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6 min
BREVES CONSIDERACIONES SOBRE LA LITERATURA ERÓTICA
Amor |
16.01.18
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Sinopsis

BREVES CONSIDERACIONES SOBRE LA LITERATURA ERÓTICA

“Todo lo que no se mueve es pornográfico”

Jean-Luc Godard

 

Producir textos eróticos, escribir sobre algo tan intenso y tan humano, parece ser que condena a aquellos autores, que a tal tarea se lanzan, a una especie de segundo plano, a sumergir en un mundo obscuro, donde son tildados de productores de sub-literatura o simplemente pornografía. Muchos críticos creen que producciones con alto contenido erótico no agregan nada a la Literatura y que de alguna manera ofuscan un poco la percepción. Para ellos, son libros sin gran contenido literario que, apoyados en su carga erótica, agradan al público y llaman la atención de las fuerzas conservadoras, alimentando, todavía más su fama cuando son censurados o prohibidos.

Varios autores concuerdan en que existe una línea indeleble, casi imperceptible o tal vez inexistente, entre lo erótico y lo pornográfico. ¿Quién es capaz de determinar los límites? ¿De afirmar, con autoridad y libre de prejuicios, lo que es pornografía y lo que es erotismo? Todo está en la mente de quien lee e interpreta.

Afirma categóricamente Octavio Paz, en su obra Un más allá erótico: Sade:

Todos los actos eróticos son desvaríos, desarreglos; ninguna ley, material o moral, los determina. Son accidentes, productos fortuitos de combinaciones naturales. Su diversidad misma delata que carecen de significación moral. No podemos condenar unos y aprobar otros mientras no sepamos cuál es su origen y a qué finalidades sirven. La moral, las morales, nada nos dicen sobre el origen real de nuestras pasiones (lo que no les impide legislar sobre ellas, atrevimiento que debería haber bastado para desacreditarlas).”

En la cuerda floja, equilibrándose para no caer en lo ridículo, en el ostracismo o en el abismo de la condenación pública, el autor que se atreve a producir relatos cargados de erotismo, sumergiéndose en ese mundo increíble, burbujeante que es la sensualidad humana, debe entender que podrá no ser reconocido y valorizado, a pesar de ser leído con deleite en la intimidad.

Alexandrian, en su Historia de la literatura erótica (1991) destaca:

La pornografía es la descripción pura y simple de los placeres carnales; el erotismo es la misma descripción revalorizada, en función de una idea del amor o de la vida social. Todo aquello que es erótico es necesariamente pornográfico por añadidura. Es mucho más importante distinguir entre lo erótico y lo  obsceno. En este caso se considera que erotismo es todo aquello que vuelve la carne deseable, la muestra en su esplendor o florecimiento, inspira una impresión de salud, de belleza, de juego placentero; mientras que la obscenidad devalúa la carne, que así se asocia con la suciedad, las imperfecciones, los chistes escatológicos, las palabras sucias.”

Escritores y poetas venciendo a la censura y superando la autocensura, se aventuraron por los caminos del erotismo, creando obras que en su momento fueron consideradas malditas, pero que vencieron al tiempo y permanecieron vigentes hasta nuestros días. Muchos vieron su obra condenada al ostracismo, enfrentaron el desprecio público y fueron presos por escribir y publicar sobre algo que todos, desde la remota prehistoria, practican y gozan.

Boccaccio, Apollinaire, Henry Miller, George Bataille, Vladimir Nabokov y Anaïs Nin, solamente para nombrar algunos, incursionaron, con diferente suerte, en el género erótico.  Hasta el brasileño Carlos Drummond de Andrade, considerado un tanto conservador, avanzó en ese campo minado, dejando su libro “Amor Natural” totalmente dedicado a la poesía erótica. Allí podemos encontrar versos que harían cualquier lector más retraído o conservador perturbarse y sonrojar: “Era la mañana de setiembre/ y/ ella me besaba el miembro” escribió Drummond. “Oh, tú, sublime puta encanecida/ que me niegas favores dispensados/ en otros tiempos, cuando nuestra vida/ eran vagina y falo entrelazados”, grabó en otros versos el poeta, avanzando en el peligroso territorio que separa, sin separar, lo erótico de lo pornográfico o simplemente bajo. No tuvo miedo de utilizar imágenes y términos que la mayoría de los lectores consideran agresivos u ordinarios, a pesar de que muestran escenas de algo que es practicado diariamente, con placer o por obligación, actos amorosos o no, que tantos versos y prosa inspiraron y continúan inspirando.

Affonso Romano Sant’Anna, que firmó el prólogo del lbro “Amor Natural”, dice “ha llegado la hora de lo erótico (¿o pornográfico?) hacer parte natural de la obra de los poetas. No hay que avergonzarse. Al final, hace millares de años que amamos locamente de todas las formas, registradas o no, en el Kamasutra y en los murales de Pompeya”.

En ese sentido, en el de abordar con naturalidad un tema tan humano como cualquier otro, los novelistas y cuentistas osaron mucho más, a pesar de que algunos poetas, recordemos a Bocage, no tuvieron miedo de ser condenados públicamente y dejaron versos que sin dudas escandalizan hasta los días actuales.

Ha llegado el momento de considerar la literatura erótica como parte integrante de la Literatura y no un subgénero condenado a ser leído en la intimidad tibia y cargada de penumbras. La belleza y el valor de una obra no está solamente en aquello que se describe o se presenta, pero en cómo es descripto y cómo es presentado. El cuentista debe contar, el novelista, novelar y el poeta, versificar, sin autocensurarse, agarrando la vida con fuerza y colocando en el papel o en el mundo virtual aquello que mueve nuestros cuerpos, nuestras almas, nuestras cabezas. Solamente la hipocresía que abunda en la sociedad, en cualquier parte del mundo, no permite entender, ver, que existen cosas más obscenas que una narrativa erótica: la muerte, las enfermedades que nos afligen, la guerra, la violencia que vemos diariamente en la televisión o leemos en los diarios, son mucho más obscenas y prejudiciales para el ser humano que un cuento, una historia que revela secretos de alcoba que, hace muchos siglos, ya no son secretos para nadie.

Escribir sobre el amor y el encuentro de los cuerpos es, también, una manera legítima  de describir la intensidad de la vida humana. El lector debe juzgar  si es buena o mala literatura, no si es moral o inmoral.

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  • Personalmente me interesa muy poco la supuesta línea que separa la literatura erótica de la obscena, y las censuras. Lo que me gusta, me gusta; y lo que no me gusta, no me gusta. Y punto. No tengo ningún problema en leer supuestos textos obscenos, inmorales, perturbadores, perjudiciales, Etc. No necesito que nadie censure nada por mi. Yo tengo mi propia cabeza para decidir si me gusta o no. Y eso deberían hacer todos. Dejarnos vivir la mayoría de edad sin que otro decida por nosotros. Si no para que diablos uno es lector, sino es para culturizarse y poder decidir con su propia cabeza. Pero bueno...hay tanto hipócrita.
    Gracias, Mrs Hyde, por comentar. Gracias, Gilza por comentar y valorar. Un abrazo desde Brasil.
    Muy bueno. Comparto la visiòn del escrito. La literatura eròtica y una de las expresiones mas sinceras de nuestra humanidad. Saludos desde Panamà.
    Martín, la censura nunca es buena. Creo que todos tienen capacidad para elegir lo que quieren leer, ver, sentir. Me refiero a personas mayores de edad. Por otro lado, cada uno debe ser responsable por lo que escribe, produce, etc. Un abrazo.
    Excelente trabajo, me gustó lo que dices al final: el lector debe juzgar si es buena o mala literatura, no si es moral o inmoral. Saludos Querido Carlos Higgie ;)
    Muy interesante y muy completa tu reflexión-ensayo sobre la literatura erótica. Estoy de acuerdo en que la Literatura es Literatura independientemente del tema que se trate, no hay más que ver los escritores que mencionas, clásicos universalmente reconocidos. Eso sí, la clave está en no traspasar el límite entre lo erótico-sensual y lo pornográfico-obsceno, igual que en los relatos de terror conviene evitar el abuso de las sangre y las vísceras. En general, resumiendo, siempre es preferible insinuar, sugerir, antes que mostrar abiertamente; invitar al lector a que se imagine la escena antes que apabullarlo con detalles desagradables, cuando no repugnantes.
  • Un relato prohibido para menores de 18 años.

    Una historia del siglo pasado, en Porto Alegre - Brasil.

    Un amor juvenil venciendo obstáculos y al tiempo.

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Lectura, cine, deportes. Tengo algunos libros publicados en español, portugués e inglés, pero sigo aprendiendo todos los días. Descubriendo que cada vez sé menos.

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