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7 min
Bajo las vendas
Terror |
25.01.15
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Sinopsis

Cuando leí la historia de Edward Mordrake, sentí un horrible temor, lo mismo pasó con la historia I am the doorway de Stephen King. Hay algo realmente aterrador ante la idea de que algo se puede apoderar de nosotros, algo que va más allá de ser un parásito. Algo que es mucho más maligno.

El hombre en la camilla seguía pataleando fuertemente cuando llegué. Yo había recibido la llamada cerca de las dos de la madrugada, era un caso de un hombre que había intentado quitarse la vida prendiéndose fuego a sí mismo.
Él había sido paciente mío sólo por un par de ocasiones, su tratamiento no había sido completado. El pobre tipo estaba transtornado, eso era seguro.
Durante las dos primeras consultas su comportamiento había sido bastante bizarro, al hacerle una pregunta, él inclinaba su cabeza a un lado como si estuviera escuchando algo, o si alguien le estuviera susurrando algo al oído. No había nadie ahí por supuesto.
En nuestra última sesión, el había empeorado en su comportamiento, ya no solo inclinaba su cabeza, ahora respondía a esa entidad que parecía existir a su alrededor. "No no no no no no" repetía varias veces, "Oh Dios, no no no no no, por qué a mí, no no no" repetía una y otra vez ignorando mis preguntas y continuando enfocado en su diálogo.

  "No no no no no, lo lo lo sssieeento dddocttor, ddebo iiirme" Intenté detenerlo, pero el hombre salió corriendo de mi oficina, tartamudeando y repitiendo que "no lo haría". Intenté buscarlo, pero el tipo se había esfumado. Hasta esa mañana.
Un par de policías había logrado verlo justo cuando el hombre vertía combustible, si bien no pudieron detenerlo antes de que lanzara el fósforo en su camisa, sí lo habían salvado antes de que el daño fuera mas grave.
Cuando habían logrado sujetar al pobre hombre quien aún seguía pataleando, él dijo "Dr Paez, pppor ffavvor el Dr Pppaez"
Había visto a aquel pobre hombre hacía dos meses, en ese entonces él parecía haber tenido unos cuarenta años. Esa mañana, él parecía pasar de los noventa. Una horrible máscara de miseria envolvía su rostro. Jamás creí que los ojos de un ser humano pudieran mostrar tanta desesperación. Tanto miedo.
Su pecho estaba envuelto en varias capas de un grueso vendaje, supongo que por eso las llamas no habían causado tanto daño. Me senté a su lado, tratando de ocultar mi sorpresa al ver a un ser humano en tal deplorable condición.
  "¿Por qué huíste ese día de mi consultorio?" le pregunté "¿Por qué no volviste?, quería ayudarte. ¿Qué pasó?"
El pobre hombre se quedó mirándome unos segundos, por un momento creí que él no me quería ahí, sus ojos estaban sorprendidos como diciendo "Ooh por qué ha venido", pero él me había llamado, así que no tenía sentido.
Era horrible verlo tratar de respirar, era como si el aire en sí fuera venenoso. El tipo quería morir, eso era seguro. En ese momento pensé que tal vez era su única salvación.
  "Pporque eso lo había elegido" me dijo casi susurrando, como si no quisiera que eso lo escuchara, sea lo que eso era.
"Escúchame, no hay nadie aquí mas que tú y yo, nunca lo hubo, esa voz que oyes en tu cabeza o tu alrede- El hombre me tomó del brazo con la poca fuerza que tenía y dijo:
  "Eso no está en mi cabeza, eso eestá eeen mmi..." Su rostro quedó en blanco, su cabeza se fue hacia atrás y su boca quedó abierta en una expresión de sorpresa. Intenté llamar a los paramédicos, él había muerto, aún así algo palpitaba bajo las vendas en su pecho. No era su respiración. No, era...era algo más, algo oculto bajo las vendas.
Giré su cabeza a un lado, para que sus ojos vacíos no apuntaran hacia mí, empecé a desenvolver los vendajes, poco a poco el sube y baja en su pecho era más rapido, había un zumbido viniendo del pecho, era como si hubiera un panal en su pecho.
Mi pulso se había detenido, podía sentirlo, mi boca estaba seca y mi cabeza dolía. Mientras removía la última venda, pude verlo. ESO, ESO ¡ESO!
Un enorme tumor sobresalía de su pecho, un enorme bulto oscuro, como un enorme moretón o un enorme lunar. Me quedé ahí observando como latía, como respiraba.
Aquel rostro humanoide se alimentaba de aquel hombre, un parásito o algo peor. Uno de sus ojos estaba bien abierto, girando a todos lados como si no supiera dónde estaba, finalmente se fijó en mí, aquel enorme y grotesco ojo se quedó mirándome. Y entonces empezó a hablarme.
  "Llévame..." escuché, al principio era un balbuceo, era como oír diez voces diferentes al mismo tiempo.
  "¡LLÉVAME CONTIGO!" todo estaba en mi cabeza, las multiples voces gritándome, ordenándome que las llevase conmigo. Pero el ojo era real, el ojo en ese horrendo tumor era real.
  "¡TE QUIERO TE QUIERO TE QUIERO TEEE QUIEEEROOO, TÓCAME Y LLÉVAMEEE! Mi mano estaba tan cerca del cuerpo, ni siquiera me había dado cuenta, ese espantoso globo ocular estaba girado hacia arriba, esa cosa palpitaba rápidamente, llena de una obscena emoción, ya no necesitaría a aquel pobre tipo, me quería a mí.
HMMMMMMMMMM zumbaba en mi cerebro, lo quería, me di cuenta de eso. Lo quería, eso me daría todo lo que quisiera, sería feliz con eso en mi.
  ¡OH JESÚS! No supe quien había gritado, reaccioné cuando me di cuenta que estaba en el suelo, había sido empujado.
                                                         ****
Nadie nos creyó, ni a mí o a la enfermera que vio aquel parásito en el pecho de aquel pobre hombre con su enorme ojo fijo en mí, latiendo y zumbando como un panal. Sí vieron el tumor en el pecho, eso era seguro, pero no hubo reacción alguna, no se abrió ningún ojo, no hubo zumbido, no hubo latidos. Sólo era una enorme masa de carne y piel que se había formado por alguna fuerza desconocida. Cuando se hizo la autopsia y se cortó aquel tumor, del que por cierto salió una enorme cantidad de líquido negro y malholiente, vieron que habían venas, una enorme cantidad de venas que se conectaban al corazón, riñones y pulmones de aquel pobre hombre, una especie de cableado que se había arraigado al cuerpo firmemente. Era obvio que era algo más que un simple tumor. Aún así no quisieron escuchar nuestra historia.
Pensé que sería fácil olvidar todo lo que pasó. Sólo han sido un par de semanas. Pero hoy mientras salía de la ducha, noté algo, había sentido una enorme comezón justo detrás de mi hombro desde hacía días, estaba en un punto donde mis ojos no alcanzaban, pero hoy, al verme al espejo lo vi. Un pequeño lunar de carne que nunca había estado ahí. Lo toqué y sentí que tocaba uno de mis ojos. Ahora lo entiendo.
El zumbido a empezado nuevamente.

 

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