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4 min
Besos Humedos
Terror |
26.01.15
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Sinopsis

Besos humedos, saliva espesa, aliento putrefacto

El cabello blanco de mi bisabuela se movía al viento mientras la observaba ahí echada inmóvil, rígida, sin vida.

Su piel pegada a sus huesos, producto del rigor mortis, le daban a su cara ese aspecto cadavérico clásico de los fallecidos en las películas de terror. No era un cadáver bonito, de esos que "parecen tan solo estar durmiendo" y dan la impresión de que fueran a levantarse en cualquier momento.

A pesar de haber muerto hace unas horas, aún estaba en su cama, todavía no habían ido a prepararla para el ataúd. Las ventanas abiertas dejaban pasar el tibio aire de enero y la habitación iluminada daba a todo el espacio un ambiente de paz.

Desde la puerta, yo veía todo el movimiento, no quería acercarme a ella. Recordaba sus manos delgadas y huesudas siempre frías tocándome la cabeza, era cariñosa pero yo no lo sentía así porque estaba más preocupado en su sonrisa desdentada que se me acercaba para besarme y dejarme su espesa saliva en el rostro, mientras mi mamá me agarraba para que yo no corriera.

No era cruel, era solo un niño. Hasta ahora siento su aliento cuando me hablaba tomándome las manos, no era totalmente desagradable pero tenía un olor a humedad, a guardado, a vejez. El dedo meñique de su mano derecha estaba doblado hacia adentro porque su perro la mordió cuando lo agarró para ahorcarlo, el animal había tirado el balde de leche que ella había conseguido para ir a vender. Nunca se lo había perdonado, pero más grande fue el temor a la golpiza que el amor por el can. Lo colgó de un árbol.

Pasaron los minutos y llegaron los de la funeraria, el velorio sería en casa, todo olía a café. Felizmente no volví a ver a mi bisabuela hasta que ya estuvo en su último tálamo. Todos se acercaban llorando y diciendo cosas buenas de ella, hay que fallecer para conseguir eso.

Yo me entretenía caminando entre la gente empujando a la muchedumbre que seguía llegando. Estaba por salir de la casa cuando mi mamá me jalo del brazo y me cargo llevándome hacia adentro, en el camino varias tías gordas y flacas me palmeaban las mejillas diciendo lo grande que estaba y como me parecía a la muerta.

Poco a poco me di cuenta de a donde se dirigía mi madre, al centro de la sala, ahí por donde tantas veces había corrido para esconderme de los besos húmedos y sin dientes de mi bisabuela.

 

»Ahhh que amoroso, le dará el último beso a la abuelita» - oí horrorizado tratando de bajar de los brazos de mi madre que me apretaban cual tenazas de metal.

 

No quería mirar, pero volteé hacia el ataúd abierto, mientras escuchaba los murmullos, como zumbidos de abejas, comentando lo dulce de mi acción.

Mi madre me acomodó en sus brazos inclinándose hacia el ataúd, hacia el rostro plomizo y huesudo de mi bisabuela, volteé el rostro para no acercarme más, pero una de mis tías, ayudando a mi madre, me tomo del mentón dirigiéndolo hacia el frente, mis labios tocaron la boca fría y seca, esta vez, de la autora de mis pesadillas nocturnas.

Como en cámara lenta la sensación de aquel beso duró segundos, horas, días, años. Olí su boca muerta, vi, casi tocándolos sus ojos hundidos y sin vida, mi piel lozana y tersa rozó la suya ajada y seca. El olor de las velas y el formol llenó mis sentidos asfixiándome.

De nuevo en el piso, caminé hacia mi cuarto y cerré la puerta tras de mí. Echado en mi cama miraba la oscuridad de la noche, me cubrí con la sábana blanca bordada para calmar el escalofrío que acababa de sentir. Estaba ya con los ojos entrecerrados, cuando escuché el chirrido de mi puerta al abrirse, no miré, seguro era mi madre con algunas galletitas, estiré mi brazo para tomar una de ellas, cuando esas frías y huesudas manos tocaron mis pies y levantaron la sábana hasta mi cuello arropándome. Un beso húmedo mojó mi frente y comprendí que la mamita Fernandina seguiría siendo la protagonista de mis pesadillas.

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Comentarios
Valoraciones
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  • Mendiel! muy buen relato. El final fue escalofríante y oscuro.
    Muchas gracias Gustavo, Pielfria y Ricardo, pues ahi mejorando con las críticas constructivas que siempre son bien recibidas. Ya saben que soy nóvel en estos menesteres de la pluma y el papel (o el teclado y el monitor en estos tiempos). Saludos.
    Oye esto está muy bien y no sólo por estilo tan fluido de frase cortas y que, por ello, incita continuar la historia, que se lee de un soplido hasta el final. Logras, además, aterrorizar al lector- al menos a mi-. Buen ambiente gótico. Magnífica la idea de utilizar algo tan personal, como el afecto de la abuela para atraer la atención. Sugestivas descripciones ,y ese desenlace final pienso que es genial y borda la historia. Buen trabajo.
    Espeluznante relato, Mendiel. Vaya con la bisabuela. He de decir que de todos los relatos que te he leído (que son todos si no me equivoco), es el que mejor está escrito. Saludos.
  • Muñeca rota y destrozada, la llamaban los que habían querido armar el rompecabezas de su mente, ella no quería ser arreglada, así era feliz....... http://piesfriosenlaespalda.blogspot.pe/2015/08/muneca-rota.html

    Para ver la versión en web: http://piesfriosenlaespalda.blogspot.pe/2016/07/cronicas-estrangulador.html

    La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena. - El chavo del 8 -

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