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2 min
Aquí Dios no está
Poesía |
29.04.08
  • 4
  • 6
  • 1833
Sinopsis

Hormigueros brumosos de casas
hedor quemado de la ciudad.
Aquí Dios no está.

Fango en los caminos como forúnculos
cristos y marías sin misericordia,
babosas, animas perdidas,
brillante humanidad en la barra de este bar.
Aquí Dios no está.

Noche de abrazos estrechos
caminos privados de la grieta de la esperanza,
páginas de un libro
para pasarlas con un mecánico dolor,
sin haber entendido todo
sin poder recordar.
Horas tumbado boca abajo
con un trenecito eléctrico dando vueltas,
para hacerlo descarrilar
y sufrir un poco.

Voces que suenan por las calles
publicidad con engañosas luces.
Aquí Dios no está.
Caras lluviosas en los muros
resbalan por las vías del tranvía.

Tengo días opacos vividos
como la de estos borrachos
llenos de recuerdos
y farolas para apoyarme
no para iluminarme.

Con el fin de las retrasmisiones
me fui a la cama
y un paño húmedo sobre el pecho,
la tristeza sobre mi.

Y el mundo es así,
no es el mundo que te hace a tí,
eres tú el que hace al mundo.

Cuántas veces yo,
renegando lo busqué
y Dios nunca me buscó a mi,
sólo desee una señal
pero el cielo es como un viejo loco
con el sonido de la víbora, de un violín.

Aquí Dios no está.


Para pagar el precio continuamente,
para sentirme siempre un invitado,
para robar el fuego
que quema esta vida,
un poco de aire para vivir
que se respira también de las heridas.

Cuántas veces yo,
renegando lo busqué
y Dios nunca me buscó a mi,
que durmió en montañas
que en las plantas respiró
que soñó con los animales
y por el hombre fue despertado.

Y si nunca hubiera andado con él
habría aprendido hacerlo solo.
Y ahora Dios bebe de mi,
junto a mi.



29/03/2008


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