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7 min
CÓMO APRENDER A VOLAR
Históricos |
09.02.14
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  • 1882
Sinopsis

Liberté, égalité, fraternité.

27 de Julio del 1830. Francia. Millones de burgueses se apoderan de las calles preparados para protestar y luchar a favor de sus derechos. El rey Carlos X ha prohibido el Parlamento y pretende suprimir la libertad de prensa; por lo tanto la burguesía ha decidido impedírselo, ha decidido actuar. No consentirán que su merecida libertad se les sea arrebatada. Antes, deberán detenerlos a todos.

 

Corría. Corría si pausa, sin dejar de atravesar calles, sin rumbo fijo. Corría sin detenerse a tomar aire, sin dejar que la madrugada lo atrapara, sin saber ni por qué ni cómo. Huía de aquel mundo, de la verdad, para poder ocultarse, para poder sentirse seguro, seguro y lejos de lo que lo rodeaba. La luna, oculta en un manto de diamantes que adornaban el firmamento, iluminaba el camino de piedra por el que sus pies se movían, unos pies descalzos y magullados. Sin embargo, él no sentía dolor. Su corazón estaba vacío, a pesar de escuchar sus latidos, latidos nerviosos y acelerados. Para él aquel órgano vital no era más que un engranaje para poder seguir soñando, para poder seguir moviendo sus pies con el fin de alejarse de todo lo que se encontraba a su alrededor, para poder lograr otra oportunidad, una nueva vida lejos de aquel cielo, lejos de aquella luna que lo atraía sin piedad. Quería desaparecer, no volver a sentirse como antes, esfumarse y que lo olvidaran. Pero, sabía que ellos no se rendían tan fácilmente. Ellos no olvidaban un rostro, ni un nombre. Ellos no le dejarían escapar. Lleno de rabia aceleró y se prometió a si mismo no dejar de correr ni mirar hacia atrás. Cuando el cielo se aclarara ellos comenzarían a buscarle. Y esta vez no descansarían hasta que volviera junto a ellos.

 

28 de Julio de 1830. Francia. La revolución continua en las calles, la burguesía reclama lo que es suyo. La guardia civil les apoya. El absolutismo debe morir extinguirse... Es un gran error y deben acabar con ello para siempre. No pueden dejar que sus voces se acallen, no pueden dejar al “ pueblo” mudo. Todos tienen derechos, todos deben ser libres. Y nadie, nadie podrá hundirles, nadie podrá matarles... Nadie podrá vencer si el premio es ser libres, libres de nuevo.

 

Cansado y soñoliento cayó de rodillas sobre la hierba. Unas diminutas piedras le arañaron el tobillo derecho; de la herida comenzó a manar un hilillo de sangre. Por fin tras muchos días se permitió derramar unas lágrimas, lágrimas que no sabían a nada. No sabía bien por que lloraba y quizás nunca lo sabría. Miró hacia el cielo. La luna y la oscuridad se alejaban y pronto sería de día. Con esfuerzo se alzó y comenzó a caminar, con paso firme y sin titubear. Ellos no debían de estar muy lejos, se habrían dado cuenta de su desaparición. No disponía de mucho tiempo si quería alejarse de todo aquello, debía darse prisa si quería volver a empezar. Cerró los ojos durante unos segundos. Al abrirlos una pequeña llama de esperanza se hospedo es su interior. No podía rendirse, se merecía empezar de nuevo, volver a nacer... No dejaría que le atraparan. No quería volver con ellos. Y ellos no podían obligarle en contra de su voluntad. Ya no.

 

29 de Julio de 1830. Francia. El rey Carlos X es reemplazado por Luis Felipe, conocido vulgarmente como el rey de las barricadas. Carlos X y su familia huyen de Paris, los acontecimientos obligan su exilio. Con la coronación de Luis Felipe I de Francia, se cierra el capitulo de “ Las tres gloriosas” los días 27, 28 y 29 de Julio en los que la burguesía lucho y logró recuperar su libertad perdida.

Se encontraba en los límites del bosque cuando ellos lo encontraron. No tuvo que girarse para saber que ellos ya le habían identificado. Todo su cuerpo comenzó a temblar, no sabía si presa de un pánico atroz o por el viento frió que mecía las copas de los árboles. Las piernas no le obedecían, estancadas como trozos de madera parecía que esperaran el fin. A pesar de querer correr, su cuerpo, estaba a merced de algo más fuerte e imponente, una fuerza que le impedía moverse ,incluso dejarle respirar. Se llevó una mano a la garganta mientras la atmósfera entorno a si mismo se encogía abrazándole y robándole el aire que necesitaba . Con mal disimulado terror trato de palpar el aire en busca de ayuda, en busca de una vía de escape. Cayó cuan largo era sobre la hierba y escuchó unos pasos acercándose, unos pasos que traían consigo la llegada de un aura tan maligna y tan llena de odio que él nunca llegaría a comprender . Con cada paso que ellos daban hasta su victima las flores se marchitaban y las hojas verdes ardían si razón. Con un enorme esfuerzo él intentó arrastrarse. Su cuerpo le pesaba como si miles de piedras estuvieran agrupadas en su estomago y le dolía como si miles de agujas hubieran penetrado en su piel y la hubieran rasgado por múltiples zonas. Con los ojos anegados en lágrimas de impotencia apretó los dientes. Se hizo daño en el labio inferior pero no sintió ningún dolor. Comenzó a mover todo el cuerpo, con rapidez ignorando la pesadez y los pinchazos que intentaban detener su huida. Poco a poco la falta de oxigeno iba en aumento. Casi podía sentir en la nuca sus respiraciones, unos alientos que trataban de atraparle en una red, una red de maldad, una red de pesadillas, una prisión a la que no quería volver. Como último intento se levantó del suelo. A punto estuvo de caer y volver a sentir la dureza del suelo. Entonces una mano le acarició el brazo. Él creyó que todo se acababa hay, que había perdido su oportunidad de volar, de volar lejos. Sin embargo cuando quiso darse cuenta una luz lo invadió, un destello que significaba el fin del bosque. Había conseguido escapar, lo había logrado. Ellos jamás podrían volver a enjaularle, no podrían derrocar al pueblo. Sonrió como no lo hacía en mucho tiempo y asomó una hilera de dientes perfectos. 180 años después de que la libertad guiara al pueblo podía volver a volar. Sin dejar de sonreír la libertad extendió las alas hacia el horizonte.

 

La libertad es un sentimiento que se experimenta al poder expresar ideas propias y no depender de nadie, de nadie que dirija nuestra vida como quiera. Por desgracia no todos los pueblos del mundo pueden sentirse libres, no todos tienen esa oportunidad. La libertad es un ave que debe volar sin ataduras en busca de nuevos amaneceres. Por lo tanto nadie debe entorpecer su camino, nadie debe arrebatarle ninguna de sus plumas. Todos anhelamos un poquito de este sentimiento, un trocito de un corazón que marca a todos los pueblos. La libertad es lo que nos hace vivir, lo que nos mueve, la razón por la que somos tan parecidos a nuestros antepasados. Ambos mundos queríamos y queremos ser libres. Y nadie podrá detener su vuelo, robarle sus alas. Por que la libertad somos todos nosotros.

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