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8 min
Aviones
Varios |
12.06.15
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Sinopsis

Hola Pa.

¿Cómo estás? Espero que muy bien, sabes desde hace un tiempo pensaba en tatuarme algo referente a ti, pensé en muchas cosas y busqué en mis recuerdos pero sinceramente no tenemos muchas memorias o tal vez yo no los recuerdo, lo que pude rescatar de mis memorias se define como experiencias, no experiencias mías, sino tuyas.

Recuerdo muy bien cuando de niño me sorprendías con tu llegada sin previo aviso, siempre me tenías una nueva historia de vuelo y yo te veía como un piloto experimentado, aunque sabía que tu profesión no era esa, siempre te pensaba en aviones y viajes alrededor del mundo, siempre viajando, conociendo más y más lugares, siempre arriba.

Los regalos estaban por demás lo único que yo quería es verte, recuerdo cuando me traías regalos o me llamabas para decirle a Santa mis regalos.

Recuerdas cuando llegabas por mí y regresábamos al hotel en el que te hospedabas, la vez en la que me compraste todas las cajitas felices que pudiste comprar hasta que completé mi colección de juguetes o cuando me regalaste mi primer video juego, ese game boy era mi talismán, mi conexión hacia ti, mi refugio, mi desvelo.

El tesoro material que ahora poseo de ti son las playeras de foot ball entre otras cosas que me trajiste de tus viajes, no tienes idea de cuánto valoro esas playeras, yo sé que es solo es ropa pero eso me hace recordar los momentos que tuvimos y cuánto pensabas en mamá y en mí.

Siempre ocupado, siempre en aeropuertos o juntas directivas mi capitán, viajando de cuidad a cuidad, siempre trabajando o como dices tu: “Corriendo tras la chuleta”. Esa es una parte fundamental de mi vida, me enseñaste a nunca descansar y siempre tomar el vuelo siguiente, sin importar la fatiga, el desvelo, cansancio o compromisos ajenos, me enseñaste a nunca desistir y si alguna vez el avión cae, ajustar las alas, tomar el mando y retomar el vuelo.

Cada vez que hablabas conmigo y me decías que estabas en algún lugar del mundo, no podía creerlo, todos esos lugares era inimaginables para mí, los contemplaba por medio de fotos o recuerdos que nos traías.

Chocolates, dulces, llaveros, ropa, una mesa y hasta un reloj cucú son mis recuerdos, son lo más valioso que tengo. Si algún día alguien llegase a robar la casa, espero que no se lleven nada de eso ya que para mí son los objetos más valiosos del mundo.

Aunque yo era muy pequeño, siempre quise ir contigo a tus viajes y que me llevases a ver tu trabajo, viajar a España e ir al estadio Bernabeu, estar en Alemania y visitar la cuidad de Baden Baden o el Riechstag, salir a tomar un café en Francia, volar a África o caminar juntos en Brasil, siempre quise estar ahí contigo, hacer cosas juntos y poder recorrer el mundo, a mis compañeros de la escuela les contaba de tus viajes y mis maestras siempre se sorprendían de todo lo que hacías, lo único que podía pensar era en la fecha de tu regreso o desde qué nuevo aeropuerto me llamarías nuevamente, gracias a eso ahora quiero viajar el mundo y ver lo que tu veías con mis propios ojos.

Yo tenía un mapamundi y cuando llamabas trataba de adivinar desde qué nueva cuidad me llamarías o desde donde llegaría el paquete siguiente, qué podría contener o qué olor tendría, sabiendo así por ejemplo que loción habías usado ese día, los regalos siempre me maravillaron y deslumbraron pero muy en el fondo no me llenaban, todos esos objetos raros o de diversos colores no satisfacían mi deseo de verte, salir a jugar un rato aunque tu muy cansado lo hacías y después íbamos a cenar.

Nunca hemos pasado una Navidad o Año nuevo juntos y sabes realmente me gustaría hacerlo, quiero memorias, quiero recuerdos, quiero pensamientos y más, muchísimos más consejos de vuelo, quiero un cumpleaños juntos, quiero un día del padre, quiero que conozcas a mi novia o mi futura esposa, quiero me lleves al aeropuerto cuando me vaya a mis prácticas, quiero tomar un whisky en las rocas, quiero consejos de manejo, quiero otro viaje como el que tuvimos a Orizaba, quiero muchas cosas, lo que no quiero es que me falte tiempo para hacer todo eso y más.

No puedo  pedir más de lo que ya me das, sería insensato o fuera de lo consiente, me gustaría darte algo más que una hoja de papel con palabras y un poco de piel con tinta, pero hablo con tus palabras y literalmente te llevo en la piel.

Gracias por todo, por TODO, por los viajes, los consejos, los regaños, las malas palabras, por las lecciones, las visitas, las llamadas, los correos, las palabras de aliento y por todo el amor y cariño que me has dado desde hace 23 años. Espero nunca perderlo ya que eso me ha hecho ser quien soy y estoy muy agradecido, no me alcanzaría mi vida para darte gracias y corresponderte por todo lo que has hecho por mí y por mamá.

Siempre llevaré en mis recuerdos los dos viajes que hicimos, realmente me gustaría regresar a San Miguel y a Orizaba para volver a comer un poco de trucha, a pasear por las cuevas, andar en lancha o comprar helado en la plaza.

Aún tengo la playera que compramos en San Miguel, la que dice “pulques finos” ¿Si la recuerdas?, bueno la playera ya está rota y llena de hoyos por aún conserva la imagen, pienso recortarla y enmarcarla, te mandaré la foto de cómo quedó.

Espero verte pronto para ir por unos tacos árabes a la Oriental que tanto te gustan y poder visitarte de nuevo en Querétaro para ir por una cerveza Guinness, nunca olvidaré lo nervioso que estabas cuando fuimos por esa cerveza al bar, pensabas que no me dejarían entrar y tuvimos que caminar para poder llegar hasta ese lugar, cuando estábamos frente a la puerta del bar entramos sin más ni más, me enseñaste el por qué el color, sabor y textura así como la pequeña canica que traen dentro esas cervezas. Esa cerveza se convirtió en mi favorita desde ese día.

También recuerdo cuando fuimos a comer mariscos a Romulo´s en la colonia Narvarte, ese día ya se te hacía tarde para irte a trabajar pero cuando me dejaste en la Tapo me abrazaste y me dijiste que me cuidara mucho, me despedí de ti y tomé mi camino hacia adentro de la terminal, a los cinco minutos me llamaste para saber si estaba bien, te dije que sí y a los diez minutos apareciste por la puerta del andén para confirmar que ya tenía mi boleto y mi horario de salida, me abrazaste y me dijiste que me querías mucho así como cuando lo hacías cuando era pequeño y nos dejabas a mí y a mamá en la terminal y te acercabas al chofer para decirle que nos cuidara en el camino, yo te miraba con los ojos vidriosos triste por mi partida esperando a que llamaras nuevamente para poder vernos otra vez, lo único que me consolaba era verte ahí parado diciéndonos adiós con tu mano, siempre sonriente y listo para emprender el vuelo.

Espero hacer todo eso y más por mi hijo o hijos y poder transmitirles todo lo que me haz enseñado, tener memorias y recuerdos para así contarles todo lo que has hecho por mí y yo poder darles todo lo que me has dado con mucho trabajo y sacrificio.

Finalmente y después de mucho tiempo he decidido que tatuarme, tal vez para otras personas no tenga mucho significado pero para mí, ese es mi recuerdo y la idea de cómo te pienso recordar, pienso en tatuarme un avión, un avión de pasajeros o solo la silueta de este, me hace ver que tan distantes somos pero al mismo tiempo la altura de grandeza y bondad que tienes.

Muchas gracias mi capitán, por mis mis alas, mis nubes, mi mando, mi itinerario de vuelo, mi combustible y mi torre de control, mi pista de aterrizaje, mi sala de espera, mi próxima salida, pero sobre todo, mi experiencia, mi consejo, mi apoyo, mi conciencia, mi sabiduría y mi madurez.

 

No que queda nada más por decir solo que espero y te guste este pequeño fragmento de mis memorias y espero tener muchas más, ojalá me alcance el tiempo para tener más.

 

Gracias por tantas horas de vuelo.

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