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16 min
AVION EN PENUMBRAS
Terror |
22.12.12
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Sinopsis

viajar en avión, no es el medio de transporte mas seguro.

 

AVION EN PENUMBRAS

   No duró más de cinco minutos a solas. En el momento en que lo reconocieron a gran distancia, un grupo reducido de simpatizantes lo rodearon en el asiento donde reposaba aquel cuerpo idolatrado. La gran mayoría de sus seguidores eran mujeres, de esas tontas niñas que coreaban sus canciones en los conciertos. Saco un bolígrafo de la bolsa de su camisa. Comenzó a grabar su nombre Kevin, en los cuadernos, hojas e incluso hasta la parte superior de uno de los senos de una linda chica que lo miraba atrevidamente. La fama lo había convertido en un dios, en una imagen perseguida por mentes irracionales.

   En los altavoces hacían la última llamada para abordar el avión. Tomo sus maletas, y también un pedazo de papel doblado que le entregaba la chica. Le sonrió y se despidió cerrándole un ojo. “Otra más” pensaba. Con tan poca edad ya se había acostado con varias mujeres, más de los que soñaría un hombre. Por eso amaba su trabajo.

   Entro al avión y ocupo su lugar correspondiente. Su alegría se apago de repente al ver que no ocupaba el asiento contiguo a la ventana. En su lugar iba un hombre de una edad avanzada pero de un aspecto muy saludable quien leía muy atentamente un libro. No le quedo más opción que sentarse en el asiento de al lado.

    Comenzó a pensar en la letra de su próxima canción. El avión comenzó a sacudirse y a inclinarse hacia arriba lentamente. El vuelo había partido.

   Los rayos del sol se introducían por la ventana con cierta tristeza. Kevin llevaba unos grandes audífonos que ocupaban casi por completo sus orejas. Movía sus dedos en sus rodillas al son de las canciones que gesticulaba.

-¿Desea algo señor Kevin?- pregunto una aeromoza, con su uniforme de enagua bien apretada a las líneas de su cuerpo.

   Kevin retiro sus audífonos dejándolos reposar en su cuello. Ella también había reconocido su imagen como artista. Pensó “Si deseo que tengamos sexo ahora mismo”. Sonrió con malicia.

-Quisiera agua por el momento, por favor- contesto Kevin amablemente. Debía cuidar su voz para el próximo concierto.

   La bella aeromoza con su cabello oscuro, le contesto que pronto se lo traería. Se dirigió con la misma pregunta al señor que proseguía con su lectura. Kevin giró su cabeza observando a su acompañante.

-No gracias- expresó- por el momento estoy bien. Muy pronto necesitaré de usted y la llamaré- concluyó de una forma irónica.

   La aeromoza respondió con un gesto afirmativo y se dirigió a la cabina frontal del avión.

   Kevin no dudo en observarla mientras ella se alejaba trasladándose por el pasillo. Sus ojos estaban perplejos por las dos masas de músculos bien firmes en la parte de atrás de su enagua. Ella podría ser otra. Tuvo ese presentimiento en la forma en que le hablaba. Con esa sonrisa que lo invitaba a una nueva aventura.

-Deberías aprovechar estos momentos muchacho- dijo el señor a su lado, mientras estiraba su cuello por encima del asiento que tenía enfrente, en el momento en que la azafata cerraba la cabina.

   Kevin se digno a sonreírle débilmente. “Por supuesto que tengo la suficiente experiencia para no darme cuenta de eso anciano” pensó, en el instante, en el que se llevaba sus audífonos de nuevo a sus orejas.

   Se detuvo nuevamente. Sentía un deseo ferviente de demostrarle a su compañero su capacidad de obtener todo lo que deseara. El orgullo comenzaba a invadirlo. Quería presumir que el si podía disfrutar esas delicias sin mucho esfuerzo y sin necesidad de recordárselo. Regresaron sus audífonos a su cuello.

-Creo que la invitaré a mi habitación en el momento que bajemos de aquí- dijo de manera sutil y a la misma vez de forma prepotente.

   Cruzaron sus miradas por un segundo. Sin embargo para Kevin le pareció un tiempo más prolongado. Ahora que lo observaba de mejor forma, había algo grotesco en aquel hombre, sumándole a ello su extraño color de ojos, un color naranja que resultaba estremecedor, y una ancha mandíbula que daba la apariencia de ser un completo demente.

-¿Y quién te asegura que bajaras del avión, muchacho?- mostró unos dientes amarillos detrás de una amplia sonrisa.

   El avión se sacudió a causa de una turbulencia. Kevin sintió un temor fugaz que disminuyó a medida que se estabilizaba el aeroplano. Esa pregunta había ocasionado en él la necesidad de levantarse y pedir otro lugar vacio, sin embargo el levantarse podría provocar que su extraño compañero estuviera más atento a cada movimiento que hiciera.

   Relajo su cuerpo. Sonrió de nuevo como respuesta y se dispuso a escuchar música.

   Trataba de concentrarse en las canciones que transcurrían una a otra. El estar sentado ahí le impedía entender las letras de las melodías. Pensaba en su acompañante. Pensaba en esa pregunta. Una pregunta tan sencilla que no era lo suficientemente explícita para provocar algún pánico en la tripulación. Sin embargo no escapaba esa fría realidad de sus sienes. ¿Quién le aseguraba que llegaría a tierra?

   La aeromoza caminaba por los pasillos llevando y trayendo pedidos. Cada vez que pasaba al lado de Kevin se le escapaba una sonrisa de aquellos finos labios. El joven respondía de la misma manera invitándola en sus pensamientos a hechos muy íntimos en algún rincón del lugar. No obstante aun no desparecía esa sensación de ser observado por aquel hombre una y otra vez. Observaba en el rabillo del ojo aquel rostro degradante, repulsivo, respirando lentamente en su nuca rígida por ese temor que regresaba.

   Cerró sus ojos. Reposó su cabeza sobre el asiento. Respiraba lentamente. De pronto un frio empezó a invadir su brazo izquierdo y en un segundo sintió la presión de unas manos. Se sacudió como despertando de un sueño. Su acompañante lo observaba, movía su cabeza de un lado a otro como estudiándolo atentamente. Sintió temor, ahora sí se encontraba asustado.

   En los parlantes del avión anunciaban abrochar sus cinturones. Una tormenta se avecinaba a una corta distancia. Los débiles rayos del sol eran esparcidos por una negrura que comenzaba a cubrir el exterior del avión. Destellos de luz se observaban a lo lejos.

-Siéntate muchacho, de por si todos van a morir- dijo esto último como un gran suspiro, mientras regresaba su mirada hacia la ventana.

   Kevin no se contuvo y se dirigió a la aeromoza con prisa. El avión comenzaba a estremecerse aun más. Los relámpagos que centellaban en las ventanas producían gritos de sorpresa entre los pasajeros.

-Señor Kevin debe sentarse por favor- decía la aeromoza con cierta severidad. Ya no tenía esa dulzura en la voz.

   Por más que intentaba explicarle la situación, hacia caso omiso a sus suplicas de enviarlo a otro asiento. Hubo una turbulencia más fuerte y todos incluyendo a Kevin comenzaban a preocuparse.

   El joven no tuvo más remedio que regresar a su lugar de reposo. A la distancia observaba a su compañero que lo observaba a medida que se acercaba. Una nueva turbulencia casi lo hace caer. Llego a su asiento. El hombre le hizo un ademan con las manos golpeando el asiento para que se sentara. “De por si todos morirán” recordaba. Desobedeció la orden de sentarse nuevamente. Y con un temor que lo agitaba se dirigió al servicio sanitario al fondo del pasillo.

   A tropezones cerró la puerta. Se notaba alterado. Ni en los concierto con una gran multitud de personas había sentido ese vacío que le provocaba nauseas en ese momento. El espejo del baño se estremecía como hoja de papel con cada sacudida del avión. Abrió el grifo, tomo agua en sus manos y se lo llevo en la cara tratando de limpiar sus angustias, sus temores.

   El avión dejo de sacudirse por segundos muy largos. Pensaba que ya habrían salido de la tormenta. Se escuchaba una calma espantosa, una calma que lo atormentaba más que las mismas turbulencias.

   Estiró su brazo para abrir la puerta. Entonces las luces se apagaron e inmediatamente los gritos de las personas afuera se hacían más estremecedores que los rayos en el exterior. El avión se inclina hacia abajo, como descendiendo sin control al vacio. Con la inclinación sorpresiva, Kevin cayó al piso y a causa de la gravedad era empujado hacia un rincón del baño.

   Los gritos, los relámpagos, los motores del avión descendiendo provocaban el concierto más aterrador del que Kevin jamás habría escuchado.

    El avión seguía en picada.

   “De por si todos morirán” volvió a recordar. Ese extraño hombre era el causante de todo aquello, algo había provocado en el avión. Un maniático demente era el autor de la muerte de cientos de personas incluyéndolo a él. ¿Pero cómo?

   Para su sorpresa o su suerte, el aeroplano volvió a su estado normal de manera progresiva. Ya no había gritos. Los relámpagos se escuchaban demasiado  lejos. Todo estaba en completo silencio. Todo el estruendo desapareció como una imprevista neblina.

   Kevin se levanto. Sus piernas temblaban, incluso sus manos al querer abrir la puerta del baño.

    Dudó. “Están muertos” dijo en voz baja con un sollozo. Temió salir.

-¡Señor Kevin! Lo estamos esperando - escuchó. Reconoció la voz al instante.

   En su interior se debatía la decisión que tendría que tomar. El quedarse ahí encerrado no le garantizaba ninguna seguridad. Sintió frio.

   Finalmente, tomando valor de su cuerpo tembloroso se decidió por salir. De una u otra forma moriría. Al menos sentía esa necesidad que le pedía su alma incesantemente en descubrir que ocurría afuera. Salió.

   Camino por el estrecho pasillo que lo conducía al lugar donde estaban los pasajeros. Su valor fue decayendo al acercarse más y comprobar lo que sus ojos observaban. El problema es que su visión no le mostraba a nadie sentado en sus asientos, estaban vacías, los cuerpos habían desaparecido.

   Algunos de los asientos se encontraban rotos. Otros más estaban desencajados de sus monturas y encima de otros. Las mascaras de oxigeno se mostraban expuestas meciéndose suavemente por el movimiento del avión. No había rastros de ninguno de los acompañantes que abordaron a la hora de partida. Habían desaparecido por completo. Exceptuando uno, el que Kevin hubiera preferido no volver a ver nunca más.

   El extraño hombre estaba de pie, recostado sobre el respaldar de uno de los asientos contiguo a la puerta de salida. De pie su altura era considerable, de gruesos hombros.

   Kevin no dio un paso más, espero algún movimiento del hombre quien lo observaba con una estúpida sonrisa de victoria.

-Te lo dije, todos morirían

-¿Dónde están?- la voz se le quebraba

-Fueron a dar un paseo, pero la verdad no creo que duren mucho allá afuera.

   ¿Afuera? Una masa espesa de saliva se acuño en su garganta impidiéndole respirar, tragó.

-Mira por la ventana muchacho verás que no miento- señalo el exterior con la mano

   Kevin giro su cabeza a una de las ventanas. Afuera había una espesa oscuridad del que no podía descifrar nada en su interior.

-Acércate más- dijo el hombre con voz seria

   El joven no quería moverse, peor aún, presa del pánico más inexplicable sus pies se resistían a conducirlo a la ventana.

   Después de luchar con su incredulidad logro mover un pie, lentamente movió el otro, hasta que después de unos cuantos pasos llego a su destino. Se inclino sobre el asiento. Se apoyo con sus manos a cada extremo. Agudizó sus sentidos sin mucho esfuerzo, sin embargo no observaba nada, allá afuera solo había oscuridad.

   Un relámpago rasgó el cielo en ese instante, la luz invadió la negrura afuera. Kevin pareció ver algo. Fue tan rápido como el flash de una cámara. Su cuerpo se tensó más esperando esa segunda gota en su frente como tortura de los mártires.

   De nuevo otro relámpago. Esta vez si logro ver con más claridad. Su corazón se le salía del pecho. Su respiración se aceleraba descontroladamente, solo necesitaba otro nuevo destello de luz y sus temores lo desmoronarían.

    Esa luz llegó con más claridad de lo que imaginaba. Sabía lo que sucedía allá afuera. Algo se movía en medio de la tormenta.

   Se lanzo hacia atrás empujado por su sorpresa, por su temor, por su destino. Miro a su enemigo. Sus ojos comenzaban a lagrimear y su alma también.

   Sin previo aviso corrió al interior del avión buscando refugio en el baño nuevamente. No avanzo tres pasos cuando unas manos heladas lo prensaron en la nuca. Era la señal de su fin. Sabía que pronto estaría allá afuera con los demás ocupantes del aeroplano, siendo transportados por extraños seres alados en medio de las nubes oscuras.

   Kevin se resistía con violencia. Inútiles eran sus esfuerzos. En aquel hombre había una fuerza desproporcional que lo arrastraba por el pasillo del avión.

   Tomó los brazos de Kevin. El seguía repeliendo con desesperación. El extraño hombre enmudeció su rostro con una furia atroz. Sacudió los brazos del joven con violencia hasta dislocar sus hombros.

-Así te mantendrás sin moverte- dijo el hombre en son de burla.

   Los gritos de Kevin rebotaban en las paredes del avión. El dolor por la brutalidad de tal acto era insoportable. Con los brazos hacia arriba tomo las muñecas del muchacho y ató una cuerda alrededor de ellas obstruyendo el paso de la sangre hacia sus dedos, luego el otro extremo lo aferro a su cintura.

   Kevin parecía desmayar a causa del sufrimiento cada vez que el hombre sacudía sus brazos fuera de sus monturas. La adrenalina a causa del dolor y del terror lo mantenía aún despierto, para su mala fortuna. El extraño personaje camino arrastrando a Kevin de sus brazos hacia la puerta de salida del avión.

-Ustedes han simplificado nuestro trabajo- hablaba mientras quitaba el seguro de la puerta- antes teníamos que ir a tierra a buscar nuestro alimento. Ahora piensan que han conquistado los aires, sin embargo circulan en un área donde nosotros dominamos. Ustedes son simples seres débiles, y nosotros los depredadores de los cielos.

   Con sus manos rompió fácilmente la camisa que llevaba puesta. Kevin observo casi con los ojos cerrados el cuerpo de aquella persona. Su pecho y su abdomen eran de un color gris débil,  algo se movía en la espalda de ese hombre. Abrió un poco más los ojos. Unas grandes alas grises se desplegaban a cada lado de aquel cuerpo. Eran grasosas, con anchos pliegues de piel unidas a un único hueso que comenzaba en su espalda y proseguía quebrándose por la mitad y terminando con una especie de garra en su extremo final.

   La puerta del avión se abrió. La fuerte presión los absorbía hacia afuera. Inconsciente Kevin choco con los pies de aquel hombre, este se aferraba con fuerza a los lados de la puerta para no ser expulsados al vacío. Recogió sus alas. Miró a Kevin con esos ojos naranja que brillaban con más intensidad en la negrura de la tormenta.

-¿Estás listo muchacho?

   Kevin escucho esa pregunta a lo lejos. Sus oídos se cerraban. El ser se lanzo al vacio. Abrió sus alas. El cuerpo del joven cayó con violencia siendo retenido el impacto por la cuerda. La piel de sus hombros se estiro aun más, casi al punto de desgarrarse por completo. Fue el ultimo dolor que sintió en su corta vida. El ser alado se alejaba del avión que caía de picada descontroladamente. El piloto automático ya no servía de mucho. Con la puerta abierta era un artefacto gigante que caía pesadamente sobre el océano.

   La tormenta se alejaba. Y también aquellos extraños seres como diminutas gaviotas vista desde la tierra, de un mundo escondido entre un mar de incredulidades. Pasarían días, incluso meses antes de volver a cometer algo terrible. Al menos tendrían alimento por un largo tiempo.

 

 

                                                              FIN

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