendo, pero no, la comida la elijo yo. Está buena la comida, me dice mi vieja. Y sí, vieja, la elegí yo, Carolina también está buena. Carolina está hermosa, nene. Cuidala, por favor. Sí, mamá, siempre lo mismo, cambiá el casete. Decile al disc jockey que ponga el de Los Cadillacs, yo me voy con mi novia, caminando por la calle; mirala, no la escucho, no escucho un carajo. Ella tampoco me escucha, nunca me escucha, ni que estuviera en un pozo ciego. ¿Siempre venís a este boliche? Me sonríe, qué sonrisa más cómplice, cuánta gente que hay acá, uno no puede ni moverse. Permiso, permiso. Qué baranda a humo, cómo me hincha las pelotas que fumen, sobre todo en los velorios. Pareciera que vienen a fumar y a tomar café en vez de a compadecerse del muerto. Bah, del muerto no hay por qué compadecerse, si de hecho ahora está mejor que nosotros, ¿o no, papá?

Pobre el viejo, llora Darío. Viejo, viejito, ¿qué hacés ahí, entre cuatro paredes de madera? Cuántas veces te dije que largues el pucho, que te iba a terminar matando, pero no me escuchaste, como Caro, que nunca me escucha, nadie me escucha. ¿Adónde habrás ido, viejo? ¿Adónde? A España, contesta Darío. ¿Adónde? A España, me voy a España. Pero vos estás loco, ¿cómo que te vas a España? ¿Qué carajo vas a hacer en España? Me voy a laburar. ¿A laburar? No laburás acá y te querés ir a laburar a España, dejate de joder, Darío, en serio. Me voy, boludo, me voy, este país se va a la mierda, ya no se puede vivir acá, hermano. Pero vos sos un delirante. ¿Y la vieja? ¿La vas a dejar sola? Si acá no te falta nada, Darío, ¿qué te falta?, dale, decime qué te falta. Tenés amigos, tenés a tu familia, ¿qué querés? ¿Plata? ¿Necesitás plata?

La plata no está más. ¿Cómo no está más? No, no, querido, acá hay un error, yo deposité la plata, la plata tiene que estar. Bueno, está, pero no en dólares, señor. No, esperá, a ver si me entendés, me parece que no me expliqué bien. El dinero yo lo deposité en dólares, no en pesos, y quiero que me lo devuelvan, ¿entendés? No es que yo deposité pesos y quiero los dólares, yo deposité de los verdes, de esos que fabrican en el norte, no sé si soy claro. Está claro, esta gente se cagó en todas las leyes habidas y por haber, pero esto es un despelote de novela y no sé cómo termina, te digo que no sé cómo termina. Sí, Juan, está bien, pero yo quiero que como abogado me digas qué puedo hacer. ¿Qué podés hacer? Nos cagaron a todos, querido, a todos. No, no, no me digas eso, mi vieja tiene todos los ahorros en el banco, ¿qué carajo le digo? Mirá, negrito, hay estudios grandes que están juntando casos para demandar, para meter recursos como avalancha, pero yo estoy solo, viste, a mi no me da el cuero, ¿qué querés que te diga? Decime que es mentira, que no sucedió, decime que es una pesadilla y que cuando me despierte la guita va a estar ahí, que fue todo un sueño, como cuando soñás que te caés por el precipicio pero el golpe no duele. Decime que el golpe no va a doler, decime qué hago, ¿qué mierda hago? ¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos?, agarrá la cacerola, Caro, porque otra no nos queda.

¿Cómo no te queda otra? Y no, che, no nos queda otra que recortar personal. La crisis arrasó, viste, arrasó. La facturación se desplomó al diez por ciento de lo que era, los pocos clientes que nos quedan ya ni siquiera son clientes, son deudores. Yo te prometo que cuando la cosa mejore te volvemos a contratar, pero ahora está complicado. Siempre es complicado; ahora no, siempre. La vida es complicada, no la situación, ¿qué carajo voy a hacer yo ahora, eh?, decime, tirame la posta. Yo hablé con mi papá y dice que no quiere que te hagas problema, que él nos va a ayudar. No, Caro, no, ¿vos estás loca?, ¿cuándo hablaste con tu papá? No, no, no quiero que metas a tu viejo en el medio, Carolina, ¿me escuchaste? Escuchame por una vez en tu vida, Carolina, porque nunca me escuchás, escuchame por favor: vamos a estar bien, ¿me oís?, vamos a estar bien y no vamos a necesitar la ayuda ni de tu viejo ni de nadie. ¿Entendés, mi amor? Vos no te hagas problema, siempre hay un lugar donde caer parado, a algún lado iremos a parar, Caro.

¿Adónde? ¿Palermo? Ok, allá vamos. Lindo, Palermo, ¿vos vivís ahí?, ¿trabajás? Mirá vos, yo también trabajaba en Palermo hasta hace un tiempo atrás. No, pero en esto no, eh.., esto es momentáneo, viste, hasta que pase la mala racha. No, yo soy arquitecto, hago edificios, pero viste que en esta época son más los ladrillos que se caen que los que se ponen. Está jodida la cosa, che, mis colegas están todos en la misma. Conozco un muchacho que se tuvo que ir a laburar de mozo al bar del cuñado. ¡Ojo!, no digo que esté mal, eh, cada uno se la rebusca como puede y cualquier trabajo es digno, pero de mozo… ¿A vos te parece?, seis años estudiando como un pelotudo para terminar sirviéndole un cortado a viejas cogotudas. Qué hijos de puta, che, qué hijos de puta… Han matado a toda una generación, nos pusieron en hilera y nos ensartaron como una brochette de giles. Qué locura, qué locura. Pero viste, uno se la rebusca como puede, si no tenés con qué, terminás como el muchacho éste, de mozo. Yo gracias a Dios tenía unos mangos y me puse el tacho. Mi suegro me quería dar una mano, pero yo le dije que no, de ninguna manera. Un amigo me alquila la placa,  ¿viste?, para zafar, qué se yo, y ojo que es un trabajo de mierda éste, te la pasás con el culo aplastado laburando como un negro, puteándote con medio mundo, y la verdad que como está la cosa no se gana guita, de pedo si salís derecho. Está mal, che, está muy mal la cosa. ¿Es acá, no? ¿Te dejo en la esquina? No, flaco, cincuenta mangos no, ¿no tenés más chiquito? Me matás, papá, no tengo cambio.

¿Cambio? ¿Cómo que un cambio? Ahí está Carolina hablando de “un cambio”, otra vez, siempre quiere un cambio pero no sabe qué. ¿Qué querés decir con un cambio? ¿No sos feliz conmigo? ¿Hay algo que necesites que yo no sepa? Dale Carolina, hablame, decime algo, no te quedes callada como si no supieras qué decir. ¿Qué te pasa? No pasa nada, siempre lo mismo, querer quedar embarazada y no poder, de eso se trata todo y me pide un cambio, como si yo pudiera soplar una chistera y sacar un pibe de adentro. Vamos, Caro, no llores, ya va a venir, mi amor, cuando nos tranquilicemos un poco va a venir, vas a ver. Necesitamos calmarnos, no pensar por un rato, y vas a ver cómo va a venir, en serio te lo digo, mi amor. Ya sé, vayámonos de viaje, ¿querés? Al sur, a pescar. Los dos solos, en la montaña, yo te enseño a pescar, no te hagas problema, ya sé que no tengo paciencia pero te prometo que te voy a enseñar. Vas a ver qué bien que la vamos a pasar, los dos solos, pescando, en el sur.

¿Al sur?, con el frío que hace en el sur. No, mamá, en verano no hace frío. ¿A pescar?, con lo peligroso que es. Mamá, ya te expliqué mil veces que no es peligroso, veinte años pescando y jamás me pasó nada. Ay, querido, cuidala a Caro… ¿A pescar te la llevás? Mamá, por favor te pido, no empieces. Pescar no es para mujeres, querido, cuidala, por favor.

Pescar es para cualquiera, no hace falta ser hombre, hace falta tener ganas y paciencia; hace falta mojarse un poquito y embarrarse a veces, meterse apenas río adentro, pero apenas Caro, apenas. Pará ahí, no te metas más, escuchame lo que te digo, por favor, por una vez en tu vida escúchame; no sigas, quedate ahí, ya sé que te dije que te tenías que meter más adentro, pero vos nunca me escuchás, nunca, no pensé que me ibas a hacer caso. Caro, Carolina, por favor pará, no te metas más, me equivoqué mi amor, me equivoqué, te dije que te mojes, que te embarres, pero ahora cambié de parecer, ¿sabés?, mejor no te metas más, quedate ahí quietita que yo te voy a buscar, te voy a rescatar. Carolina, por favor, la corriente está muy fuerte y vos estás muy adentro mi amor, estirá la mano, estirate más porque no llego, no llego Carolina, estirate, estirate porque no llego a agarrarte; de nuevo no llego, Caro, no puedo, no llego, otra vez, no llego.

Allá va Carolina, cuesta abajo. La veo irse, nuevamente. La veo alejarse desesperada, la escucho gritar y no hago nada, otra vez no hago nada. No puedo, ya no puedo ni mirarla, sólo escucho que me grita y no se calla. Desearía que fuera una canción y sólo eso; que fuera un pozo ciego y ella mi novia y los dos bailáramos al ritmo de la música, pero es mi esposa y no es un pozo ciego, es un río que se calma y me devuelve el reflejo de mi rostro. El espejo no miente: no me veo mejor de lo que me siento. El agua sigue corriendo, golpea mis muñecas que arden del dolor; se mezcla con la sangre y cae cual cascada en el lavatorio. Los cortes transversales son cauces fluviales también. El remolino rojo previo al desagote me recuerda lo que hice anoche. Ya sé lo que hice anoche. Fue hace apenas un rato… un rato nada más.

 

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    Reflexión exagerada acerca de cómo el morbo del ser humano conspira con la fama.

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En el fallido intento de escribir para vivir, he terminado viviendo para escribir.

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