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4 min
¿Atrapado en las botellas?
Terror |
23.07.03
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Sinopsis

Tumbado en la terraza de mi casa, esperaba contactar con el horror extraterrestre. Cada noche salía a contemplar la magnitud de las estrellas con el fin de divisar a algún extraño ser que me demostrase que no estamos solos en el universo. Puede parecer muy tópico y muy repetitivo pero os aseguro que no fue así. Las cosas empezaron a cambiar el veinticuatro de agosto de 1987. Eran las dos de la madrugada; el aburrimiento consiguió vencerme, así que no tuve otro remedio que acompañarme de una suculenta botella de ron. Estaba mareado, tenía angustia y parecía que todo el planeta estuviese girando a mi alrededor una y otra vez. No podía seguir yaciendo en la terraza en ese estado por culpa de una estúpida obsesión, por eso decidí acostarme. Salí de la terraza para irme directamente a la cocina. Tras recorrer todo un pasillo sin luz conseguí alcanzar el pequeño y raquítico rectángulo que tengo por cocina. Intenté encender la luz. Pero la luz se había cortado. Siempre me gustó envolverme con la oscuridad y disfrutar de las extrañas formas que se dibujan en ella, ese día empecé a odiarla. Abrí el armario y conseguí encontrar una vela. Pude encenderla con un mechero( resulta ridículo pero me ponía nervioso la idea de que el mechero no funcionase, ya que en mi casa no hay otro modo de hacer fuego). Al momento una tenue luz me acompañaba y podía caminar con ella en la oscuridad. Esta oscuridad era distinta, esta oscuridad era tensa y asfixiante, era como un organismo que me quitaba el aire a la vez que hacía acelerar mi corazón... Una vez en la cocina me refresqué la cara mojándomela con agua. De pronto la vela se apagó. Mi primera reacción fue buscar el mechero por los bolsillos de mi ya maltrecho pantalón tejano, pero para mi sorpresa, ya no tenía pantalones, ni siquiera piernas... De cintura para bajo no era más que una sustancia verdosa, difusa y gelatinosa que se esparcía por toda la cocina. Lo primero que hice fue pensar que debía ser una alucinación provocada por el alcohol, pero tal hipótesis se esfumó en el mismo momento en que la sustancia que en esos momentos tenía por piernas empezó a adquirir forma. Era como una especie de molde, y cada vez se iba formando una forma más humanamente coherente, como si algún artesano la estuviese trabajando. Solo conseguía ver aquello que la luz de la luna me dejaba ver, esa tenue luz era lo único que iluminaba la cocina Intenté gritar pero mi voz se había ahogado. Al cabo de unos minutos la masa acabó de formarse y pude contemplar por primera vez que forma tiene la irracionalidad. Suena demencial, pero si ustedes hubiesen visto el cono rodeado por globos con centenares de agujas que tenía ahora por cintura hubiesen pensado lo mismo. Perdí el equilibrio y caí al suelo. Entonces todo se ennegreció, fue un duro golpe.
A la mañana siguiente desperté en la cocina con un fuerte dolor de cabeza. Lo primero que hice fue comprobar si tenía piernas, y efectivamente, las tenía. “Quizá me esté volviendo loco” pensé. Pero pese a los duros efectos del alcohol yo sabía que era real. Estuve esperando todo el día a que llegara la noche para poder volver a mi terraza. Esta vez no caería en las sucias garras del alcohol. Para matar el tiempo, leí unos cuantos artículos de vida extraterrestre. Me encanta coleccionarlos; siempre he creído que el 90% de las historias son reales. Por que..¿Qué podr&iac
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  • Quizá sea yo la simple,o quizá sea tu relato...Creo que tienes buenas ideas pero no se reflejan demasiado bien.De todos modos,sigue escribiendo siempre...
    Se nota que tienes una habilidad especial para escribir, aunque a veces me haces navegar un poco, pero en conjunto gusta lo que escribes
    Está bien. No sé por qué lo ponen tan mal. Quizá es que hay mucha gente que no conoce el género...no sé. De todas formas un respeto a las obras, que no se puede descalificar así. Ni aquí ni en ningún lado Un saludo
    El relato llama la atencion al lector hasta el final, solo que en el ultimo parrafo es un desenlace que, al no llevar la linea anterior, baja la emocion al relato.

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