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5 min
Autorretrato (1)
Fantasía |
16.08.15
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Sinopsis

Para que la gente siga criticándome, me paso la vida sin pensar en na...

Yo nací de la tinta que expelía una estilográfica genérica, que tenía el orgullo de haber sido patrocinada por un tal Plumarol Miglitol, que a mí ni me va ni me viene, ni a ustedes probablemente tampoco, pero que a fuerza de ser sinceros no queda más remedio que constatar, que para eso estamos aquí en este momento. Al principio pensé que el papel que sostenía mi nacimiento era de un blanco virginal, pero conforme fueron desgranándose las líneas y el folio fue llegando a la parte inferior, esa en la que no queda más remedio que darle la vuelta por muy a gusto que se encuentre la mano que sostiene la pluma; cuando el folio se acabó, en definitiva, vino mi primera decepción como ente físico, porque resulta que por detrás de lo que estaba siendo mi expansión como tal, estaba escrito; era un sucio borrador, que en nada tenía correspondencia con lo que en ese preciso momento estaba aconteciendo. Se trataba de un folio que leyéndolo de forma apaisada, se podían encontrar frases tan fuera de lugar como: “material de un solo uso”, “cantidad que recibe”, “cantidad correspondiente”, “bandejas”, “servilletas”, “fecha”, “recibí” y otras lindezas por el estilo, amén de unos números mecanografiados junto a otros escritos en vulgar tinta de bolígrafo.

Tuve la curiosidad de fijarme que en el ángulo inferior derecho del folio, apareció el número uno rodeado de un círculo y a continuación crecía en extensión, pasé a un segundo folio donde la mencionada mano continuaba escribe que te escribe dándome forma como quien amasa pan o arcilla. ¿Es bonito nacer, verdad? Enseguida me familiaricé con esos dedos de uñas cortas, que siempre sujetaban la pluma de la misma forma; al número uno siguió el dos, a éste el tres y así entre folio y folio fui tomando cuerpo, y porque no me he entretenido en leerme, pero parece ser, según noticias que me han llegado por otros medios, que no estoy mal del todo, que a pesar de la cuna tengo buena presencia y con un poco de entrenamiento y otro poco de cirugía estética podría llegar a ser alguien en el mundo del escaparatismo. Lo que pasa es que me consta la pelea tan grande que existe en esto del papel impreso por llegar a ser alguien. Hay mucho dinero de por medio, a pesar de que dicen que se lee poco, de que la televisión y la interné están acabando con la lectura en el formato tradicional. Yo tengo mis dudas, por eso estoy contento de haber nacido y  encontrarme en el mundo de los vivos dándome codazos por destacar, por no pasar sin pena ni gloria por esta vida. Pero eso no es fácil como digo y hay que sufrir mucho para salir del anonimato.

Cuando todavía no era más que un bebé, como quien dice, tuve que aguantar no se cuantos arañazos por parte de Plumarol, que por lo que se ve no estaba nada contento con lo que escribía, y no hacía más que tachar y emborronar, vamos que cuando uno se iba haciendo a la idea de cómo le iba a quedar el traje de primera puesta, ¡zas!, el zarpazo y a otra cosa; eso por no mencionar los ataques de furia de la mano que sostiene la pluma, que esos si que eran peligrosos: de buenas a primera y en el momento más inesperado ¡raasss!, el folio rasgado por la mitad o troceado en no sé cuantos pedacitos que acababan en esa caja tan ridícula de guardar todo lo que no sirve. Otras veces el peligro venía en forma de arrugas, y el lánguido e inocente folio acababa convertido en una pelotita, que luego de servir de experimento futbolístico terminaba corriendo la misma suerte que el caso anterior, besándole las paredes a la mencionada caja de cartón con adornos serigrafiados. Uno en su inocencia no acertaba a comprender que estaba pasando, era todo muy difuso y de muy ingrato recuerdo. Supongo que estas serán las cosas que te van marcando, y haciendo que tu vida discurra en uno u otro sentido.

Al llegar el punto y final, ese tras el cual aparece la firma del autor y la fecha de nacimiento, vino ese momento crucial de ponerle nombre a la criatura, que por lo que sé, sale del tirón o se lleva un tiempo como en el limbo. Yo tuve suerte y me pusieron nombre de forma rápida, fue nada más concederme la fecha de nacimiento. Otra cosa es ponerse a discutir ahora sobre la conveniencia o no de ese nombre, después de haber desechado tantos otros, pero eso debe ser cosa del destino, al final nos acostumbramos a todo; además siempre me quedará el recurso de cambiarme, va a depender mucho de la popularidad que alcance, pero ahí no hemos llegado todavía.

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Tengo a la Literatura por bandera dentro del convulso mundo que nos ha tocado vivir.

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