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14 min
Bevisst
Terror |
13.09.15
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Sinopsis

Una historia sobre un caballero medieval que viaja hasta una torre a salvar a una princesa, en la torre descubrira que algo oscuro ocurre alli.

Érase una vez un joven que regresaba de una guerra a su pueblo junto a su fiel caballo blanco Hest, juntos ya habían atravesado el bosque ceniza, el desierto rojo y las tres grandes montañas nevadas llamadas  Soustre.

Mientras el joven continuaba con su camino aparecía de entre una espesa vegetación una casa y junto a ella había una viejita que pareciera que lo miraba desde mucho antes de aparecer.

El joven decidió descansar unos momentos y pedirle además de indicaciones de donde estaban un poco de agua y comida ya que el viaje se había alargado mucho.

-Joven, joven, ven acércate – le dijo la anciana con voz débil y temblorosa.

Mientras él se acercaba a la anciana pudo notar que olía a tierra mojada y a hierbas extrañas

– cerca de aquí hay una torre de 3 pisos donde duerme la princesa Bevisst, ella fue embrujada y espera a que un caballero la despierte de su sueño eterno.

Sonriente y lleno de confianza respondió.

  • Por supuesto que puedo ir a rescatar a su princesa.

Así que pasaron un par de horas de prepararse, descansar un poco y partieron en búsqueda de la princesa, la viejita le había prometido decirles un camino al pueblo cuando rescatara a la princesa ya que muy poca gente pasaba por aquel camino y él era el único que podía ayudarla.

  • ¡Joven!, hay un lobo custodiando la torre, dicen que es más grande e inteligente que los demás – le dijo la anciana con un grito fuerte y chillante mientras nuestro héroe se alejaba y alzaba su espada en muestra de bravura y valentía.

Cuando ya comenzaba a anochecer a lo lejos podía oír un aullido y además de los típicos grillos que se escuchaban todas las noches.

Avanzo unos metros más y frente a él estaba la torre totalmente en tinieblas, media unos 30 metros y mientras más avanzaba el joven, los grillos se iban silenciando poco a poco hasta que no se oía nada más que los pasos de Hest. Al llegar al portón se percató que había un esqueleto a un lado de la torre, posiblemente algún forastero ya había tratado de rescatar a la princesa pero escalando la torre era muy peligroso.

Bajó del caballo muy confiado en que todo había sido muy fácil, encontrar la torre y el lobo no existía, sonreía al recordar historias de princesas muy hermosas rescatadas por príncipes que alguna vez oyó de niñez. Mientras soñaba despierto y frente al umbral del portón nuestro héroe se espantó al escuchar una voz.

  • Di tú nombre- una voz espectral suave pero profunda emanaba de las viejas maderas del portón de la torre.

Nuestro héroe se asustó un poco pero supo que era algún tipo de prueba para entrar así que respiro profundo y pronuncio su nombre fuertemente en la oscuridad.

  • Sammel- pronuncio su nombre como si con esa frase la espectral voz que le preguntó se alejara para siempre.

No podía creer que antes había una puerta frente a él, se había esfumado y dejado una entrada vacía.

Con valentía y sin ninguna duda comenzó a encender velas que había en la torre una a una, además también de tener su espada lista por si un enemigo se escondía entre las sombras.

Desde muy lejos la torre ya era visible gracias a las velas y Sammel subía con mucha rapidez los pisos de la torre, parecía que antes había sido habitada por una familia adinerada ya que habían muebles muy elegantes y cuadros que posiblemente valían una fortuna pero todo como si lo hubieran dejado tirado hace siglos. Pero algo le parecía raro pero no podía notarlo, porque la emoción y la duda de encontrar a la princesa le inundaban el pensamiento.

Al llegar hasta la cima de la torre, podía oler a almendras y flores desde una puerta que estaba a un lado de un gran ventanal, la puerta estaba entre abierta y solo había oscuridad del interior.

Sammel, lentamente deslizo sus dedos por la puerta para abrirla lentamente y mientras lo hacía comenzaba a recordar a su madre, sabía que había tenido una pero no recordaba su cara y tampoco podía entender porque se le venía a la mente algo así.

Con pequeños pasos avanzo lento pero seguro en la extraña habitación, mientras el pensamiento de su madre se desvanecía entre los detalles que ofrecía el lugar.

Una hermosa alfombra gris que se extendía por toda la habitación, juguetes de madera esparcidos por el suelo y Un librero muy viejo con libros con títulos muy extraños como: “aprenda a enseñar lo que no debes enseñar”,  “Háblate, Mírate”, “El Pozo De La Culpa” y el más extraño de todos era un libro con sus tapas bien cuidadas pero con las hojas quemadas, el titulo decía “Sammel”.

Llovía fuertemente, los golpes de las gotas de lluvia martillaban las tejas de la torre, de pronto un fuerte relámpago hizo que la habitación se iluminara entera desde una ventana del fondo del cuarto. Allí se encontraba ella durmiendo en una cama que no había percibido antes, un poco pálida con su cabello claro bien peinado y sus manos juntas en el abdomen. La luz duró unos 2 segundos, lo suficiente para que se percatara donde había una gran vela para encender.

Con el cuarto iluminado fue de inmediato a mirar a la princesa, Bevisst era increíblemente hermosa, Sammel quedo hipnotizado por sus labios, quedo maravillado por lo suave de su cabello y no podía creer que una mujer tan bella estuviera durmiendo hace quizás cuanto, sola. De pronto un fuerte golpe lo despertó del hermoso sueño en que estaba; la puerta y la ventana de la habitación se habían cerrado de golpe con cadenas cruzándolas.

Desesperado, el joven trato de romper las cadenas sin éxito alguno, corrió la alfombra, dejo caer la librería y desordenó la habitación buscando alguna salida. Ya cansado de buscar se dio cuenta que solo quedaba una parte por buscar, la cama donde dormía aun Bevisst.

  • ¡No sé qué te hicieron pero ya me está molestando todo esto, si no despiertas daré vuelta la cama buscando alguna salida, Me escuchaste!

Sammel desesperado con la situación ya que sentía que habían pasado más de 5 horas encerrado y aun llovía, se acercó a la princesa y la tomo de los hombros, zamarreándola y gritándole:

  • ¡Despierta y ayúdame!

Al ver que no despertaba tomo a Bevisst de la cintura y la acostó en la alfombra que había quedado en la entrada de la habitación. Decepcionado porque no había encontrado nada debajo de la cama ni en ella se sentó en el suelo apoyado en la muralla de la ventana para descansar.

A lo lejos escuchaba aun la lluvia golpear en la ventana y en el tejado, le hacían recordar cuando su madre cuidaba del cuando enfermaba. Cuando apenas unos días había arrasado un pueblo con su ejército vio como una mujer protegía a su hijo con uñas y dientes y el sin ninguna duda dio la orden de ejecutar a la mujer y al niño. Inmediatamente un soldado les dio muerte calmando así el momento.

  • ¡Yo no hice eso!

Exclamo Sammel despertando de golpe en la habitación y percatándose de algo más con horror.

  • ¡qué está pasando afuera, Hest!

Unos gritos de dolor y desesperación provenían de Hest, el caballo blanco que Sammel había dejado amarrado fuera de la torre, el gran lobo había aparecido y poco a poco se devoraba la carne viva del corcel; el joven no pudo hacer nada por impedirlo, en unos momentos el cuerpo del caballo ya no se veía. Esa tarde Sammel se lamentó por el pobre animal que no pudo hacer nada por sobrevivir que a través de las cadenas vio como fue devorado por el lobo que le advirtió anteriormente la anciana.

Pasaron varios días sin que saliera el sol, pero Sammel aun sentía hambre, sueño y sed. Esa habitación se había detenido una noche lluviosa y fría. El joven se alimentaba de un musgo que crecía en una esquina y bebía agua de una gotera de lluvia que caía cerca de la cama.

Así estuvo Sammel por lo que el trataba de establecer como 1 año entero, con ayuda de los libros cada vez que dormía y se alimentaba lo anotaba y así tratar de saber cuánto tiempo pasaba encerrado; la desesperación fue poco a poco volviéndolo loco, su mirada que antes estaba fija en la ventana contemplando el bosque por si alguien aparecía ya se había desviado completamente hacia la mujer que yacía en el suelo aun durmiendo.

El joven cerro los ojos y al abrirlos  se dio cuenta que había desnudado a Bevisst, el cuerpo de la princesa estaba sucio de barro y arenilla producida por la piedra de la torre, ya había desahogado sus instintos sexuales con la durmiente pero aún se sentía vacío, necesitaba contemplar ver los ojos de alguien sufrir, había vivido rodeado con el sufrimiento de los demás, viendo el llanto y la agonía en cada rincón y nunca le había parecido que fuera una necesidad como lo fue en ese momento, miraba sus manos y el cuerpo desnudo de la mujer una y otra vez hasta que solo miraba sus manos, contemplaba cada detalle, cada cicatriz, cada marca, su suciedad, el barro entre las uñas y mientras caminaba hacia la mujer sin apartar la vista de sus manos, se arrodillo y comenzó a ahorcar a la princesa sin compasión ni arrepentimiento alguno, lo hacía con tanta fuerza como si su vida dependiera de ello; unas pequeñas lagrimas comenzaron a brotar de los ojos de Bevisst cuando de pronto abrió sus ojos lanzando a Sammel hacia atrás por el espanto.

La princesa estaba de pie frente a él, imponente con su clara cabellera hacia delante mirando a su agresor de tal forma que Sammel aterrado le grito:

  • ¡Aléjate de mí maldito demonio!

Por tu culpa que estoy encerrado en esta torre, por ti que no puedo salir, tú me has maldecido a sufrir en este lugar.

Sammel miraba a la mujer desnuda frente a él con mucho horror ya que estaba oscuro y además se podían oír unos susurros que parecían flotar por toda la habitación, susurros que maldecían, pedían clemencia, se reían, sufrían y lloraban, estos susurros eran tanto de hombres mujeres y niños.

  • ¡que es todo esto, quiero salir de aquí!

Bevisst avanzaba paso a paso hacia Sammel con una aura oscura a su alrededor que mantenía la habitación más oscura que lo que ya era, las voces se aglutinaban a su alrededor aumentando la presión y la desesperación del lugar.

Sin percatarse Sammel no podía moverse, su ira, su voluntad y su orgullo se desvanecían  y su miedo le hizo comenzar a llorar, a pedir perdón por todos los que había hecho sufrir, recordaba cada nombre y cada rostro de todo aquel que pisoteo y asesino sin motivo alguno, de todas esas mujeres que abuso y maltrato, de su madre que por tanto tiempo lo cuido y el por querer poder arraso su propio pueblo para cumplir las órdenes de sus superiores, uno tras otro sus rostros aparecían en su cabeza, pidiéndole ayuda y misericordia.

El frio le calaba los huesos pero el solo podía cruzar los brazos para tratar de rechazar un poco el aire congelado, recordó las veces que mato por querer y las veces que dio la orden de incluso matar niños, su cabeza estaba tan llena de remordimiento que se olvidó por completo de Bevisst, que se acercaba, que extendía sus largos y delgados brazos hacia él, cada segundo aumentaba la tristeza y la culpa del joven guerrero hasta que de pronto las voces que pedían clemencia y ayuda desaparecieron y el frio se alejó como si de un segundo a otro las sensaciones del cuerpo se hubieran ido, la lluvia ya no se oía pero sus ojos aún estaban húmedos por llorar del miedo, poco a poco abrió los ojos y vio que Bevisst estaba junto a él, su cuerpo temblaba y le pedía a todos los dioses que había conocido alguna ayuda para salir de esa situación pero nada ocurrió, las manos de la mujer ya estaban sobre Sammel .

  • ¿Padre puedo salir a jugar con los otros niños?
  • Está bien pero recuerda que ya vamos a comer.

En el centro del pueblo se comenzaban a reunir las personas que escuchaban a un hombre que daba una información u orden que los pobladores que debían cumplir, el niño asombrado por la belleza del caballo blanco del  caballero corrió hacia él.

  • ¡Todo aquel que esté en contra de nuestro real monarca Sir Omisdal será culpado de traición y asesinado en el acto, por ello este pueblo es culpable por ayudar al enemigo en la pasada guerra!

El niño al llegar donde estaba el caballero ya no habían pobladores, ya que todos habían huido del lugar.

  • ¡Que nadie escape! - grito el hombre que montaba el caballo blanco

En unos segundos el niño estaba tirado frente a su padre muerto y preguntándose porque pasaba todo eso.

El olor a sudor, tierra mojada y hierbas reinaba al momento que Sammel despertaba de un salto en el campamento a orillas de la casa de la anciana que le había mencionado a la princesa.

  • Ya despertaste. - La anciana estaba sentada junto a el mientras se frotaba las manos con una extraña raíz carmesí.
  • Que está pasando- se preguntó Sammel
  • Fue el efecto de mi poción, te hizo ver como en verdad eres, cuando te vi supe que posees un corazón grande pero corrompido por la maldad, todo lo que viste y sentiste fue real, todo eso y aun peor has hecho sentir a gente inocente, la princesa representaba a tu bondad, la torre eran tus decisiones egoístas en tratar de surgir pisando a los demás y tú eras tú futuro, piensa como será tu infierno cuando todos vengan a cobrar lo que les quitaste.
  • Lo sé, he sido un hombre horrible, pude ver la pureza que arrebaté a tantos niños y no me daba cuenta, Gracias por mostrarme todo esto, desde hoy seré un hombre de bien.

Y así Sammel comenzó a ser conocido por sus buenas obras, defendía a los débiles y niños, su corazón y alma inspiraban a otros a ser como el, a crear un mundo mejor.

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