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9 min
"CAFÉ LA PIEDAD" (masterizado)
Amor |
24.06.21
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Sinopsis

Un guapo del 900, en el escenario del Río de la Plata. Un "ex" malevo atormentado por sus dudas existenciales, cuenta en el café una parte de la historia que lo desespera. Esperando que alguien invente de una buena vez el psicoanálisis, recurre a este método para sacar afuera lo que lo carcome.

“CAFÉ LA PIEDAD”

¿Para qué le voy a mentir, Galeaso? No lo invité a tomar este café para eso.

Uno viene escapando de esa escuela sin libros que machaca y machaca la cabeza. Es menester que se haga lo que otros dicen, porque es conveniente. Una especie de obediencia debida. Una dictadura que lo secuestra para todo lo que resta de vida y de la que algunos se enamoran.

Uno a veces, persigue otros cielos.

Es difícil vivir así, entre tanto atropello. Lo empujan hasta echarlo de casa con el asunto de los mandatos, de la escuela con los prejuicios, del trabajo con los estereotipos, lo alejan de la vida las circunstancias. Ni los pensamientos lo dejan a uno en paz con tanta idiotez organizada.

¿A usted le parece, Galeaso? Tropezar y tropezar hasta encajar, no es sano. Es el modo en que se van perdiendo o abollando las piezas, cuando se quiere uno acordar, ya no hay formas de rearmar el rompecabezas. Es terrible tener que lidiar con los sentimientos como si se consiguieran repuestos en los desarmaderos.

Uno no es juguete de nadie ¿estamos de acuerdo? haga una seña con la cabeza, aunque sea, ¡hombre!

Hablando de cabezas, mi primo Heriberto era de los que no dejaba títeres con mollera. Algunas de sus maravillosas máximas todavía rondan como merodeadoras furtivas y lo vistan a uno en los momentos de ocio.

Uno está en las antípodas.

A uno le gusta disfrutar de la mujer como ser humano integral, una compañera ideal.

Por ejemplo: “Isabel canta como los Dioses”: ¡esa es una afirmación que enaltece a una mujer! La vuelve majestuosa. “Sabe interpretar la canción”, ahi tiene, eso mucho más profundo aún.

Gabriela a la hora de filosofar, lo pasa a uno por encima veinte veces y vuelve como si nada, al lugar donde parió sus pensamientos. Uno la queda mirando atónito, con más dudas que certezas, perdido en esos acuosos ojos grises. ¿Qué importa si sabe o inventa? ¿Cuántas mentiras se han dicho en nombre de la verdad? 

Marián, en sus sueños, visita otros mundos. Sus manos hacen y deshacen con sapiencia. Crea con desparpajo, da la sensación que para ella todo es eterno deja vú. Hay tantos vericuetos para perderse en sus cuadros, tanto detalle, sus obras conquistan los sentidos.

Berta en cambio interroga. Busca seguridad en el otro. Ella sabe que sabe, pero le cede el protagonismo al macho, así le enseñaron sus tías. Luego, con timidez, una sonrisa apenas esbozada y su mejor cara de circunstancia, saca del monedero el listadito de demandas.

Raquel tiene el don supremo de saber incluir, diga lo que diga, uno está siempre involucrado. Sabe compartir y uno no está hablando de caramelos o tostadas con manteca. Cuando uno platica con ella, todo fluye. Es un ser de luz.

Porota, mientras cocina o ceba mate sabe escuchar. ¿Sabe lo valioso que es saber escuchar? Para completar el momento apoteótico, es muda, por lo que nunca va a decir una palabra fuera de lugar.

No lo mire a uno como si nunca hubiese conocido mujeres así Galeaso, queda feo.

¿A usted le parece arruinar esos momentos mágicos metiendo uno mano en algún escote o al descuido por debajo de la falda?

¿Existe en verdad la amistad entre el hombre y la mujer?

¿O solo es una utopía que dura hasta que uno se enamora del otro, o de otra u otro y ahí se cae en la cuenta que ya no habrá amistad posible?

¿O en realidad uno se enamora siempre de cómo es uno cuando está con el otro y tienen razón los agoreros que afirman que el amor es un acto solitario?

Uno no quiere aburrirlo, si tiene que ir vaya, Galeaso. Pero antes de pegar la media vuelta, atienda esta situación, como le venía diciendo, uno esquiva manotazos de derecha e izquierda, zigzagueando como gallina que no quiere terminar sus días en la olla. Porque, en definitiva, fanatizarse es eso. Más aún con esa filosofía de arcaicos argumentos y peores actos de fe. Sería pedirle un adelanto a la muerte, tal cual lo es dormir la siesta, por ejemplo.

Uno debe enterarse que siempre hay un puntapié inicial. Un día entre aburrido y distraído, como quien no quiere la cosa, de tanto ir a buscar quien sabe qué, sin saber dónde, uno encuentra abrazos, caricias, besos, despierta a los placeres del sexo, idealiza. Y se desconcierta.

Uno se hace tantas preguntas que no son propias, que se fueron rejuntando entre millones de almas a la deriva.

¿Hay amor sin sexo? ¿Hacer el amor, es sólo sexo? ¿El deseo es el motor del amor? ¿Quiere un jugo de naranjas exprimidas, Galeaso?

Uno se ve en la obligación de reflexionar sobre esa delicada palabra, sopesar la ecuación entre amar y ser amado, testear la capacidad de saber amar, de dejarse amar. Debatir sobre la inalterabilidad del amor, considerar lo dañino que resulta el hastío.

Hay quienes piensan que lo más hermoso, como en el fútbol, es la imprevisibilidad del resultado. En cambio, hay quienes apuestan su sueldo en favor de un cero a cero aburrido y sin riesgos en los arcos, disputado en cancha neutral. Todas las variables son válidas, si hasta muchos de los que juraron amor eterno, gustan de cambiar la ropa entre temporadas para sentirse vivos y renovados. Pobres ignorantes. ¡Que ingenuidad!

Uno debe dejar de lado los pruritos y cuestionarse, examinarse, desafiarse. Deje de amagar y pida esas dos medias lunas de manteca, Galeaso, que va a hacer zozobrar la historia.

Uno comete el atroz error de suponer, los Toltecas advirtieron que no se debería hacer, pero uno hace oídos sordos y supone. Sueña que, está viviendo la experiencia amorosa más alocada inmaculada e inédita que pudo haber vivido ser humano alguno. La vanidad colabora gustosa, ¿me sigue Galeaso o va a seguir refregando el dulce de leche por la medialuna?

Hasta que un día, sentado en la cama, se da cuenta que está solo en la pieza, siente que, al hablarle, se habla a sí mismo, las palabras rebotan burlonas en el piso.

Uno descubre que ella, sólo cree en ella y en las partes que ha ido rejuntando por el camino para sobrevivir a un mundo que la ha ninguneado. Ha cerrado filas a las apetencias que no tienen nada que ver con su esencia y vuelve a esa estructura de bicho de metal que, solamente abandona para amar. Allí, en ese instante tan suyo, que tantas veces le han profanado, es donde se convierte en la angelical ingeniería, el conjunto perfecto de engranajes que dan vida a la máquina amatoria que lo tritura y deja rendido a uno a sus pies. Cuando ella ama, uno siente la pérdida del peso específico, la piel se torna una frontera difusa e imperceptible. Sería un facilismo afirmar que el tiempo se detiene, al contrario, uno disfruta con fruición que, el reloj pierda su traje de tirano hereje y suplique recobrar el protagonismo con que atormenta tictaqueando con frenesí. Hasta tocar el éxtasis, momento preciso en que regresa otra vez al metal de su crisálida, al ostracismo de su mundo interior.

Y uno, a mendigar. Se nota que ella ha escuchado lo que uno no ha querido, pero al revés.

Cosas de tribus, uno piensa, no es para cualquiera amar las diferencias.

Decididamente, uno está seguro que las cosas sólo les suceden a los demás. Es como si el instinto de conservación se hiciera extensivo a todo lo que uno posee, llámese bienes, sentimientos, deseos, idiotez, absolutamente todo va a parar a la misma bolsa, para el que celebra su día, el veintiocho de diciembre.

La vida pasa y uno anda a las vueltas en esa rueca de querer y no poder, de necesitar y no contar, de amar y no saber a quién. Hilando preguntas. Consumiendo frases de autoayuda. Armando respuestas con experiencias ajenas, que es lo mismo que comprar un traje de oferta que espera en la vidriera, teniendo en el bolsillo el dinero para hacerse uno a medida. Guardando los dos mangos ahorrados, por si hacen falta en el ilusorio futuro que no le pertenece.

Uno sabe que en algún momento deberá aflojarle a la severidad con que se trata, perdonarse. Darse otra oportunidad. ¿Ud. cree que eso es acobardarse?

¿Ha pensado, se ha preguntado alguna vez en qué se transforma el amor?

¿Es esa sensación de tenerse por tenerse?

¿Qué necesidad hay de volverse desconocidos cuando la palabra juega a favor?

¿Porqué enterrar los sentimientos en la profundidad del invierno más triste?

¿Pero qué necesidad, hay de mojar las medialunas en el café? ¡Galeaso, hágame el favor!

¡Mozo, la cuenta!

Uno ha quedado encantado de conocerlo, Galeaso, cuídese mucho y no se manche la corbata.

Comenzó a lloviznar, a uno le encanta caminar bajo el agua, canturreando algún tango nostálgico.. Los hombres de verdad son los que mejor saben llorar.

 

“…Uno busca lleno de esperanzas

el camino que los sueños

prometieron a sus ansias.

Sabe que la lucha es cruel

y es mucha, pero lucha y se desangra

por la fe que lo empecina..."

(canta el fragmento del tango “Uno” de Enrique Discépolo/Mariano Mores)

 

 

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  • uno va arrastrándose entre espinas......
    Una reflexión para leer varias veces...muy buena. Sobre el amor, pero es cierto ...no h<y repuestos para los sentimientos en los desarmaderos. Saludos
    Siempre es un placer leerte estimado Roluma; peo hay veces que da más que gusto... Y si esas letras van con café, en medio del bullicio del lugar donde transcurre el relato, mejor... Muy bueno.
    Siempre es un placer leerte estimado Roluma; peo hay veces que da más que gusto... Y si esas letras van con café, en medio del bullicio del lugar donde transcurre el relato, mejor... Muy bueno.
    Siempre es un placer leerte estimado Roluma; peo hay veces que da más que gusto... Y si esas letras van con café, en medio del bullicio del lugar donde transcurre el relato, mejor... Muy bueno.
    Siempre es un placer leerte estimado Roluma; peo hay veces que da más que gusto... Y si esas letras van con café, en medio del bullicio del lugar donde transcurre el relato, mejor... Muy bueno.
    Siempre es un placer leerte estimado Roluma; peo hay veces que da más que gusto... Y si esas letras van con café, en medio del bullicio del lugar donde transcurre el relato, mejor... Muy bueno.
    Uno puede sentir atracción erótica con alguien muy direente a él, pero éso no es amor, sino deseo. Claro que en el amor lo sexual tiene mucha importancia. Para mí lo idóneo para enamorarse es poder compartir con la otra persona unas afinidades animadas por lo erótico, ya que lo que se desea es ser coprendido en nuestra manera de ser y tener compañía. Pero la vida es muy caótica y la gente que no se conoce a sí misma se pierde en relaciones falsas. Muy buena reflexión, chico.
    Excelente Roluma, con tango y todo! ¡¿ qué es lo que hacemos en un café, aparte de tomarnos el apetitoso líquido? Conversar, platicar y entre éstas, reflexionar y hasta filosofamos de la vida o de la muerte, del hombre o de la mujer...." Uno busca a alguien que le ayude a dar luz a sus pensamientos, otro, a alguien a quien poder ayudar :así es cómo surge una buena conversación" ( Friedrich W. Nietzsche.) Saludos estimado Águila...
  • Jirones de la vida diaria.

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    Curso acelerado sobre amor

    Serie historias de vida.

    Un guapo del 900, en el escenario del Río de la Plata. Un "ex" malevo atormentado por sus dudas existenciales, cuenta en el café una parte de la historia que lo desespera. Esperando que alguien invente de una buena vez el psicoanálisis, recurre a este método para sacar afuera lo que lo carcome.

    Feliz día del escritor (al menos en Argentina) Un reconocimiento a todos quienes hallan placer al momento de sentarse a escribir, A quienes además de escribir, tienen la generosidad de difundir el trabajo de colegas de toda América. A quienes son capaces de hablar y denunciar todos los temas, tal cual el caso y por eso debe ser la rima, de la querible Ana Pirela. Un saludo Walter Rotela con tu página en blanco y gracias por tu labor incansable, al mostrar un camino para tanta gente que comienza o necesita un faro. https://open.spotify.com/show/7KZBOLYsqghkHueEvKUQ4t...

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Soy águila. De las que vuelan alto. De las que ven sin proponérselo. Tengo maestros de los que no acepto palabras. Tengo lapices que dicen lo que siento. Cuando vuelo mi vuelo, cuando respiro mi cielo.

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