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9 min
Aquella noche (2)
Amor |
11.02.15
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Sinopsis

Segunda entrega de una conversación relatada.

— ¡Claro bonito! Porque es ese último caso tienes que contar también con la otra persona, para lo demás puedes bastarte por ti solito, pero para follar como no te hagas un solitario, ya me dirás – dijo la hermana.

—Puede ser que la Madre Naturaleza tenga previsto ese detalle, y como anda por medio el asunto de la perpetuación de la especie, éste extremo del sexo lo cuide más. Quiero dar un giro a lo que estamos hablando, que por otra parte me parece muy interesante aunque yo intervenga poco, pero vamos estoy con los ojos como la lechuza: sin pestañear. En fin digo que quiero retomar el asunto por el principio, para que tampoco nos perdamos demasiado; yo voy a contar no tanto mi primera vez, ya que no aportaría nada nuevo a lo que hasta ahora se ha dicho... – decía el amigo.

—Eso no importa, cuenta lo que quieras – cortó el hombre -, pero empieza por decirnos como te lo montaste la primera vez, que yo lo he dicho y quiero saber como os ha ido a los demás.

—Está bien, digo que no es nada nuevo porque igual que tú, acudí a una casa de citas y tuve una eyaculación normal, sin demasiados adornos porque la profesional lo tenía todo previsto y en veinte minutos le dio tiempo a hacerme un pack que incluía lavado, peinado y secado. Lo único que recuerdo bien de aquel momento es que disfruté poco, se me quedó grabado la toallita con la que se protegió parte de su anatomía para que no la manchase demasiado, tal vez pensaba que yo sería un torrente expeledor de semen o algo por el estilo, porque vamos con un lavaíto posterior hubiera quedado de lujo. ¡Ah!, también guardo como recuerdo el cigarro que le tuve que pedir a la portera, para quitarme un poco los nervios del momento – dijo el amigo.

—Cuéntanos lo que pretendías antes que te cortara este entrometido – dijo la hermana.

—¡Oye! ¡Que yo sólo...!

—Es broma, hombre. Relájate y disfruta del sonido de las campanas – dijo la hermana. —Venga, sigo antes de que os enredéis con otras cosas. Decía que lo que pretendo aportar a esta reunión es un nuevo matiz. Me explico: Yo había tenido mi primera vez en esa casa de citas, me había casado y sin embargo creo que las relaciones plenas (esas que estamos nombrando de vez en cuando), no me surgieron hasta que conocí a una persona de la cual no llegué a enamorarme, pero que me dejé llevar por el instinto carnal puro y duro. Supongo que el matrimonio no habría satisfecho mis necesidades sexuales, o es que siempre queremos más de lo que tenemos o es que me cogió en un momento débil o yo que sé. Aquello duró un tiempo al más puro estilo pasional, sin que casi nadie supiera nada (salvo los compinches) y con un olor a cuerno quemado que mi mujer a punto estuvo de descubrirlo todo, o tal vez lo descubrió y se lo guardó para sus adentros. La pasión (me resisto a llamarlo amor), estuvo rodeada de un halo misterioso que la hacían atractiva: fingíamos ante los demás, nos veíamos en el piso de una compinche y dejábamos pistas para evitar ser descubiertos. Eso en lo concerniente al montaje externo, luego centrándonos en lo puramente amoroso, nos entregamos tanto, que por fuerza las relaciones eran placenteras para los dos; sin llegar a extravagancias, buscamos la mejor forma de pasarlo bien. Hoy día, después de mucho tiempo, todavía no sé porqué terminó la relación, porque en el fondo no hubo nada que la hiciese desaparecer. En fin, resumiendo, aquí creo que se da un ejemplo típico de buscar fuera lo que no tienes dentro, aunque tal vez lo más correcto hubiese sido romper en lugar de ocultar nada – relató el amigo.

—Has tardado en hablar, pero te has explayado a base de bien, ¿eh canalla?, y además has tocado un tema peliagudo: la infidelidad. Ahí es nada. ¿Por qué somos infieles? ¿Qué es la infidelidad? ¿Por qué no puedes follar con una hembra que te atrae? Ya sé lo que vais a decir, pero antes dejad que os cuente lo que yo pienso, luego dadme vuestra opinión - intervino el hombre -. No se trata de andar por ahí agarrando todo lo que te gusta (eso lo hacían los primitivos), voy al caso de la atracción mutua, donde se dan condiciones para que te puedas ir a la cama con alguien. No me refiero a condiciones de estar soltero, separado o sin pareja. Ahí no hay dudas, si hay atracción a disfrutar de la vida, no te joe. Voy al caso que acabas de presentar donde uno de los dos, o los dos están emparejados, y aunque deseen follarse uno al otro, se reprimen porque hay una traba moral, burocrática o no sé como llamarla...

—Llámala social – dijo la profesional.

—Como quieras, social, lo cierto es que si nos acostumbrásemos a que echar un polvo es tan normal como tomarse un café o ir al cine con un amigo, las cosas las veríamos de otra forma.

—Bueno, son normales hasta cierto punto; vivimos en una sociedad (repito) y está montada bajo esas premisas. Si bien es cierto que habría que desmitificar el hecho de mantener unas relaciones sexuales, también lo es que no es lo mismo en todas las circunstancias. La infidelidad (que existe como tal aunque lo no creas), surge porque no estamos satisfechos con nuestra pareja, lo cual no quiere decir que no la queramos o que no nos sintamos unidos a ella, o que tengamos ganas de cambiar de aires. Vamos al terreno sexual propiamente dicho, y ahí se da la infidelidad porque necesitamos más, porque el atractivo sexual es poderoso y tal vez porque estén cambiando algunas cosas y estemos dejando de considerarla como insalvable, aunque bien es cierto que hemos sido infieles a lo largo de toda nuestra Historia Natural, que no es nada nuevo y que depende del concepto que cada cual tenga de la misma. Tú mismo tienes dudas, si la pareja lo tiene claro y está por la labor, pueden darse relaciones extramatrimoniales (por llamarlas de alguna manera) consentidas, en cuyo caso no estaríamos hablando de infidelidad aunque esa misma circunstancia en otra pareja puede serlo simplemente porque falta el consentimiento. Lo que ocurre es que esto en el fondo no suele funcionar (ahí tenemos las comunas), porque además de los afectivos, nos creamos otra serie de ataduras: hijos, vivienda, proyectos de vida, que son los que al final desequilibran la balanza y hacen que nos mantengamos fieles a nuestra pareja.

—Hermanito -intervino la hermana-, eres demasiado brutote en algunos aspectos. No puedes pretender ir manteniendo relaciones sexuales como el que hace churros. Siempre se crean vínculos con la persona, y aunque a todos nos gustan los hombres o las mujeres en general, hay que respetarse y beberse algunas ganas sino es que no habría forma de sacar nada adelante. Yo voy al caso de hemos comentado de romper antes de entablar otra relación: a mi me parece lo más correcto. Así no se engaña a nadie, ni nadie puede sentirse traicionado, que creo que es lo que más duele en el fondo. Otra cosa es como se lleve la situación, y las secuelas que puede ocasionar una ruptura, pero es que engañar me parece tan deshonroso, tan barriobajero.

—Yo que he sacado el tema, puedo decir que no me siento culpable de nada, tampoco me dejé llevar por ninguna moda del momento, ni tan siquiera fue un flechazo que me hiciera entrar en un estado catatónico, que me llevara inevitablemente a vivir con mi amada o morir. No era ninguna de esas situaciones las que yo sentí. Fue un dejarse llevar por un impulso más primitivo que todas esas cosas, donde me invadió una sensación de bienestar extraña, porque me encontraba a gusto con mi pareja, pero sentirme en ese momento con la posibilidad de estar con otra mujer por el mero hecho de ser yo un hombre, me llenaba de un orgullo que seguramente se me notaría en la cara -dijo el amigo.

—Posiblemente porque en tu juventud nunca se te presentó una ocasión semejante – dijo la hermana.

—O porque no lo supiste aprovechar – dijo el hombre.

—O porque con ninguno de los ligues que tuve llegué nunca a tener relaciones sexuales. Cuatro besos y algún que otro pellizco en sitio impúdico.

—Que es como se empieza, o mejor dicho, se continúa con una adecuada formación sexual, lo que pasa que hay quien cubre las etapas más rápido y quien necesita más tiempo, porque cada cual tiene su propia mecánica -dijo la profesional-. Y a ti como a la mayoría de la gente, te cogió ese momento que nos cuentas en una situación de marido formal, cuando lo suyo tal vez hubiese sido, que antes de ese momento hubieses quemado etapas de relaciones sexuales como las que relatas. O sea, para que sepamos de que va esto, lo normal y lógico es que todos hubiésemos probado sin tapujos, que significan unas relaciones sexuales, pero insisto, vivimos en una sociedad que nos exige unas pautas de comportamiento, eso quiere decir que a determinada edad se nos permite flirtearnos por los bancos de los jardines, a otra se no nos va pidiendo que pasemos por la vicaría, o al menos que formalicemos nuestras relaciones, y a otra que nos separemos y volvamos a formalizar nuestras relaciones, y no se pase usted de listo porque entonces nos empiezan a mirar por encima del hombro.

.../...Continuará

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