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6 min
AURAS
Reflexiones |
14.08.16
  • 4
  • 8
  • 2973
Sinopsis

La fuerza femenina

Brumas de madrugada, allá a lo lejos, bajo las luces cambiantes de la ciudad.

Janice caminaba deprisa, con cierta ansiedad por llegar a casa, era sábado y estaba sola, sabía que se había perdido ya que no conocía muy bien la zona a donde se había dejado llevar por sus nuevas amigas que más tarde la abandonaron por no querer unirse a la juerga de alcohol y drogas a la que estaban acostumbradas cada fin de semana.

Pensó que tal vez la culpa era suya por salir con gente de la universidad que apenas conocía.

Al cruzar una esquina vió a una pareja discutiendo, ella lloraba, él le decía

cosas muy desagradables, la muchacha giraba el rostro, como intentando protegerse de sus gritos;

de repente él le dió un empujón, como rechazándola y ella cayó al suelo, protegiéndose con las manos.

Janice se acercó corriendo e intentó ayudarla a incorporarse, aún a riesgo de saber que no le convenía meterse donde no debía. Pero la reacción del chico la dejó perpleja:

- Lo siento, de verdad...no se que me ha pasado, he perdido los nervios, disculpame Clara, yo...

La reacción de la chica la dejó más sorprendida aún, no dijo nada, solo se abrazó a él sollozando con más intensidad, le besó varias veces en las mejillas, besos a los que él correspondió.

- He oído que te llamas Clara - interrumpió la romántica escena Janice.

- Si ...gracias por ayudarme cuando me he caído - murmuró tímidamente ella.

- Yo tenia una amiga en la escuela que se llamaba así, era española dijo observando los rasgos mediterráneos de la joven.

- Yo... bueno mis padres también son españoles, de hecho el frío de Berlín me afecta bastante aunque sea otoño - confesó arropandose a sí misma.

-  Que curioso, la Clara que conocí también decía lo mismo cuando jugabamos en el recreo.

- ¿Eres...? ¿Tu apellido es Hernández?

La chica que mostraba ojeras de haber llorado durante varios días, bajó la cabeza y miró a su novio como si solicitase su permiso para dar más información sobre si misma a aquella desconocida y recibió de él una mirada temible como si se encontrase con los ojos de su verdugo.

- No, quiero que... te enfades más - susurró observándole.

- No me pongas de mal humor , simplemente estoy cansado. Vámonos.

Esto último lo dijo con cierta severidad en su voz. Una severidad tan inquietante como el brillo plateado de la navaja que asomaba levemente por el bolsillo trasero de su pantalón...tan escalofriante que dejó preocupada a Janice mientras se alejaban y la chica no paraba de girarse mirándola.

- Mis amigas me han dejado tirada - vociferó. La pareja se detuvo y él, esta vez, con muy malos modos le espetó: -  ¿Querrás decir que no tienes amigas no ? que eres una de esas que salen solas a ver "a quien pillan ", ¡ déjanos en paz !

Janice, sintiéndose insultada quiso decir algo, pero Clara volvió a sorprenderla:

- No trates así a esa chica - reprochó a su novio - Tu no la conoces.

- ¡ Ah ! ¿ y tu si ?.

Ella calló, atemorizada de nuevo.

- No me digas lo que tengo que hacer, trato a la gente como me da la gana ¿Entiendes?

Cada vez estoy más harto de ti, podría cambiarte en cualquier momento por cualquiera de esas de las que ya te he hablado, o por varias a la vez.Ya las conoces de vista a todas ellas. No me haces falta y lo sabes.

Las lágrimas asomaron otra vez a los ojos de la chica pero esta vez iban acompañadas del brillo de la ira.

Janice volvió a meterse donde no debía : - Le plantas cara para defenderme a mi pero no a ti misma, me hago una idea de como te ha dejado la autoestima. Eres Clara Hernández Biar, fuiste al colegio de Tuwinsend conmigo, eras mi mejor amiga. tu padre te golpeaba , ocultabas los morados con maquillaje desde los 9 años. Me acuerdo de todo.

La chica se echó a temblar por lo que pudiera hacer su novio, pero mirándole fijamente le dijo apretando los dientes: - Puedes irte con quien te apetezca, pero ya, ahora mismo. No voy a permitir que me sigas haciendo más daño ni con celos ni con nada, ni que me destruyas como hicieron con mi madre.

Manipulas, hieres y mientes cuando te conviene.

- No sabes lo estás diciendo, sin mi no eres nada, te vienes abajo -

- Si eres alguien... eres Clara... eres todo, mirame Clara - dijo Janice

Ella no podía evitar que las lágrimas resbalasen por sus mejillas a pesar de saber que verla así provocaba el desprecio y las burlas de su novio, él la cogió por el brazo y apretó su muñeca hasta hacerla gemir, insultándola por última vez: -  No eres más que una zorra. 

Janice no pudo soportarlo más y tomando del suelo una botella vacía que algún desaprensivo había dejado allí, se la estrelló al individuo en la cabeza.

Se desplomó tras ellas y ambas salieron corriendo, no sabían a donde iban, no sabían que harían, pero siguieron corriendo hasta perderse en las auras de la madrugada, hasta pasar por parques y plazas, calles y largas avenidas, llegando finalmente a un altísimo puente.

Clara lo miró y en sus ojos se reflejó el vacío, la ciudad desierta en aquella zona aislada, un giró rápido hizo que se arrojara desde esa altura sin pensarlo.

- ¡¡¡ Clara nooo !!!  gritó Janice sin poder hacer nada por impedirlo. Cerró con fuerza los ojos por no ver destrozado el cuerpo de alguien a quien había querido tanto. 

Amanecía en Berlín, su corazón latía pero era como si hubiese dejado de latir,

Recordó la sonrisa infantil de su antigua amiga, los sueños que compartieron juntas; Aquellas ideas locas que se ocurrían a veces, su extrema sensibilidad, los secretos que a veces la ayudó a ocultar, las escapadas juntas para subir a los árboles, sus abrazos desesperados pero siempre sinceros.

 Al marcharse Janice a Berlín ya no volvieron a verse. Sus familias se mudaron de ciudad y ambas no habían vuelto a encontrarse, hasta entonces.

Una lágrima resbaló en ese instante por el rostro de Janice, reflejando como una gema líquida el primer rayo del sol que surgía entre las edificaciones.

 Una mano herida se aferró a la roca más cercana del puente, Clara estaba sujetándose al otro lado, Janice la ayudó a subir y viendo que las palabras no podían surgir de sus labios por  el desconcierto, como cuando eran pequeñas, Clara solo dijo:

         -  ¡ ABRAZAME !  -                                   

 

 

 

 

 

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Joven pintora y escritora. Estudié un Grado superior en Geografia e Historia en la UNED, y realizé también estudios de Artes y oficios. Hace años publiqué un libro de relatos "El espejo de oro" y me gustaría publicar más, trabajo como modelo, eventualmente. Pero escribir es mi verdadera pasión.

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