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9 min
Crystal Lake IV
Terror |
16.04.15
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Sinopsis

El aire era puro y solo podía escucharse el sonido del bosque, esa mañana hacía algo más de frío, el verano llegaba a su fin.

Jason avanzó con pesadez con el machete en la mano mirando a su alrededor, escuchó algo que le resultó familiar, el sonido de un silbato resonó en su cabeza, tomó aire hasta ensanchar su pecho y siguió aquel sonido.

Era una mujer de unos 25 años, llevaba un silbato colgando del cuello y una camiseta con una pequeña tarjeta en la que podía leerse su nombre, parecía estar haciendo alguna tarea, como si después de aquello que hicieron con la muchacha no hubiera significado nada para seguir con sus tareas cotidianas. Agarró una barca con dificultad hasta hacerla caer en el terreno. La joven monitora agarró la barca por un extremo y se giró mara encontrarse con la mirada de un ser enorme. Balbuceando dejó caer la barca y retrocedió unos pasos, Jason se abalanzó sobre ella dándole un fuerte golpe en el cráneo y agarró de la camiseta a la joven como si fuera un animal.

Hanna despertó nuevamente pensando en cuántas horas podía haber dormido. Recordó que tan solo quedaban dos días para que todos se marcharan a casa, necesitaba salir de aquel lugar y vengarse de todos, cerró los puños con fuerza, “¿Cómo voy a salir de aquí?” lo cierto es que en aquel lugar por extraño que le pareciera no se sentía tan sola. Miró sus muñecas ensangrentadas, tenía que curarlas de algún modo, pues sus heridas estaban empezando a infectarse. Volvió a escuchar aquellos pasos y su corazón se aceleró levemente, alzó sus oscuros ojos verdes y vio pasar aquel ser con una gran bolsa negra de la cual por un extremo sobresalía un mechón de pelo, la sujetaba con un hombro sin esfuerzo, como si aquella bolsa no pesara nada. Jason soltó aquella bolsa enfrente del colchón donde Hanna se encontraba. Extrañada se acercó hasta donde las cadenas que le tenían prisionera le permitían. La bolsa se movió ligeramente, Hanna intentó librarse de las cadenas pero Jason lanzó una mirada a la muchacha y le agarró la mano con fuerza. Hanna hizo un gesto de dolor y sintió como brotaba la sangre por su muñeca. Clavó una mirada vacía en los ojos del asesino. Aquel ser apartó la mirada bruscamente y desapareció por el túnel que llevaba a la otra habitación.

Un ruido resonó en los oídos de la muchacha que se incorporó y dirigió la vista al lugar de donde provenía aquel ruido, la bolsa hacía movimientos leves, Hanna esperó sin apartar la mirada, finalmente una cara apareció con dificultad entre sollozos. La pupila de Hanna se dilató ligeramente al ver a la persona que tenía justo delante, aquella monitora que le golpeó horas antes; tenía restos de sangre en la cara. Abrió los ojos para encontrarse con los oscuros y vacíos ojos de Hanna.

-No puede ser –dijo la joven monitora con dificultad- ¿Hanna eres tú?

La monitora miró el cuerpo herido de Hanna con tristeza y observó sus muñecas encadenadas.

-¿A ti también? –Dijo entrando en pánico- Tenemos que salir de aquí.

-¿Tenemos? –preguntó Hanna sin apartarle la mirada.

La joven asustada le hizo un gesto sin comprender.

-¿No quieres salir de aquí?

Hanna no respondió.

El ruido de unos pasos aceleró a la joven que sollozaba ante la presencia del asesino. Jason se acercó a Hanna y liberó sus muñecas de la prisión de las cadenas. La joven presenció la escena confundida, Hanna alzó la mirada sin entender muy bien que quería aquel ser. Jason Voorhees agarró del cabello a la joven, pidió ayuda con todas sus fuerzas pero nadie podía escucharle en aquel lugar y fue arrastrada hacia la sala de torturas. Hanna miró con sorpresa sus muñecas y se levantó de aquel colchón putrefacto sin apenas poder caminar, pensó en si debía marcharse.

La joven observó como aquel ser se acercaba a ella con un objeto que en la casi oscuridad no pudo saber muy bien que era hasta que sintió como aquel objeto atravesaba su pecho, la joven lanzó un grito ahogado entre lágrimas. Jason le apuñaló con tanta ira que le quebró varios huesos. La vida de la joven se desvaneció viendo aquella máscara entre oscuridad.
La sangre bañaba las paredes y el suelo, el cuerpo sin vida de la joven descansaba en el suelo. Jason volvió a la mesa dejando el objeto manchado con la sangre de la chica y observó su rostro enmascarado en un espejo quebrado. Agachó la cabeza y seguidamente regresó a la otra habitación. 

Dejó caer ligeramente la cabeza hacia la derecha al encontrarse con la muchacha sentada en el borde del sucio colchón.

-No puedo caminar –dijo en voz baja sintiendo su presencia.

Jason observó a la muchacha algo sorprendido al ver que aún estaba ahí, ella se levantó y cerrando los puños con fuerza le miró. El ser agarró la cara de la muchacha bruscamente y observó sus cortes. Hanna le observó con una mirada retadora. Aunque Hanna era una chica de una estatura normal para su edad no llegaba más arriba del pecho de Jason. No sabía porque había decidido quedarse, tampoco sabía cuándo se cansaría el asesino de su presencia y le mataría, aunque sinceramente a ella no le importaba, ya que ahora solo tenía un único objetivo. Jason soltó su mandíbula y Hanna rodeó al gran asesino dirigiéndose al túnel de salida sin temor alguno. Miró a la muchacha, era la primera vez que iba dejar marchar a alguien con vida, todo era tan extraño.

Salió de aquel lugar y tomó aire, parecía que había pasado semanas en aquel lugar, bueno, lo cierto es que no sabía ni que día era desde antes de entrar en aquel lugar. Caminó en busca de algo con lo que poder cumplir su venganza, pero era difícil cuando estaba en mitad de un bosque, pensó que quizás debía de haber cogido algo en la sala de torturas de Jason, pero quizás no le sentase muy bien…

Caminó durante un rato sintiendo todavía gran dolor en las rodillas y en las costillas, descubrió un gran cobertizo y se acercó a echar un vistazo. Adivinó que llevaba un tiempo abandonado debido a su estado, forcejeó la puerta y entró. Parecía un viejo taller, había un fuerte olor a madera vieja y resina, buscó algo útil sin éxito. Hanna subió las escaleras que llevaban al piso superior, apoyando su mano derecha en la pared para poder caminar; aquel lugar era amplio pero el hecho de estar repleto de todo tipo de cosas daban una cierta sensación de claustrofobia, buscó y buscó sin encontrar absolutamente nada, alzó la mirada para encontrarse con la de un viejo maniquí de una mujer, Hanna frunció el ceño y se acercó. “¿Qué hace esto en un taller?” desvió la pregunta al encontrar algo en el suelo, “Un bate…” pensó, “Lo cogeré hasta que encuentre algo mejor”. Volvió al piso inferior con el bate en la mano a echar un último vistazo, fue a marcharse dándose por vencida cuando vio algo que le llamó la atención, encontró una caja de herramientas en una mesa de taller repleta de polvo, la abrió y encontró un martillo, clavos y tres llaves inglesas, Hanna agarró el martillo y un puñado de clavos.

Salió de aquel lugar con el bate de clavos que había improvisado. Caminó por el bosque y se dio cuenta de que estaba anocheciendo. Se paró en seco al escuchar un sonido cercano, voces, eran voces…

Hanna agarró con fuerza el bate y se acercó a ellas. Eran dos chicas que regresaban al campamento, charlaban de algo que Hanna no logró escuchar, solo tenía una cosa en mente en aquel instante. Se movió con rapidez y golpeó la cabeza de una de ellas con tanta fuerza que escuchó quebrar su cráneo. La otra chica lanzó un grito e intentó huir aterrorizada pero tropezó y cayó al suelo.

-¿Qué haces aquí? –Dijo aterrorizada mientras veía como Hanna se acercaba con el bate en la mano- Deberías estar muerta.

La muchacha le miró desde arriba con desdén, pero Hanna sin luz en sus ojos alzó el arma y le golpeó con fuerza una y otra y otra vez…

Con cada golpe sentía más ira, le hacía sentirse poderosa y cada gota de sangre que salpicaba su piel le hacía sentir más satisfecha de su trabajo. Sacó el bate con dificultad del rostro ya casi inexistente de la chica, observó como la sangre goteaba y corría por el bate, y con la yema de los dedos quitó los pedazos de carne que colgaban de algunos de los clavos. “Dos menos” dijo en un susurro. Anduvo y sin darse cuenta había llegado, escuchó risas que provenían del campamento, hablaban sobre Hanna, pero sin dar importancia se movió para estar más cerca.

 

Todo había pasado tan rápido, se acabó.

Hanna abrió los ojos y miró todo lo que le rodeaba, cayó de rodillas algo espantada al principio; sangre, la sangre bañaba el suelo, había cuerpos por todas partes, trozos de carne. “La escena más horrible que puedas imaginar, y todo esto lo has hecho tú” dijo una voz en su cabeza, puso sus manos en la cabeza, “Ya no queda nadie, ¿Cómo pudiste acabar con todos?” dijo otra vez aquella voz, “Acabé con todos”, lanzó un grito que desgarró su garganta al ver lo que había hecho, agachó la cabeza y con las manos en su cabeza agarró fuerte su cabello, “Acabé con todos” repitió, Hanna empezó a reírse de aquella situación aún con lágrimas corriendo por sus mejillas “Yo sola” dijo en un hilo de voz. Alzó la mirada y descubrió la figura inmóvil de Jason.

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  • Un grito le sacó de sus pensamientos. Llevó la mirada a aquel ser desde la distancia, apenas escuchaba los gritos de súplica de la pobre muchacha, algo se había roto dentro de ella.

    La joven observaba aquel ser desde la otra sala, con una sonrisa leve en los labios.

    Sus zapatillas se hundían en el barro a cada paso que daba, cobijándose entre sus brazos y con la mirada perdida siguió el camino de vuelta a la vieja cabaña sintiendo la mirada del viejo sheriff.

    La noche era fría y la lluvia no había parado por entonces, casi impedía ver más allá. La muchacha observó al agente con dificultad, cerró los ojos y se desplomó en el barro.

    Caminó por la frondosidad del bosque bajo la lluvia, ya no le importaba el frío, pensó en el saco lleno de comida que había dejado olvidado junto a su chaqueta, tampoco le importó.

    La muchacha observó al ser en silencio, perpleja.

    Aquel ser dejó descansar el cuerpo sobre una rodilla y miró el rostro de la muchacha. Tocó su rostro y sintió que una voz le hablaba en su interior.

    La muchacha permaneció inmóvil y sintió como ese ser avanzaba hacia ella. Miró sus manos salpicadas, se incorporó sin dejar de apartar la mirada de sus manos.

    El aire era puro y solo podía escucharse el sonido del bosque, esa mañana hacía algo más de frío, el verano llegaba a su fin.

    Apoyó las manos clavando la mirada hacia la vieja madera del muelle, sintió que el agua que había tragado le trepaba por la garganta, vomitó lo poco que había comido. Se incorporó con el machete entre las manos.

Aunque no soy tan buena como ustedes me gusta escribir, sobretodo género de terror o misterio. "Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también te mira a ti"

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