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11 min
Benidorm City
Humor |
11.01.12
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Sinopsis

Aventuras y desventuras de una familia común en esta ciudad de veraneo del levante español

 

BENIDORM CITY

 

 

El calor húmedo del mes de agosto en esta pintoresca megalópolis de la costa levantina no daba tregua.  La historia que paso a relatarles ocurrió un 3 de agosto del año 2010 , aunque a fe de ser sinceros tampoco sería extraño que ocurriese cualquier día del año, de cualquier año pero siempre en este bendito  lugar llamado; ” Benidorm. Playa de Levante”.

Eran las 12 de la mañana y después de un copioso desayuno compuesto por un café aguado, unas tostadas ennegrecidas por el exceso de calentamiento y acompañadas por una madalenas valencianas cuya forma “estilo barco” permanecía, al igual que el sabor, pero su punto de dureza hacía que debiesen de permanecer remojadas en la taza durante más de 1 minuto, los Peláez se disponía a ir a la playa…

La familia estaba compuesta por los progenitores, la abuela, los 3 hijos y un lindo perro de la raza foxterrier. En el camino a la playa, debían pertrecharse de los elementos básicos de disfrute de un placentero domingo. Es decir sombrilla, esterilla de playa, sillas y mesas  plegables, lona protege viento, silla de paseo del bebe, toallas, gorras varias, petanca, paletas playeras, transistor, cubos y herramientas para hacer castillos de arena en la playa,

Por otra parte y ya que pensaban quedarse a comer en la playa debía de llevar el alimento consistente en una paella del día anterior, unas tortillas de patatas, unos filetes adobados, chorizo, morcilla, un garrafón de agua, otro brik de vino tinto de mesa y como remate 1 sandía de 8 kg. Con este panorama debían de desplazarse camino a la playa que no estaba precisamente en la puerta, ni tan siquiera cerca, debían de realizar un largo, duro y tortuoso recorrido por las empinadas calles de Benidorm con destino a la playa de levante.

La escena era singular. Más que un día de playa, parecía que aquello eran suministros para toda una vida. El padre cargaba con las 3 sillas y la mesa plegable, así como con la sombrilla. Le colgaba en” bandolera” la cinta con la que también llevaba sujeta la nevera repleta de comida y bebida. Al margen de eso en sus hombros estaba posado su hija de 4 años(Martita) que no tenía muchas ganas de caminar. La madre llevaba la silla con el bebe en cuyo cesto iba la sandía. La abuela bastante hacía con sujetar el bastón para no caerse en el rápido descenso.

El recorrido calle abajo transcurría con la normalidad debida , cuando un súbito frenazo del carro del bebé hizo que la sandía saliese despedida de la cesta e iniciase un vertiginoso descenso , golpeándose , abriéndose, resquebrajándose y escupiendo a un lado y otro de la carretera el líquido rojo de su contenido. El padre en un valeroso gesto dejó todo lo que llevaba y se lanzó a recuperar la sandía ,  pero ésta era más rápida, y además no dejaba de expulsar líquido y lo que es peor, pipos , por lo que desistió de su intentó, viendo como la sandía terminaba su recorrido, llegando a la playa, a la arena, en concreto y desgraciadamente impactando de lleno en una figura escultórica hecha en tierra que había estado recreando el autor durante 1 año y de la que pensaba vivir ese verano.

Lo cierto es que fue tal el impacto que le seccionó la cabeza a ese David de Miguel Ángel, convertido en descabezado y enrojecido. El artista no daba crédito a lo que le había ocurrido, miraba a un lado y a otro y no encontraba al culpable, al bromista, al gracioso que había lanzado una sandía contra su gran obra.

 

En ese momento apareció el padre por las inmediaciones de la playa, mirando a un lado y a otro, buscando ese pedazo de sandía que había salido rodando. Vio en la lejanía como un hombre gritaba y blasfemaba contra todo y contra todos golpeando con saña un pedazo de cáscara en lo que se había convertido , como no podía haber sido de otra manera,  su preciada sandía.

Se acercó al hombre y le preguntó, modestamente él,  si le había causado algún trastorno su sandía-. Lleno de ira cogió un pedazo y se lo lanzó a la cabeza, después la guillotinada cabeza de la escultura en arena y más tarde salió a por él gritando.

-         ¡¡Te voy a matar bromista, has arruinado mi vida, métete la sandía por donde te quepa, quien me va a pagar esto, ya te pillaré!!!!

Mientras el desventurado padre salió corriendo, escapando de su atacante y con el perrillo foxterrier lanzándole pellizquitos en el trasero con sus ridículos dientes en esa carrera desenfrenada

Por fin el artista desistió de seguir corriendo, y el padre llegó a la altura de la familia en la que se refugió

Su mujer no tuvo una mejor idea que preguntarle por la sandía y no por lo que le había ocurrido

-         Pero cariño, no me digas que no has recuperado la sandía, ni que tuviese piernas la pobre…

-         Dejémoslo anda, que bastante he tenido…dijo con resignación el desventurado padre

Entonces la suegra en un segundo plano se metió en la conversación

-         Pero hijo, sabrás que necesito tomar sandía todos los días, así que, ya que no has podido recuperarla, tendrás que ir a la tienda a por otra. De todas maneras ya te dije que necesitabas hacer un poquito más de ejercicio, por que luego ocurren estas cosas y vienes como si te hubiese dado un ataque al corazón

-         Bueno, lo que me faltaba por oír…prefiero callarme y si Ud. quiere sandía,  mañana la tomará por que hoy ya no hay, sentenció.

Mientras lo niños, llorando y gritando

-         Papi, papi ¡¡¡queremos sandía, queremos sandía!!! ¡¡…Cógeme que estoy cansado!!…. ¿cuando llegamos a la playa…..cuando llegamos a la playa…papi?, cógeme…¿y la sandía?..

-         ¡¡¡CALLAROS YA!!! , gritó mirando al cielo

-         Cari, tampoco es para ponerse así, ves ya has hecho llorar a Rodrigo. ¿Que culpa tienen los niños de que no hayas recuperado la sandía?

-         Y dale otra vez, sigue,  sigue con el tema, que se entere todo el mundo…

La familia Peláez continuaba su descenso, algo más sin la  sandía y con unas caras que denotaban una cierta tensión con  miradas recriminatorias, llegando por fin al paseo marítimo.

Ni que decir tiene que la playa estaba atestada de bañistas, que la arena era supuesta, por que lo único que se veían eran sombrillas pegadas unas a otras. Tan poco espacio había que con una sombrilla valía para cubrirse  de los perjudiciales rayos de sol hasta  3 familias. Nadie se movía por que era misión imposible poder mover un músculo sin dar un golpe al vecino de sombrilla. En el propio paseo, había familias que habían logrado pinchar la sombrilla en las acequias junto a las farolas de luz. Lo que sin duda era misión imposible era llegar hasta la ansiada agua salada del mar. En esas circunstancias y con un calor que superaba los 45 º se disponían a pasar una jornada dominical.

-         ¡Cari, allí se va una familia, aprovecha, corre, corre y pincha la sombrilla!

El sufrido padre de familia miró sin ver hueco  alguno

-         Por ahí , por ahí

Un empujón le hizo salir disparado hacia un diminuto hueco que quedaba libre, algo que también pretendían otros bañistas que emprendieron la carrera. En esa rápida y vertiginosa carrera sombrilla en mano cuan jabalina olímpica y a pesar del cansancio acumulado llegó a su objetivo primero, estirándose y clavándola en la arena. Desgraciadamente lo clavó en la arena, pero encima de la misma había una chancleta de playa a la que dibujó un lindo orificio circular en su parte central.

-         Mi  chancla, mi chancla, pero Ud. está loco?- . Menos mal que no tenía el pie dentro. Es Ud. un insensato. Saque la sombrilla de mi chancla por lo menos

-         Si, perdone es que no lo había visto. Ya le compraré unas, pero no me haga sacar la chancla, por que en cuanto desplante la sombrilla alguien se lanzará a por el hueco

La gente arremolinada, si es posible más,  viendo la escena. Una sombrilla con su chancla agujerada plantada en la arena. Alguien de los bañistas grita:

-         ¿Si , este es el tipo que se ha cargado mi escultura, que ha arruinado mi vida. Si el muy gracioso lanzó una sandía contra la cabeza de mi gran obra y escapó como un cobarde, y ahora agrede a otro bañista con la sombrilla…!

Viendo el cariz que tomaba la situación y que los agentes locales se acercaban al sitio, sacó la sombrilla, lanzó la chancla, avisó a su querida familia y marcharon cuesta arriba a buscar el cobijo de su casa.

Por fin ya en casa, empapados en sudor, se disponían a entrar en el apartamento cuando algo inesperado sucedió

-         Pues no la encuentro, dijo con gesto culpable el padre

-         No encuentras qué, Cari?

-         La llave de casa. No se donde está. Probablemente cuando fui a por la sandía o al pinchar la sombrilla se me cayó.

-         Lo que faltaba, y ahora a ver que hacemos

-         No pasa nada se llama a un cerrajero y ya está

-         Papi, papi, que quiero hacer pis, grito Martita

-         Y yo tengo hambre

-         Esperaros un poco que enseguida entramos

El padre llamó al cerrajero, que tardó 3 horas en llegar aplicando la tarifa festiva. Al estar atrancada la puerta por dentro tuvieron que echar la puerta abajo, destrozándola literalmente. 210 € IVA incluido, por un trabajo de 2 minutos parecía excesivo dinero, pero ya estaban en casa.

-         Por fin en casa!! Desde luego que hoy no es nuestro día. Dijo con gesto complacido el padre

-         Menudos ladrones, comentó con enfado la madre

De repente, Martita, apareció con una llave entre las manos y con gesto de júbilo dijo

-         La encontré , la encontré

-         No puede ser, si he mirado en todos los sitios, no es posible

El padre no sabía donde meterse. La cabeza agachada escuchando el chaparrón de reprobaciones de toda la familia

-         Desde luego Cari, que el año que viene nos venimos sin ti

-         Pero papi si la llave estaba aquí mismo…

-         Hijo, ahora que estamos todos tranquilos, podías ir a comprar la sandía. Ya sabes que el médico…

 

 

 

 

 

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    Mi homenaje al IV centenario del fallecimiento de Cervantes

    Y si nuestras emociones pudieras ser controladas por el cerebro... que ocurriría?

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