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4 min
Cachitos de Felicidad
Humor |
04.09.18
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Sinopsis

Un personaje del que espero seguir contando sus cachitos de felicidad...

Hace un mes mi pediatra me confirmó lo que no quería escuchar. Tras valorar las radiografías de mi muñeca y carraspear para colocar la voz concluyó que a mis 14 años ya había crecido todo lo que tenía que crecer. Con un poco de suerte  podría sumar un par de centímetros, lo que acompañado de unas buenas alzas quizá me permitiría llegar al metro y medio de estatura.

Lástima, mis sueños de dejar de ser el más bajito de la  clase  se complicaban sobremanera. Todavía me quedaba  la esperanza de ser tocado por un rayo divino y convertirme en  superhéroe. Con superpoderes todo se sobrelleva mejor.

Mientras intentaba asimilar el golpe, la doctora pasó a  explicar la situación a mis padres. Utilizó para ello  un gráfico en el que aparecían una sucesión de siluetas de tamaño decreciente acompañadas de su percentil correspondiente. Su dedo índice  se desplazó lentamente de derecha a izquierda hasta fijarse encima del último hombrecito. Ese parecía ser yo. Por detrás de mi percentil, el diez, solo habitaba un perturbador vacío…

“Por suerte, dijo la doctora, el niño  está bien proporcionado, y tanto la longitud de todas sus  extremidades como el tamaño de la cabeza están dentro de los cánones clásicos de belleza, además no tiene fimosis”.

Estas palabras, a la espera de convertirme en superhéroe, me tranquilizaron bastante. No era cabezón por mucho que mi madre se empeñara en llamármelo cada vez que discutíamos. Menos mal, bajito y con aspecto de Pin y Pon era demasiado para un adolescente lleno de inseguridades. Lo de la fimosis ya lo buscaría en el diccionario, aunque creía tenía que ver o con los granos o con los huevos.

La verdad es que el veredicto de la pediatra ya lo veía venir. De siempre he sido el más pequeñito de todos: en la sala de neonatos, en la guarde, en primaria y también ahora en secundaria. En general este hecho me ha dado más problemas que alegrías. Mis compañeros  tienden a confundirme con “Buzz Lightyear“ y  les resulta especialmente divertido lanzarme por los aires para comprobar  cuánto aguanto en vuelo. Menos mal que en esos malos momentos ahí está Tinita Bolt  para ayudarme a levantarme.

Dicen de Tinita que  tiene los pechos mejor colocados de secundaria, y  que  son magnéticos, y que aunque uno lo intente no puede dejar de mirarlos. Debido a ello, y al resto de sus generosas formas, su cabeza pasa totalmente desapercibida. Creo soy el único que no está afectado por ese influjo y que la puede mirar a la cara sin dificultad. Por eso sé qué hace veintidós  meses  lleva  bracket, y que debajo de sus gafas hay unos ojos preciosos, y que quiere ser veterinaria, y que le encantan los hámster y llora cuando un gorrión se cae del nido.

A Tinita  siempre le ha gustado  hablar conmigo y me sonríe cuando nuestras miradas se cruzan. Incluso me ha acompañado a casa alguna vez. Creo que le gusta que la escuche. Por lo que cuando me eligió para el baile de fin de curso algo en mí ya se lo esperaba. Para mi fortuna  los sueños a veces se hacen realidad…

Qué guapa estaba. Subido al taburete la veía al otro lado de la pista de baile. Era un fruto prohibido, un ángel tocado por todas las bendiciones. “Fíjate en mí, fíjate en mí, fíjate en miii...”,  gritaba por dentro con la respiración contenida. Hasta que  “Lionel Richie, o quizá esos superpoderes que tanto ansiaba,  obraron  el milagro.

Nada más empezar a sonar “Endless Love”  nuestras miradas se encontraron  y vi cómo se acercaba…Se abría paso entre la  multitud como Moisés lo hizo en las aguas del Mar Rojo. Estaba en una nube. Solo ella y yo. Con ternura  me bajó del taburete y en volandas me arrastró al centro de la pista.  Allí en medio se hizo el silencio. Sus cálidos pechos abrazaban  mi cabeza por ambos lados, amortiguando todo sonido exterior..., Lionel sonaba tan distante. Los  brazos, sin saber dónde posicionarlos,  me colgaban inertes  fluctuando al compás que marcaba la música.  

Nuestros cuerpos encajaban como piezas de un puzle, que por separado no significan nada pero que  juntas cobran todo el sentido...Durante el tiempo que dura una canción, fui simplemente feliz...  :)

 

 

 

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