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8 min
Crystal Lake III
Terror |
06.04.15
  • 3
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Sinopsis

Apoyó las manos clavando la mirada hacia la vieja madera del muelle, sintió que el agua que había tragado le trepaba por la garganta, vomitó lo poco que había comido. Se incorporó con el machete entre las manos.

-¿Jason? –murmuró sin expresión en su mirada.

Caminó de regreso al campamento sin saber muy bien que hacer, todo estaba oscuro y en silencio. Escuchó un grito. Se acercó lentamente apretando el machete con los nudillos sintiendo una rabia en su interior, entonces algo le hizo tropezar, miró hacia abajo, se sorprendió al ver el cuerpo de una chica con una enorme raja que dividía su cabeza, la misma que le dejó en el lago. Miró sus ojos sin vida con desdén y sonrió ligeramente. Alzó la mirada al sentir que había alguien o algo más ahí…

Aquel ser permanecía inmóvil mirando a la muchacha. Hanna pudo adivinar en la oscuridad el resplandor de la hoja de un hacha, aun goteando. Jason se acercó a ella lentamente dando grandes pasos, le miró un instante y acto seguido le agarró del cuello con fuerza. Los pies de la chica dejaron de tocar el suelo, Hanna agarró la mano que la ahogaba. Sentía que su cuerpo se debilitaba, el machete resbaló de sus dedos. La muchacha con una lágrima por la mejilla sacó un colgante de su pecho con dificultad.

-Es mi madre –dijo abriendo el colgante de su pecho- yo también la perdí –tenía la mirada perdida.

Jason le dejó caer, permaneció quieto. Hanna se levantó con parsimonia cogiendo el machete y clavó sus oscuros ojos verdes en los de aquel extraño ser. Jason le miró una última vez y se giró.

-Jason –llamó la muchacha con un hilo de voz- No somos tan diferentes…

Una fuerte luz le cegó.

-¡Allí está! –gritaron unas voces.

Aparecieron muchachos y monitores atraídos por el grito de la chica, uno de ellos armado con una escopeta, los demás con cuchillos y otras armas blancas.

-¿Hanna? –una joven monitora miró el cadáver llevándose las manos a la cara- ¿Cómo has podido hacer esto?

-Yo no…-empezó la muchacha, giró la cabeza, Jason ya no estaba.

-¿Cómo has podido? –Gritó una chica entre lágrimas acercándose al cadáver de su amiga- también mataste a Jade, ¡Eres un monstruo!

Dejó caer el machete al suelo. La misma monitora se acercó a la muchacha, dándole una fuerte bofetada que le hizo caer.

-Eres un monstruo –repitió.

Acto seguido se acercaron tres personas más y golpearon a la muchacha por todas partes, agarrándole del pelo. Hanna se quedó inmóvil en el suelo recibiendo golpes en la cabeza y en las costillas, suplicó con la mirada que pararan, pero no lo hicieron. Al principio no podía soportar el dolor, pero después de un rato se hizo inmune a los golpes. Finalmente dejaron a la chica en el suelo, había perdido el conocimiento pero a su cuerpo aún le daban algunos espasmos. Algunos de ellos despejaron el lugar cogiendo el cadáver de la otra chica con llantos de sus amigas, otros discutían sobre algo que se le hacía a ella incomprensible, cogieron el cuerpo de Hanna y volvieron a llevarle al lago. El cuerpo débil de Hanna se sumergió. Abrió ligeramente los ojos, su vista estaba distorsionada, pensó que moría.

-Será mejor así –dijo una de las monitoras, miró hacia el lago con remordimiento y culpabilidad, bajó y la cabeza y se marchó siguiendo al grupo hacia el campamento en silencio.

Entre la oscuridad sintió que algo le agarraba, aunque ya no era consciente. Aquel ser salió del agua con la muchacha en los brazos. La mano de la muchacha se tambaleaba como si no tuviera vida, Jason avanzó en la oscuridad por el bosque hasta dar con un viejo refugio.

Una tenue luz le despertó, Hanna abrió los ojos haciendo un gesto de dolor sin comprender. Alzó ligeramente la cabeza para observar el lugar en el que se encontraba con extrañeza. Miró sus piernas, tan pálidas y llenas de heridas, sus labios cortados y morados, hacía frío. Una tenue luz entraba por una pequeña ventana con cristales rotos, aquel lugar era poco espacioso y oscuro. Llevó la mirada a sus muñecas y vio que estaban prisioneras por unas cadenas. Giró la cabeza, sintiendo un enorme dolor con cada movimiento que hacía, sintió ganas de vomitar nuevamente pero un ruido le sobresaltó. Unos pasos pesados se acercaban hacia donde ella se encontraba, su vista volvió a nublarse con un gran dolor de cabeza y cayó inconsciente después de apreciar una gran sombra.
Amanecía, Jason Voorhees salió de aquel oscuro lugar, miró a su alrededor ensanchando su pecho para tomar aire tras la máscara. Agarró el mango del hacha, aún salpicada y avanzó hacia el campamento en busca de indicios de vida. Atravesó el bosque y encontró una furgoneta, escuchó unas voces metros más adelante. Una chica nadaba en el lago.

-¡Nena! Mira que cuerpo tiene tu novio –gritó el chico en el borde a punto de zambullirse.

-¡Eres idiota! –respondió la chica burlona.

El chico miró a la muchacha y notó que su cara había cambiado por completo, volviéndose su piel completamente blanca.

-Dios mío…-murmuró ella- ¡Corre!

El muchacho se dio la vuelta con una media sonrisa pensando que era una broma, alzó las cejas y retrocedió al ver aquel enorme ser con el hacha entre las manos. Jason alzó el hacha y la dejó caer con fuerza sobre la cabeza del chico, quedándose completamente atascada. La chica gritó y nadó hacia el otro extremo pidiendo ayuda sin éxito. Sacó el hacha salpicando su cuello y empujó el cuerpo del muchacho, se quedó en la orilla hasta ver desaparecer a la chica. Alzó la vista y vio que había amanecido, volvió al bosque cuando encontró algo familiar, agarró el machete con fuerza y se dirigió al refugio respirando con fuerza.

Era como una especie de túnel, un túnel oscuro y estrecho que llevaba a una habitación, también poco espaciosa con una cama con el colchón carcomido y sucio, se acercó a ésta, la muchacha seguía inconsciente. La otra habitación era algo más espaciosa, una sola bombilla se zarandeaba iluminando una mesa con lo que parecían herramientas de tortura, trapos y botes con algo repugnante dentro. Jason Voorhees se acercó hasta la mesa y agarró algo punzante, volvió a la otra habitación. La chica abrió los ojos nuevamente con dificultad, cegada por la luz que entraba por la ventana. Jason se acercó con el instrumento punzante en la mano, Hanna miró aquel ser sin temor y se incorporó con tanto dolor que apenas podía sentirlo y bajó la mirada sin mover ni un músculo, sonó un ruido proveniente de su estómago, llevaba casi un día entero sin comer nada, y lo último que comió lo vomitó horas antes. Puso su mano en su estómago, vio que tenía un corte profundo en la mano y que aún sangraba, apartó la oxidada cadena de la herida con un gesto de dolor y alzó la mirada para encontrarse con la del asesino, Jason Voorhees se giró para salir de aquella sucia habitación, sus pesados pasos desaparecieron poco a poco. Agarró el colgante con las fuerzas que le quedaban y con la otra mano ocultó su cara, el dolor se mezcló con la rabia y algunas lágrimas nublaban su visión. Los pasos volvieron a sonar, Hanna le esperó sin inmutarse. Jason entró en la habitación con algo en la mano, la muchacha apartó la mano de su rostro sintiendo la presencia de aquel asesino. Jason dejó el objeto en la cama y volvió a la otra sala.

Hanna cogió el objeto con las manos y se sorprendió al ver que era una lata de conservas de hace una eternidad y llena de polvo, sin pensárselo dos veces la abrió y miro el contenido repugnante pensando que probablemente lo vomitaría.

Había silencio, Jason entró en la sala de su prisionera, el cuerpo amoratado de la muchacha descansaba con la lata vacía en una parte inferior de la cama. Se acercó y alargó la mano para agarrar el colgante de la muchacha, una mujer mayor de cabello oscuro y ojos verdes sonreía. Soltó el colgante y se giró para volver al túnel que llevaba al exterior.
 

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  • Hay tantos escritores en el mundo y tantas personas con muchas buenas ideas. Lo que nos hace falta es un apoyo de lectores que disfruten como yo disfruté de tus letras. Me gusto mucho este escrito.
  • Un grito le sacó de sus pensamientos. Llevó la mirada a aquel ser desde la distancia, apenas escuchaba los gritos de súplica de la pobre muchacha, algo se había roto dentro de ella.

    La joven observaba aquel ser desde la otra sala, con una sonrisa leve en los labios.

    Sus zapatillas se hundían en el barro a cada paso que daba, cobijándose entre sus brazos y con la mirada perdida siguió el camino de vuelta a la vieja cabaña sintiendo la mirada del viejo sheriff.

    La noche era fría y la lluvia no había parado por entonces, casi impedía ver más allá. La muchacha observó al agente con dificultad, cerró los ojos y se desplomó en el barro.

    Caminó por la frondosidad del bosque bajo la lluvia, ya no le importaba el frío, pensó en el saco lleno de comida que había dejado olvidado junto a su chaqueta, tampoco le importó.

    La muchacha observó al ser en silencio, perpleja.

    Aquel ser dejó descansar el cuerpo sobre una rodilla y miró el rostro de la muchacha. Tocó su rostro y sintió que una voz le hablaba en su interior.

    La muchacha permaneció inmóvil y sintió como ese ser avanzaba hacia ella. Miró sus manos salpicadas, se incorporó sin dejar de apartar la mirada de sus manos.

    El aire era puro y solo podía escucharse el sonido del bosque, esa mañana hacía algo más de frío, el verano llegaba a su fin.

    Apoyó las manos clavando la mirada hacia la vieja madera del muelle, sintió que el agua que había tragado le trepaba por la garganta, vomitó lo poco que había comido. Se incorporó con el machete entre las manos.

Aunque no soy tan buena como ustedes me gusta escribir, sobretodo género de terror o misterio. "Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también te mira a ti"

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