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5 min
Bajo la cama
Terror |
16.07.15
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Sinopsis

Se metió debajo de la cama y tras un minuto pensó que se había equivocado. Se escondió por instinto, casi sin pensarlo y ahora que se le acercaban se sentía acorralado.

Se metió debajo de la cama y tras un minuto pensó que se había equivocado. Se  escondió por instinto, casi sin pensarlo y ahora que se le acercaban se sentía  acorralado.

Tenía que haber salido a pelear, pero el recuerdo de la sangre de la última contienda y el terror que sintió, pudieron más que él y se acurruco contra la pared, temblando como un niño.

Estaba solo y desarmado, el miedo le paralizaba, solo acertaba a balancearse mientras repetía mecánicamente "que no me vean, que no me vean". Realmente no era un deseo, era un ruego, un rezo.

Los ruidos y los gruñidos se iban acercando lentamente, le envolvían cercándolo, ahuyentando así cualquier vía de escape. Pensó que quizás la criaturas sabían perfectamente donde estaba y que solo retrasaban el momento para torturarlo. Para ellas solo era una diversión diabólica que hacia el juego de la caza más excitante.

Pensó en todos los amigos  y familiares que había perdido, pero solo era capaz de recordar sus cuerpos desmembrados y sus ojos vidriosos vacíos de vida.

Se sentia agotado, hacia meses que habian aparecido las criaturas y desde entonces no habia tenido un dia de descanso. La lucha por la supervivencia habia sido feroz, primitiva.

En la espesa oscuridad tubo la certeza de que era el último de los humanos, quizás lo mejor sería que le encontraran. Si, tenían que encontrarle y acabar con él, no tenía sentido aferrarse a una vida de la que no podía esperar nada. Estaba decidido, saldría de debajo de la cama y terminaría con todo definitivamente, se dejaría exterminar. Al momento una sensación de paz comenzó a crecer dentro del él, iba invadiendo todo su cuerpo como una droga cálida y adormecedora, que por su venas se apoderaba de todo su ser. Sus músculos se relajaron y acertó a asomarse al exterior de su escondite. A lo lejos oía a las criaturas, con ese sonido tan gutural que anunciaba una muerte segura y horrible.

Salió a gatas y procurando no hacer ruido fue avanzando hasta donde pensaba que estaba la puerta. No sabía porque, pero no podía levantarse, pensó que no era muy valiente enfrentarse a la muerte de rodillas, pero en el fondo él sabía que nunca había sido un héroe.

Poco antes de alcanzar la puerta palpo lo que parecía un bate, lo agarro con fuerza, lo que le dio el valor suficiente para ponerse en pie. Era una tontería llevar el bate pues quería que lo mataran, para dejarse morir no es necesario ir armado. Estiro el brazo hasta el picaporte de la puerta, comenzó a abrirla lentamente, la claridad entraba con timidez en la habitación. En el pasillo no parecía haber nadie, pero seguía oyendo a las criaturas andar de un lado a otro por pasillos cercanos, y el techo temblaba por las fuertes pisadas. Adelanto el pie derecho hacia el exterior de la habitación y apretó con más fuerza el bate, tenía los dedos blanco por la presión.

No había terminado de salir al pasillo cuando oyó un fuerte ruido en la habitación contigua, al instante noto como se le mojaban los pantalones, se quedó quieto un momento hasta que la orina se deslizo por sus piernas mojándole también los zapatos. Un olor agrio y fuerte subió a su nariz, así es como huele el miedo pensó. Lo había notado demasiadas veces en los últimos meses.

Comenzó a avanzar lentamente hacia la habitación contigua, su respiración se aceleraba mientras él luchaba por no hacer ruido. Al ritmo que le latía el corazón estaba seguro que las criaturas eran capaces de oírlo, para él, el ruido era atronador, el latido rítmico y continuo, el palpitar de la sangre recorriendo la sien. Notaba las venas inflamadas y su respiración se aceleraba inevitablemente como si tuviera autonomía propia. Sabía que era incapaz de controlar su cuerpo, el terror lo dominaba y lo empujaba hacia esa habitación si darle la oportunidad de sopesarlo. El pánico se había apoderado de su mente, impidiéndolo pensar, ahora él era otra criatura que apretaba su arma fuertemente y que golpearía sin piedad, sin conciencia. Matando a su paso todo lo que se encuentre. Sembrando destrucción y horror hasta su último aliento. Ya no quedaba nadie, su humanidad se había evaporado al mismo ritmo que el terror se había apoderado de él. El único sentimiento que albergaba era un ansia irrefrenable de sangre y venganza que dominaría todos sus actos hasta el final. Los últimos rastros de humanidad a los que se había aferrado estos meses quedaban  muy lejos. Ahora solo había criaturas, pues ya le habían exterminado. 

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