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7 min
Crystal Lake V
Terror |
01.05.15
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Sinopsis

La muchacha permaneció inmóvil y sintió como ese ser avanzaba hacia ella. Miró sus manos salpicadas, se incorporó sin dejar de apartar la mirada de sus manos.

-¿A dónde voy ahora? –dijo fría agarrando su arma.

Cogió su colgante y lo abrió con tristeza. Sintió como su corazón se encogía y se cubrió la cara con las manos. Sintió que algo le aferraba el brazo. Alzó la cabeza y descubrió una mirada diferente tras la máscara de aquel ser. Hanna fijó sus oscuros ojos en los suyos; Jason tiró del brazo de la muchacha bruscamente. La muchacha siguió aquel ser en la oscuridad del bosque, fue entonces cuando volvió a sentir aquel dolor insoportable en costillas y piernas. Miró a su alrededor pero la única luz que pudo ver fue la del el brillo de la hoja del machete y de la luna escondiéndose tras los árboles. Escuchó sonar su estómago y posó su mano en el vientre mientras caminaba a paso ligero siguiendo aquel ser pensando en si iba a matarle, pero no le importó. Bajó la mirada y observó la mano que le rodeaba el brazo, estaba cálida…

Después de unos minutos caminando Hanna sintió que la fuerza de la mano había aflojado. Hanna se sorprendió al ver la estructura de la vieja cabaña. “¿Me ha traído de vuelta”? se preguntó extrañada, Jason le llevó al interior de aquel lugar.

Era la primera vez que veía el piso superior de aquella cabaña, puesto que el túnel por el cual salió le llevó a otra parte del bosque. Las hojas se removían en el viejo suelo de madera que crujía bajo los pies de ambos, Hanna observó en un extremo de la sala una especie de altar con velas que manchaban el suelo de cera y la foto antigua de una mujer mayor. Ambos bajaron por una escotilla que llevaba al piso inferior, los túneles. El robusto y considerable tamaño del ser le obligaba a ir algo encorvado. Jason soltó el brazo de la muchacha cuando llegaron a la habitación. “Me ha traído de vuelta” pensó mientras observaba aquella sala con el sucio colchón. Jason permanecía inmóvil esperando a la muchacha. Hanna le dirigió una leve mirada con sus ojos vacíos; se dirigió hacia el colchón con la mano en el vientre y soltó el bate manchado sobre el suelo, se tumbó en la cama dejando descansar su cuerpo molido y vio desaparecer la sombra del corpulento ser por el túnel.

Los rayos de la luna iluminaban tenuemente la sala, cerró los ojos recordando aquellos a quienes les había arrebatado la vida y sonrió triunfante. Abrió los ojos y vio aparecer a Jason con algo en la mano que no consiguió adivinar, dejó la lata en la cama de la muchacha. Hanna se incorporó, la agarró confundida nuevamente y con el estómago abierto.

-Gracias –dijo en un susurro pensando que quizás no debía haber hablado.

Jason miró a la muchacha una última vez y desapareció en la oscuridad junto con el sonido de sus pesados pasos. Acabó la lata de conservas de hace siglos en la oscuridad, “Si sigo comiendo esto acabaré enfermando…” dijo mirando la fecha de caducidad, “No sé cómo conseguiré más comida” escondió su cabeza entre sus rodillas “No puedo volver” pensó, probablemente ahora tendría que quedarse allí para siempre, no podría volver ahora al orfanato. Se tumbó en el viejo colchón estirando sus piernas volviendo a sentir dolor.

-Supongo que este es ahora donde debo estar –susurró mirando la habitación.

 

El sonido de unos pasos que provenían de fuera le despertaron. Se acercó a la ventana y de puntillas logró echar un vistazo al exterior. Tres muchachos hablaban casi susurrando, iluminando su camino con la linterna. Hanna les observó en la oscuridad.

-Hay que encontrarla –dijo uno de ellos sin mirar al resto.

Los otros dos muchachos se miraron y asintieron en la oscuridad siguiéndole.

-Voy a matarla –el joven cerró el puño con fuerza y golpeó con todas sus fuerzas quebrando la corteza del árbol.

-John…-dijo uno de ellos posando una mano en el hombro del muchacho.

El muchacho agachó la cabeza.

-Mató a mi hermana –dijo con lágrimas en la cara- la ahogó con sus propias manos.

Los otros dos muchachos se volvieron a mirar en la oscuridad con una expresión triste en sus miradas.

Hanna observó de lejos la escena con ojos vacíos. Apartó la mirada de la ventana y clavó la mirada al suelo.

-¿Cómo han podido saber…? –Su pupila se hizo casi inexistente- ¿Es posible…?

Cerró los puños con fuerza. “¿Es posible…que alguien haya escapado…y lo contara todo?” Tragó saliva. Alzó la mirada para encontrarse con aquella máscara, agarró el bate del suelo con fuerza. Jason se acercó a la muchacha.

-¿Qué puedo hacer? –dijo con una voz quebrada sin esperar respuesta con el bate entre las manos.

Jason Voorhees miró a la muchacha con cierta curiosidad, seguidamente se giró y agarró el machete. Hanna le vio desaparecer en la oscuridad. El asesino salió al exterior en busca de aquellos muchachos. Hanna aún con el bate en las manos miró hacia la penumbra y cerró los ojos, se dirigió a la salida.

El aire frío de la noche golpeó la cara de la muchacha como si fuesen cristales. Respiró hondo, su cuerpo temblaba. Corrió, corrió en busca de aquel ser extraño sin saber por qué…

Unas luces le hicieron frenar en seco. “Son ellos” se dijo. Entre la oscuridad pudo apreciar aquella máscara, inmóvil. Los muchachos iluminaban el camino.

-Tío, estás temblando –dijo uno de ellos- ¿Tienes miedo?

-No seas imbécil…

-¿Estás asustado por lo del tipo con el machete? –El muchacho soltó una carcajada mientras avanzaba iluminando con su linterna- Son solo leyendas, cuentos –hizo una pausa- para asustar a los niños.

-¿Y cómo explicas todo esto? –la mano del muchacho se tambaleaba.

-No existe, ¿Verdad John?

-¡Silencio! –respondió bruscamente.

La linterna del segundo muchacho se apagó.

-Vaya por Dios…

Se paró y la golpeó varias veces hasta hacerla funcionar de nuevo, pero había algo delante de él.

-¿Qué…?

Jason agarró al muchacho y atravesó su estómago con el machete. Sacó el arma y se giró.

-Dios mío –el chico retrocedió.

Hanna vio la escena y dudó en qué debía hacer. Jason se acercó a su segunda víctima con el machete salpicado con la sangre del muchacho.

-¡Eres un monstruo! –gritó el joven mirando el cuerpo sin vida de su amigo.

La muchacha salió de la oscuridad y golpeó al muchacho con fuerza salpicando su rostro.

-Tú…-dijo el joven mirando a la muchacha.

Hanna sacó el bate del rostro del muchacho y lanzó una mirada oscura al último de ellos. El joven sacó la pistola de calibre 38 que guardaba en el bolsillo de su chaqueta y la cargó apuntando a la muchacha.

-Esto es por mi hermana.

Hanna escuchó aquel sonido retumbar en sus oídos y sintió la bala atravesar su cuerpo débil. El bate resbaló de sus manos, y finalmente cayó.

Jason miró el cuerpo de la muchacha, cerró los puños con fuerza y avanzó hacia el muchacho. El joven disparó sobre aquel enorme ser pero Jason no se detuvo. Volvió a disparar, pero el asesino siguió avanzando.

-Es imposible –dijo asustado.

Retrocedió y dejó el arma caer. Intentó correr, pero sus piernas no respondían, jamás había visto nada igual, jamás había visto una mirada como la de aquel ser. Jason levantó al muchacho con una sola mano y atravesó su cuerpo con el machete; el muchacho cayó al suelo agonizando. Jason, no satisfecho, volvió a atravesarlo una y otra vez…

 

Empezó a llover. Jason se acercó al cuerpo de la muchacha, era extraño para él sentir algo, sentir alguna sensación, pues estaba muerto, pero ahora podía sentirlo.

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  • Un grito le sacó de sus pensamientos. Llevó la mirada a aquel ser desde la distancia, apenas escuchaba los gritos de súplica de la pobre muchacha, algo se había roto dentro de ella.

    La joven observaba aquel ser desde la otra sala, con una sonrisa leve en los labios.

    Sus zapatillas se hundían en el barro a cada paso que daba, cobijándose entre sus brazos y con la mirada perdida siguió el camino de vuelta a la vieja cabaña sintiendo la mirada del viejo sheriff.

    La noche era fría y la lluvia no había parado por entonces, casi impedía ver más allá. La muchacha observó al agente con dificultad, cerró los ojos y se desplomó en el barro.

    Caminó por la frondosidad del bosque bajo la lluvia, ya no le importaba el frío, pensó en el saco lleno de comida que había dejado olvidado junto a su chaqueta, tampoco le importó.

    La muchacha observó al ser en silencio, perpleja.

    Aquel ser dejó descansar el cuerpo sobre una rodilla y miró el rostro de la muchacha. Tocó su rostro y sintió que una voz le hablaba en su interior.

    La muchacha permaneció inmóvil y sintió como ese ser avanzaba hacia ella. Miró sus manos salpicadas, se incorporó sin dejar de apartar la mirada de sus manos.

    El aire era puro y solo podía escucharse el sonido del bosque, esa mañana hacía algo más de frío, el verano llegaba a su fin.

    Apoyó las manos clavando la mirada hacia la vieja madera del muelle, sintió que el agua que había tragado le trepaba por la garganta, vomitó lo poco que había comido. Se incorporó con el machete entre las manos.

Aunque no soy tan buena como ustedes me gusta escribir, sobretodo género de terror o misterio. "Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también te mira a ti"

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